viernes, 6 de abril de 2012

Miércoles de la Semana Santa




LECTURA
Is 50, 4-9
Lectura del libro de Isaías.

      El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí! Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?

Palabra de Dios.

Comentario

      ¿Quién saldrá en defensa del servidor de Dios? Los enemigos se han confabulado contra él, y despliegan violencia e injusticia. El servidor sabe que su única defensa está en Dios. Dios lo asistirá.

SALMO
Sal 68, 8-10. 21-22. 31. 33-34

¡Señor, Dios mío, por tu gran amor, respóndeme!

Por ti he soportado afrentas 
y la vergüenza cubrió mi rostro; 
me convertí en un extraño para mis hermanos, 
fui un extranjero para los hijos de mi madre: 
porque el celo de tu Casa me devora, 
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.

La vergüenza me destroza el corazón, 
y no tengo remedio. 
Espero compasión y no la encuentro, 
en vano busco un consuelo: 
pusieron veneno en mi comida, 
y cuando tuve sed me dieron vinagre. 

Así alabaré con cantos el nombre de Dios, 
y proclamaré su grandeza dando gracias; 
que lo vean los humildes y se alegren, 
que vivan los que buscan al Señor: 
porque el Señor escucha a los pobres 
y no desprecia a sus cautivos. 

EVANGELIO
Mt 26, 14-25

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

      Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?" y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?". Él respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'". Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará". Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?". Él respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!". Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.

Palabra del Señor.

Comentario

      La muerte de Jesús ocurrirá en el contexto de la celebración de la Pascua judía. Este pasaje nos habla de los panes ácimos, el cordero, la cena y la casa. La Pascua judía (Pesaj) es una comida alegre y familiar, un ritual de comunión. En ese contexto de fiesta y en ese clima de unión, Judas se movió traicionando a Jesús. También en esto Jesús fue solidario con los pesares humanos: conoció el sinsabor de la traición.

Fuente: San Pablo

jueves, 5 de abril de 2012

Martes de la Semana Santa



LECTURA
Is 49, 1-6

Lectura del libro de Isaías.

      ¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. Él hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. Él me dijo: "Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré". Pero yo dije: "En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza". Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el vientre materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. Él dice: "Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra".

Palabra de Dios.

Comentario

      Dios ha confiado su palabra al servidor. Esa palabra que será como "espada afilada", para penetrar y discernir. Muchos no quisieron escuchar esa palabra, y por eso buscaron la forma de eliminar al servidor. Pero Dios lo asistió, e hizo de él, luz para todos los pueblos.

SALMO
Sal 70, 1-6. 15. 17

Mi boca anunciará tu salvación, Señor.

Yo me refugio en ti, Señor, 
¡que nunca tenga que avergonzarme! 
Por tu justicia, líbrame y rescátame, 
inclina tu oído hacia mí, y sálvame. 

Sé para mí una roca protectora, 
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda, 
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza. 
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! 

Porque tú, Señor, eres mi esperanza 
y mi seguridad desde mi juventud. 
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; 
desde el vientre materno fuiste mi protector. 

Mi boca anunciará incesantemente 
tus actos de justicia y salvación, 
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos. 
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, 
y hasta hoy he narrado tus maravillas. 


EVANGELIO
Jn 13, 21-33. 36-38

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

      Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará". Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos el discípulo al que Jesús amaba estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere". Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?". Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer". Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.  Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.  Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'". Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿a dónde vas?". Jesús le respondió: "Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás". Pedro le preguntó: "¿Señor, por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".

Palabra del Señor.

Comentario

      Tanto Simón Pedro, como Judas, como el discípulo amado, pertenecían al círculo más íntimo de Jesús. Y cada uno de ellos respondió a esta intimidad y a esta confianza de modo diverso. El discípulo amado actuó con libertad, franqueza y cercanía. Simón Pedro primero no se animó a preguntar y después habló de más. Y Judas, sin decir palabra, lo traicionó. Estos textos nos llevan a reflexionar sobre nuestro modo de ser discípulos, particularmente en los momentos que requieren mayor compromiso.


Fuente: San Pablo

lunes, 2 de abril de 2012

Los 5 minutos de la Madre Teresa


      Cuando meditamos la pasión de Nuestro Señor, debemos examinar nuestra conciencia para ver cuáles son esos pecados que más le duelen a Jesús. Así podremos repararlos y compartirlos redoblando nuestra penitencia.
   Guardaremos una estricta custodia de nuestros ojos. Tendremos pensamientos limpios en nuestras mentes. Observaremos un gran silencio en nuestros corazones. En ese silencio escucharemos sus palabras de consuelo y, al mismo tiempo, nos sentiremos capaces de consolar a Jesús escondido en los pobres.

Lunes de la Semana Santa




LECTURA
Is 42, 1-7

Lectura del libro de Isaías.

      Así habla el Señor: "Éste es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Él no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley. Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella. Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 26, 1-3. 13-14

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Cuando se alzaron contra mí
los malvados para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
 los que tropezaron y cayeron. 

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza. 

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor,
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. 

EVANGELIO
Jn 12, 1-11

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

     Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?". Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre". Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

Palabra del Señor.

Reflexión:

      Jesús, en sus últimos días antes de su Pasión, en casa de sus amigos, recibe la unción de María, quien expresa con delicadeza y humildad todo su amor y gratitud hacia Jesús, anticipando con este gesto el de aquellas piadosas mujeres que, luego de su muerte, se acercaron hasta el sepulcro para ungir su cuerpo con perfume.
      Expresemos en esta semana tan especial nuestro amor a Jesús, pues Él no se reservó ni un sufrimiento, ni una gota de su sangre para reconciliarnos con su Padre. Que la oración sea más agradecida y profunda, de modo que le entreguemos todo nuestro corazón y nuestro ser como reparación por tanta ingratitud que Jesús recibe día a día, por nuestros pecados y por la indiferencia de aquellos que no lo aman ni lo reconocen como Hijo de Dios y su Salvador.

Fuente: San Pablo