“La adoración eucarística tiene como
fin la persona divina de nuestro Señor Jesucristo presente en el Santísimo
Sacramento. Él está vivo, quiere que le hablemos, Él nos hablará. Y este
coloquio que se establece entre el alma y el Señor es la verdadera meditación
eucarística, es -precisamente- la adoración. Dichosa el alma que sabe encontrar
a Jesús en la Eucaristía y en la Eucaristía todas las cosas...”.
“Que la confianza, la simplicidad y
el amor los lleven a la adoración”.
“Comiencen sus adoraciones con un
acto de amor y abrirán sus almas deliciosamente a la acción divina”
“Vean la hora de adoración que han
escogido como una hora del paraíso: vayan como si fueran al cielo, al banquete
divino, y esta hora será deseada, saludada con felicidad. Retengan dulcemente
el deseo en su corazón. Digan: “Dentro de cuatro horas, dentro de dos horas,
dentro de una hora iré a la audiencia de gracia y de amor de Nuestro Señor. Él
me ha invitado, me espera, me desea”.
