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domingo, 3 de marzo de 2013

Mensaje de la Reina de la Paz 2-03-13



          “Queridos hijos, de nuevo os invito maternalmente: no endurezcáis el corazón. No cerréis los ojos ante las advertencias que por amor el Padre Celestial os envía. ¿Lo amáis sobre todas las cosas? ¿Os arrepentís de que a menudo olvidáis que el Padre Celestial, por su gran amor, ha enviado a su Hijo para redimiros con la cruz? ¿Os arrepentís de que todavía no aceptáis el mensaje? Hijos míos, no opongáis resistencia al amor de mi Hijo. No opongáis resistencia a la esperanza y a la paz. Con vuestra oración y vuestro ayuno, mi Hijo con su cruz disipará las tinieblas que quieren envolveros y someteros. Él os dará fuerza para una vida nueva. Al vivirla según mi Hijo, seréis bendición y esperanza para todos los pecadores que deambulan en las tinieblas del pecado. Hijos míos, ¡velad! Yo, como Madre, velo con vosotros. Especialmente oro y velo por aquellos que mi Hijo ha llamado a ser para vosotros portadores de luz y portadores de esperanza: por vuestros pastores. ¡Os doy las gracias!”

Comentario


          Es necesario –y se verá porqué- comenzar la reflexión de este mensaje tan importante con una retrospectiva de estos más de 31 años de presencia manifiesta de la Santísima Virgen entre nosotros caracterizados por, diríamos, un estilo definido. Ese estilo ha sido el de nunca acusar a nadie, nunca asustar tampoco, nunca hablar de calamidades ni inminentes ni futuras. No se encontrará entre todos los muchísimos mensajes ni siquiera uno de esos. Su tono ha sido siempre de confianza y de exhortación e invitación, se ha lamentado sí de nuestra falta de respuesta, y siempre con paciencia ha repetido lo esencial para nuestra salvación, comenzando por la oración, que es nuestra relación con Dios y que si falta nada es posible. Por cierto que quien rastree todos los mensajes tampoco encontrará nada que mínimamente pueda significar una desviación a la fe o a la moral cristiana. Ha dicho lo que la Iglesia conoce, pero que –justo es reconocerlo- en la gran mayoría de los casos ha dejado de decirlo. En varias ocasiones, Ella ha hablado también de la acción y del poder del Enemigo. Constantemente nos llama a las realidades trascendentes y a vivir y obrar para la eternidad. Nos trae la esperanza, nos llama a la fe y nos muestra el camino del amor. Ese mismo camino que le hace recorrer la distancia infinita desde su realidad de eternidad a la nuestra. Viene de este modo extraordinario en todo sentido (1) porque nos ama muchísimo más de lo que podamos nosotros imaginar.“Si supieran cómo los amo llorarían de alegría”, ha dicho. Su señal es el viento. Viene traída por el Espíritu. Viene a enseñarnos, a advertirnos, a llamarnos a obrar en la salvación junto a Ella. Viene la Santísima Madre a llevarnos a su Hijo, a rescatarnos y salvarnos. No hay dudas: su presencia nos ha abierto a los tiempos de la gran batalla entre Ella, la Mujer, y el Enemigo de Dios y de nosotros, Satanás, su enemigo.

          No es posible objetar nada de los mensajes que ha dado y sigue dando en Medjugorje. A la vista están los ingentes frutos de conversión y las gracias que se derraman. Están a la vista de quien quiera verlo. Cuando se intenta dar explicaciones a la gracia se frustran en el absurdo y no se explica nada. Como por ejemplo, decir que donde se reza pasan esas cosas. Pero, ¿Por qué no se responde que allí se reza como en ningún otro lado? ¿Y que eso es fruto de la gracia no de la simple voluntad? Fue la corriente de gracia la que generó el fenómeno Medjugorje y no al revés. En y por Medjugorje cada día hay nuevos milagros de conversión. Conversión de la vida a Dios es un milagro de orden moral. ¿Por qué no se responde que allí se confiesa como en ninguna otra parte, incluyendo otros santuarios marianos? Y no sólo confesiones en cuanto a cantidad sino también a calidad. Personas que después de toda una vida, 30, 40 años y hasta más, acuden penitentes con el alma dolorida a la reconciliación con Dios. Si eso es tan explicable, entonces que quienes los explican no pierdan tiempo e imiten a Medjugorje. Que se pongan a rezar y a esperar que haya verdaderas conversiones. Y esto dicho sin ironía. Porque por cierto que si se reza, si los sacerdotes dan el ejemplo de oración, si tienen sus iglesias abiertas, si pasan horas delante del Santísimo y del confesonario, grandes cosas ocurrirán. Eso es así y hay demostraciones de esta evidencia.