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miércoles, 27 de febrero de 2013

Aumenta nuestra fe

Por Mauricio I. Pérez

"Es importante en el Año de la Fe, pedir al Señor como hicieron los Apóstoles, que aumente nuestra fe."




Fuente: http://semillas.podomatic.com/

miércoles, 10 de octubre de 2012

Credo Niceno-constantinopolitano

Oración para el Año de la Fe


Creo en un solo Dios; Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.



Preparándonos para comenzar el Año de la Fe

      

      Tal vez aún ahora, en alguna comunidad, se continue rezando el Credo Niceno-constantinopolitano. Recuerdo que, cuando era chica y me preparaba para realizar mi Primera Comunión, en mi parroquia lo rezábamos.
      Cuando algunas veces, hojeando el Catecismo, me lo encuentro, lo leo y lo rezo y no dejo de maravillarme al hacerlo. Allí está contenido el resumen de nuestra fe y me parece una muy buena propuesta que se nos sugiera su oración diaria durante este Año de la Fe. 
      Adentrémonos con atención en esta oración y, mediante ella, reavivemos y afirmemos nuestra fe, pues toda oración es expresión de aquello en que creemos y, a la vez, es un diálogo de amor con Dios Padre, a quien nombramos en primera instancia en el Credo.
      El cristiano que no hace de su fe su centro y no alimenta esa fe, corre el riesgo de comenzar a perderla de a poco, casi imperceptiblemente hasta que el corazón comienza a perderse en la indiferencia hacia nuestro Señor y en la falta de fe.

      Su Santidad Benedicto XVI dió a conocer los dos acontecimientos por los cuales celebramos, junto a toda la cristiandad, este Año de la Fe: el 50° aniversario del inicio del Concilio Vaticano II, convocado en su momento por el Papa Juan XXIII (11-10-1962)  y el 20° aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, realizado por Su Santidad Juan Pablo II (11-10-1992). Tanto en lo realizado por Juan XXIII como en lo hecho por Juan Pablo II pueden hallarse características comunes expresadas en estos acontecimientos que marcaron un momento importante dentro de la historia de la Iglesia, pues con ello se proponían:
  • Promover el desarrollo de la fe católica.
  • Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles.
      Ahora somos convocados nuevamente a dar respuesta en este Año de la Fe que se iniciará mañana. 

      En la sección Creemos de la web del Año de la Fe podrán encontrar el Comunicado sobre la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe con indicaciones para el Año de la Fe. También pueden acceder a estos apartados: Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio del catecismo, Concilio Ecuménico Vatacano II, Apóstoles, Padres de la Iglesia, Teólogos del Medioevo, Mujeres de la Fe y Oración Cristiana.

martes, 9 de octubre de 2012

Vaticano a católicos: Acoger Año de la Fe cargados de optimismo

VATICANO, 09 Oct. 12 / 02:49 pm (ACI/EWTN Noticias).- Esta mañana, al presentar la ceremonia de apertura del "Año de la Fe" que presidirá el próximo11 de octubre Papa Benedicto XVI desde el Vaticano, el Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización del Vaticano, Mons. Rino Fisichella, animó a todos a acoger este evento con optimismo y haciendo de la fe "la esencia de la vida".
El Año de la Fe comenzará este jueves y culminará el 24 de noviembre del próximo año. A través de la Carta Apostólica Porta Fidei, el Santo Padre dedicó este periodo a la Nueva Evangelización, y a la conmemoración del 50 aniversario del Concilio Ecuménico Vaticano II, y los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.
En entrevista con a ACI Prensa, Mons. Fisichella explicó que la urgencia de la Nueva Evangelización responde a una "crisis de fe que se puede mirar en todo el mundo y en toda la Iglesia, tanto en América Latina como en América del Norte, y en Europa. Pero ante todo, en este Año de la Fe, tenemos que mirar al futuro de manera más positiva, y ver la capacidad de la Iglesia de renovarse a sí misma".
El Año de la Fe, debe ser "una positiva provocación a todos los creyentes para que hagan de la fe la esencia de su vida, y sean capaces de mirar al futuro con un proyecto de vida más significativo, es decir, responder a las preguntas más importantes que cada hombre tiene en su corazón, y ver el sentido de la vida. Sin la fe no hay respuestas", dijo.

lunes, 8 de octubre de 2012

Porta Fidei. Carta Apostólica de S.S.Benedicto XVI con la que se convoca el Año de la Fe.


CARTA APOSTÓLICA
EN FORMA DE MOTU PROPRIO
PORTA FIDEI
DEL SUMO PONTÍFICE
BENEDICTO XVI
CON LA QUE SE CONVOCA EL AÑO DE LA FE

      1. «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor.

      2. Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[1]. Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado[2]. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.

martes, 3 de enero de 2012

En el Año de la Fe, renovemos nuestro compromiso de seguir al Señor.


      Apenas comenzado el Año Nuevo consideramos aquello que dejamos atrás en este 2011 para hacer nuestra evaluación en distintos aspectos, en lo laboral, en lo personal y también en lo espiritual. Ninguna de estas cosas van por distintos caminos, ya que el vivir de forma coherente supone que todo esta relacionado en nuestra vida como cristianos, somos siempre los mismos al relacionarnos con los demás en los diversos ámbitos en los que nos desempeñamos a diario. Una vez terminado el año nos proponemos que aquello que nos quedó pendiente en el año que termina lo consideraremos para este 2012 que recién inicia. 

      Algo que escuché en la homilía en la misa del domingo 1° de enero, me hizo reflexionar un poco sobre esto: nos decía el padre Pablo que no podemos seguir haciendo y siendo en nuestra vida lo mismo que hicimos y fuimos en el 2011. Dios nos regala un nuevo año, el tiempo en sí es un regalo de Dios y nos lo da para que en nuestra marcha por esta vida dejemos atrás aquello que no nos deja levantar la vista e ir hacia Él.