lunes, 24 de diciembre de 2012

Domingo 4° de Adviento Ciclo C 23-12-12


La fe de María nos ayuda a creer
      Isabel y María eran parientes, pero Isabel no la llama por su nombre, sino: "...la madre de mi Señor". "Mi Señor", frase que aparece otras veces, indica al Jesús resucitado. Ella, aquí es la primera creyente en María y, a través de ella, siente que Jesús viene a su encuentro como "el Mesías". María iba a ayudar a Isabel, pero Lucas pone sobre los labios de ésta una confesión de fe: el Hijo de María es el Mesías y su Dios. Esta fe es don del Espíritu. San Pablo dice: "Nadie puede decir: ‘Jesús es el Señor’, sino en el Espíritu Santo (1Cor 12, 3). Lucas nos presenta a Isabel como el creyente que, movido por el Espíritu Santo, reconoce a Cristo como Dios "su Señor", y lo adora como Hijo de María. Isabel interpreta el movimiento del niño en su seno como la revelación de una nueva presencia de Dios, ahora no en los cielos, sino escondido en el seno de María. Es la fe en la Encarnación, pero también en la resurrección y ascensión al cielo. La ayuda de María a Isabel fue material, pero al mismo tiempo fue espiritual: la ayudó a creer en su Hijo, sin verlo. Fue la Madre que la introdujo en la fe. Es la función normal de María que viene al encuentro de sus hijos que le tienen mucha devoción y la necesitan. María nos lleva a sentir la presencia de Jesús en nuestras vidas. Pero Isabel fue, al mismo tiempo, la voz de Dios que le revelaba a María que su fe en las palabras del ángel había realizado lo que le había sido anunciado: ahora estaba embarazada, sin conocer varón. A María le faltaban otras cosas por conocer, y se las revelaron personas muy simples: Isabel, Simeón, los pastores y como humilde servidora, aceptó que todos ellos fueran la voz de Dios que le revelaba su misión.
P. Aldo Ranieri
PRIMERA LECTURA
Miq 5, 1-4ª

Lectura de la profecía de Miqueas.

      Así habla el Señor: "Tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti, me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial. Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas. Él se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque él será grande hasta los confines de la tierra. ¡Y él mismo será la paz!".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 79, 2ac. 3b. 15-16. 18-19

Restáuranos, Señor del universo.

Escucha, Pastor de Israel, 
tú que tienes el trono sobre los querubines, 
resplandece, reafirma tu poder 
y ven a salvarnos. 

Vuélvete, Señor de los ejércitos, 
observa desde el cielo y mira: 
ven a visitar tu vid, 
la cepa que plantó tu mano, 
el retoño que tú hiciste vigoroso. 

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, 
al hombre que tú fortaleciste, 
y nunca nos apartaremos de ti: 
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. 

SEGUNDA LECTURA
Heb 10, 5-10

Lectura de la carta a los Hebreos.

      Hermanos: Cristo, al entrar en el mundo, dijo: "Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Dios, aquí estoy, yo vengo ?como está escrito de mí en el libro de la Ley? para hacer tu voluntad". Él comienza diciendo: "Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley". Y luego añade: "Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad". Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 1, 39-45

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

      María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

Palabra del Señor.

El Ángelus del Papa Benedicto XVI para el domingo 23-12-2012

      En este IV domingo de Adviento, que precede por poco a la Navidad del Señor, el Evangelio narra la visita de María a la pariente Isabel. Este episodio no representa solamente un gesto de cortesía, sino que describe con gran sencillez el encuentro del Antiguo con el Nuevo Testamento. Las dos mujeres, las dos embarazadas, encarnan en efecto la espera y el Esperado.

      La anciana Isabel simboliza a Israel que espera al Mesías, mientras la joven María lleva consigo el cumplimiento de tal espera, para bien de toda la humanidad. En las dos mujeres se encuentran y reconocen antes que nada los frutos de sus vientres, Juan y Cristo. Comenta el poeta cristiano Prudencio: “El niño contenido en vientre senil saluda, a través de la boca de su madre, al Señor hijo de la Virgen” (Apotheosis, 590: PL 59, 970). La Exultación de Juan en el vientre de Isabel es el signo del cumplimiento de la espera: Dios esta apunto de visitar a su pueblo. En la Anunciación el arcángel Gabriel le había hablado a María del embarazo de Isabel (cfr Lc 1,36) como prueba de la potencia de Dios: la esterilidad, a pesar de la edad avanzada, se había transformado en fertilidad.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Consolad

Consolad a mi Pueblo dice el Señor, 
hablad al corazón del hombre. 
Gritad que mi amor
ha vencido, preparad el camino
que viene tu Redentor.
  
YO TE HE ELEGIDO PARA AMAR, 
TE DOY MI FUERZA
Y LUZ PARA GUIAR. 
YO SOY CONSUELO EN TU MIRAR.
¡GLORIA DIOS!

Consolad a mi pueblo, 
dice el Señor, 
sacad de la ceguera a mi pueblo.
Yo he sellado contigo Alianza perpétua. 
Yo soy el único Dios.

Consolad a mi pueblo, 
dice el Señor, 
mostradles el camino de libertad. 
Yo os daré fuertes alas, 
transformaré tus pisadas
en sendas de eternidad.



Puedes escuchar este canto aquí:





lunes, 17 de diciembre de 2012

Domingo 3° de Adviento Ciclo C 16-12-12


¡El Señor está cerca, preparémonos!
      La idea que Juan el Bautista tenía del desierto no estaba muy equivocada; para él no era ciertamente el lugar del desposorio de Israel con su Dios, sino tierra de escorpiones y serpientes. No era, en efecto, Juan un místico ajeno al ajetreo del mundo, porque cuando se le acer caron la clase de gente que enumera el evangelio de hoy, sabía muy bien con quienes tenía que ver. Pero eso sí, Juan tenía fe de que el ser humano podía ser mejor: alguien, con el poder del Espíritu y del fuego purificador, estaba por venir. Hay diferencias entre los que se le acercan. Al primer grupo, "la gente", las personas del quehacer cotidiano de la casa, el trabajo, la familia y los hijos, los anima a que sean solidarias con las necesidades básicas de sus vecinos: el vestido y el alimento. Con los otros dos grupos, "publicanos y soldados", la cosa cambia. Los publicanos eran ladrones de guantes blancos.   Adelantaban, de su propio capital, la suma de los impuestos anuales que los súbditos debían al emperador de Roma, y después, al amparo de los soldados del procura dor romano, recuperaban lo que habían adelantado sobre los artesanos y campesinos, pero con creces. Zaqueo, cuando se convirtió, dijo que iba a devolver cuatro veces tanto (Lc 19, 8). Los soldados eran mercenarios del emperador, provenían de diferentes regiones extranjeras y eran gente desarraigada, sin hogar ni familia. Aprovechando el amparo del imperio, la violencia era su costumbre y el dinero su meta. Dentro de su miseria humana, Juan los comprende, no los rechaza, pero los invita a convertirse. Esa misma invitación llega hoy a las puertas de nuestro corazón. Practicar la justicia y la verdad porque el Señor está cerca.
P. Aldo Ranieri
PRIMERA LECTURA
Sof 3, 14-18ª

Lectura de la profecía de Sofonías.

      ¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal. Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta.

Palabra de Dios.

SALMO
[Sal] Is 12, 2-6

¡Aclamemos al Señor con alegría!

Éste es el Dios de mi salvación: 
yo tengo confianza y no temo, 
porque el Señor es mi fuerza y mi protección; 
él fue mi salvación. 

Ustedes sacarán agua con alegría 
de las fuentes de la salvación. 
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
 anuncien entre los pueblos sus proezas, 
proclamen qué sublime es su Nombre. 

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: 
¡que sea conocido en toda la tierra! 
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, 
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! 


SEGUNDA LECTURA
Flp 4, 4-7

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

      Hermanos: Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada y, en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 3, 2b-3. 10-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

      Dios dirigió su palabra a Juan Bautista, el hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Éste comenzó a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente le preguntaba: "¿Qué debemos hacer entonces?". Él les respondía: "El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto". Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?". Él les respondió: "No exijan más de lo estipulado". A su vez, unos soldados le preguntaron: "Y nosotros, ¿qué debemos hacer?". Juan les respondió: "No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo". Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible". Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

Palabra del Señor.


 Alocución de Benedicto XVI para el Ángelus del domingo 3 Adviento (16-12-2012)

       El Evangelio de este tercer Domingo de Adviento presenta nuevamente la figura de Juan el Bautista, y lo representa mientras habla a la gente que se dirige hacia él en el río Jordán para hacerse bautizar. Dado que Juan, con palabras penetrantes, exhorta a todos a prepararse a la venida del Mesías, algunos se preguntan: “¿Qué debemos hacer?” (Lc 3, 10.12.14). Estos diálogos son muy interesantes y se revelan de gran actualidad.
      La primera respuesta está dirigida a la muchedumbre en general. El Bautista dice: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo” (v. 11). Aquí podemos ver un criterio de justicia, animado por la caridad. La justicia pide que se supere el desequilibrio entre quien tiene lo superfluo y a quien le falta lo necesario; la caridad impulsa a estar atento al otro y a salir al encuentro de su necesidad, en lugar de encontrar justificaciones para defender los propios intereses. Justicia y caridad no se oponen, sino que ambas son necesarias y se completan recíprocamente. “El amor siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa”, porque “siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo” (Encíclica Deus caritas est, 28).

jueves, 13 de diciembre de 2012

Domingo 2° de Adviento Ciclo C 9-12-12


PRIMERA LECTURA
Bar 5, 1-9

Lectura del libro de Baruc.

       Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios, cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu resplandor a todo lo que existe bajo el cielo. Porque recibirás de Dios para siempre este nombre: "Paz en la justicia" y "Gloria en la piedad". Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y dirige tu mirada hacia el Oriente: mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos. Ellos salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos gloriosamente como en un trono real. Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares, y que se rellenen los valles hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios. También los bosques y todas las plantas aromáticas darán sombra a Israel por orden de Dios, porque Dios conducirá a Israel en la alegría, a la luz de su gloria, acompañándolo con su misericordia y su justicia.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 125, 1-6

¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros! O bien: El Señor hizo maravillas. ¡Aleluya!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones. 

Hasta los mismos paganos decían:
"¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!".
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! 

¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones.

El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas. 

SEGUNDA LECTURA
Flp 1, 4-11

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

       Hermanos: Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes, pensando en la colaboración que prestaron a la difusión del Evangelio, desde el comienzo hasta ahora. Estoy firmemente convencido de que Aquél que comenzó en ustedes la buena obra la irá completando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que tenga estos sentimientos hacia todos ustedes, porque los llevo en mi corazón, ya que ustedes, sea cuando estoy prisionero, sea cuando trabajo en la defensa y en la confirmación del Evangelio, participan de la gracia que he recibido. Dios es testigo de que los quiero tiernamente a todos en el corazón de Cristo Jesús. Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el Día de Cristo, llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 3, 1-6

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

       El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Éste comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: "Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios".

Palabra del Señor.


Alocución del Papa Benedicto XVI para el Ángelus del domingo 9 diciembre 2012

      En el Tiempo de Adviento la liturgia pone en relieve, de manera particular, dos figuras que preparan la venida del Mesías: la Virgen María y Juan Bautista. Hoy san Lucas nos presenta a este ultimo, y lo hace con características diversas de los otros Evangelistas. «Todos los cuatro Evangelios colocan al inicio de la actividad de Jesús la figura de Juan Bautista y lo presentan como su precursor. San Lucas ha llevado hacia atrás la conexión entre las dos figuras y sus respectivas misiones … Ya en la concepción y en el nacimiento, Jesús y Juan son colocados en relación entre ellos» (La infancia de Jesús, 23).
      Esta impostación ayuda a comprender que Juan, en cuanto hijo de Zacarías e Isabel, ambos de familias sacerdotales, no solo es el ultimo de los profetas, sino que representa también al entero sacerdocio de la Antigua Alianza y por lo tanto prepara a los hombres al culto espiritual de la Nueva Alianza, inaugurado por Jesús (cfr ibid. 27-28). Lucas además deshace toda lectura mítica que a menudo se hace de los Evangelios y coloca históricamente la vida del Bautista: «En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, mientras Poncio Pilato era gobernador … bajo los sumos sacerdotes Ana y Caifás» (Lc 3,1-2). Al interior de este cuadro histórico se coloca el verdadero gran acontecimiento, el nacimiento de Cristo, que los contemporáneos ni siquiera notarán. Para Dios los grandes de la historia ¡hacen de marco a los pequeños!