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domingo, 25 de agosto de 2013

Domingo 16° del Tiempo Ordinario Ciclo C 21-07-13

Es divino ser diferentes 
             Jesús va a un pueblo para visitar a dos hermanas, al parecer amigas de familia, que lo reciben y lo tratan como a un huésped importante y apreciado. Las dos se dedican totalmente a él. Cada una a su manera. El Señor, contrariamente a su costumbre, llega solo y el evangelio nos relata el encuentro íntimo de los tres, sin milagros ni enseñanzas de por medio, con diálogos que manifiestan confianza y libertadfamiliar para expresarse hasta el reproche. Marta, quien hace las veces de dueña de casa, está muy atareada en agasajar al huésped. María está embelesada escuchándolo. El reproche entre las hermanas nos muestra el grado de cercanía que tienen con Jesús. No se habla de esa manera frente a un extraño. Jesús acepta la hospitalidad activa de Marta y la actitud de escucha de María. No le reprocha a Marta por las tareas que está haciendo, sino por su pretensión de que María también sea como ella. tampoco dice que lo que hace es malo o no es necesario. al contrario, podemos imaginar que la escena termina con la comida familiar y los sabrosos comentarios de los tres. El Señor las quiere a las dos, pero no iguales, sino diferentes, a cada una tal como es. Sucede en nuestros días que hay grupos que pretenden que todos los católicos o cristianos seamos iguales... otros que afirman tener la mejor espiritualidad y quieren imponerla, comunidades que aspiran a aplicar su modo de ver y pensar la vida cristiana... Que las celebraciones sean todas de un cierto modo... Que no se lean libros de ciertos autores y espiritualidades... Hay demasiados celos que no vienen de Dios. Con este evangelio aprendemos que el Señor no hace distinción de grupos, culturas, sexo, maneras de ver e inter- pretar las situaciones... Pero sí queda claro que lo que debe distinguir a los que quieren seguirlo es la escucha y práctica de su Palabra sin comparaciones con los hermanos.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Gn 18, 1-10ª

Lectura del libro del Génesis.

            El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo, diciendo: "Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor. Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol. Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!".              Ellos respondieron: "Está bien. Puedes hacer lo que dijiste". Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: "¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas". Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol. Ellos le preguntaron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?". "Ahí en la carpa", les respondió. Entonces uno de ellos le dijo: "Volveré a verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 14, 2-5

Señor, ¿quién entrará en tu Casa?

El que procede rectamente 
y practica la justicia; 
el que dice la verdad de corazón 
y no calumnia con su lengua. 

El que no hace mal a su prójimo 
ni agravia a su vecino, 
el que no estima a quien Dios reprueba 
y honra a los que temen al Señor. 

El que no se retracta de lo que juró 
aunque salga perjudicado. 
El que no presta su dinero a usura 
ni acepta soborno contra el inocente. 
El que procede así, nunca vacilará. 

SEGUNDA LECTURA
Col 1, 24-28

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

           Hermanos: Me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia. En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque, de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios, el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos. A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 10, 38-42

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

           Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada".

Palabra del Señor.


PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo 21 de julio de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

             También este domingo continúa la lectura del décimo capítulo del evangelista Lucas. El pasaje de hoy es el de Marta y María. ¿Quiénes son estas dos mujeres? Marta y María, hermanas de Lázaro, son parientes y fieles discípulas del Señor, que vivían en Betania. San Lucas las describe de este modo: María, a los pies de Jesús, «escuchaba su palabra», mientras que Marta estaba ocupada en muchos servicios (cf. Lc 10, 39-40). Ambas ofrecen acogida al Señor que está de paso, pero lo hacen de modo diverso. María se pone a los pies de Jesús, en escucha, Marta en cambio se deja absorber por las cosas que hay que preparar, y está tan ocupada que se dirige a Jesús diciendo:        «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano» (v. 40). Y Jesús le responde reprendiéndola con dulzura: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria» (v. 41).

martes, 6 de agosto de 2013

Domingo 15° del Tiempo Ordinario Ciclo C 14-07-13

De la ciudad de Dios a la de los hombres 

            Un hombre bajaba de la ciudad de Dios –Jerusalén, que estaba en lo alto– a la ciudad de los hombres –Jericó, una de las ciudades más bajas del planeta– 253 metros bajo el nivel del mar. Pero no sólo por eso, Jerusalén era el centro del judaísmo puro reconstituido después del exilio; y Jericó el de la mezcla del judaísmo con otros pueblos después de las invasiones y exilio a Asiria. Unos pretendían hijos de Abraham; y los otros también, pero querían adorar a Dios sobre el monte Garizim. El desprecio era mutuo y arraigado en siglos de historia de recíproco rencor. Se supone que quien bajaba era judío... La razón principal para ir a Jerusalén era religiosa. Y atravesaba la región enemiga de los samaritanos. La parábola no nos da detalles, pero muestra diferentes actitudes frente a un peregrino asaltado y abandonado, herido en el camino: Para los asaltantes, el viajero era alguien a quien se podía robar sin correr muchos riesgos. Para el fariseo, experto en la ley, el hombre herido era un tema para discutir y ver a quién correspondía hacer algo. Para el sacerdote y el levita, ese hombre era un problema que había que evitar para no meterse en conflictos religiosos y legales. Para el hotelero, el herido era un cliente a quien cobrar por la consumición y alguien tenía que pagar por los servicios prestados. Para el samaritano, el herido era un ser humano al que había que cuidar y amar. Cada uno de estos personajes se decía pertenecer a la ciudad de Dios o a la de los hombres. El Señor no hace esas distinciones. Nos mide por nuestro amor. En eso radica la diferencia y no en las creencias y pertenencias a una religión u otra.

P. Aderico Dolzani, ssp.

PRIMERA LECTURA
Deut 30, 9-14

             Moisés habló al pueblo, diciendo: El Señor, tu Dios, te dará abundante prosperidad en todas tus empresas, en el fruto de tus entrañas, en las crías de tu ganado y en los productos de tu suelo. Porque el Señor volverá a complacerse en tu prosperidad, como antes se había complacido en la prosperidad de tus padres. Todo esto te sucederá porque habrás escuchado la voz del Señor, tu Dios, y observado sus mandamientos y sus leyes, que están escritas en este libro de la Ley, después de haberte convertido al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que digas: "¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?". Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: "¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?". No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 68, 14. 17. 30-31. 36-37

Busquen al Señor, y vivirán.

Mi oración sube hasta ti, Señor, en el momento favorable: 
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor, 
sálvame, por tu fidelidad. 

Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor, 
por tu gran compasión vuélvete a mí; 
yo soy un pobre desdichado, Dios mío, que tu ayuda me proteja: 
así alabaré con cantos el nombre de Dios, 
y proclamaré su grandeza dando gracias. 

Porque el Señor salvará a Sión 
y volverá a edificar las ciudades de Judá: 
el linaje de sus servidores la tendrá como herencia, 
y los que aman su Nombre morarán en ella. 

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón.
La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; 
el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. 

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; 
los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. 

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; 
los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. 

Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; 
más dulces que la miel, más que el jugo del panal.

SEGUNDA LECTURA
Col 1, 15-20

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

         Cristo Jesús es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él. Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él. Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo, porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 10, 25-37

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

            Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?". Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?". Él le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo". "Has respondido exactamente, ?le dijo Jesús?; obra así y alcanzarás la vida". Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?". Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver". ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?". "El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".

Palabra del Señor.

Ángelus del Papa Francisco en Castelgandolfo (14-7-2013): El Buen Samaritano

              Hoy, nuestra cita dominical del Ángelus lo vivimos aquí en Castel Gandolfo. Saludo a los habitantes de esta bella ciudad! Quiero agradecerles sobre todo por sus oraciones y lo mismo lo hago con todos ustedes peregrinos que vinieron aquí numerosos.
           El Evangelio de hoy –estamos en el capítulo 10 de Lucas- es la famosa parábola del buen samaritano. ¿Quién era este hombre? Era uno cualquiera, que descendía de Jerusalén hacia Jericó por el camino que cruzaba el desierto de Judea. Hacía poco, por ese camino, un hombre había sido asaltado por los delincuentes, robado, pegado y abandonado casi muerto. Antes del samaritano pasan un sacerdote y un levita, es decir, dos personas responsables del culto en el Templo del Señor. Ven aquel pobrecito, pero pasan más allá sin detenerse. En cambio, el samaritano, cuando vio aquel hombre, «tuvo compasión» (Lc 10,33). Se acercó, le vendó las heridas, cubriéndolas con aceite y vino; luego lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y pagó por él. Es definitiva, se hizo cargo de él: es el ejemplo del amor por el prójimo.     Pero ¿Porqué Jesús elije un samaritano como protagonista de esta parábola? Porque los samaritanos eran despreciados por los Judíos, a causa de diversas tradiciones religiosas; y sin embargo Jesús hace ver que el corazón de aquel samaritano es bueno y generoso y que – a diferencia del sacerdote y del levita- él pone en práctica la voluntad de Dios , que quiere misericordia y no sacrificios (cfr Mc 12,33).

Domingo 14° del Tiempo ordinario Ciclo C 7-07-13

¿Qué nombres están escritos en el cielo? 
            En el capítulo 9 y en el comienzo del capítulo 10 de Lucas, el Señor hace tres envíos a misionar. Primero manda a los 12 a predicar y sanar sin su presencia. Después envía a los mensajeros para preparar su llegada a pueblos y aldeas. Y finalmente da la consigna a los 72 discípulos, de ir como “ovejas en medio de lobos” para dos tareas: preparar su venida y predicar. Los 72 entendían muy bien qué significaban esas palabras: estaban en el territorio enemigo de los samaritanos, muy hostil para los judíos por religión, cultura e idiosincrasia. Más incomprensible es la promesa y la tarea que les encomienda Jesús: la mies es mucha, la cosecha es abundante, pero lo que falta son obreros. Es decir, el territorio puede ser hostil, pero contrariamente a lo que ellos se imaginan, les aclara que hay mucha y muy buena cosecha, pero que ellos son muy pocos... Hay necesidad de más discípulos, no de más cosecha... Quien quiera ser discípulo del Señor, tiene que tener un corazón muy grande, que acepte a todos los que desean trabajar en la cosecha.

           Cuando ellos ven cuánto cosechan y hasta los milagros que suceden bajo sus ojos, parece que se marean un poco... Jesús los llama y les aclara que eso no tiene importancia: “No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”. ¿Podemos traducir este mensaje a nuestra actualidad? ¿Cuál es el territorio hostil para el evangelio? ¿Nuestra cultura es como la de los samaritanos, y transitamos por ella como los judíos? ¿Qué falta: vocaciones o cosecha? ¿Tenemos que cambiar nosotros o nuestra cultura? El Padre cosecha donde no imaginamos. Sólo nos pide que nos sintamos como grano de trigo ya cosechado y que él custodia en su granero del cielo, y no como dueños o administradores de la cosecha y de los obreros. Porque todo es de él, nosotros también.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Is 66, 10-14

Lectura del libro de Isaías.

          ¡Alégrense con Jerusalén y regocíjense a causa de ella, todos los que la aman! ¡Compartan su mismo gozo los que estaban de duelo por ella, para ser amamantados y saciarse en sus pechos consoladores, para gustar las delicias de sus senos gloriosos! Porque así habla el Señor: Yo haré correr hacia ella la prosperidad como un río, y la riqueza de las naciones como un torrente que se desborda. Sus niños de pecho serán llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas. Como un hombre es consolado por su madre, así yo los consolaré a ustedes, y ustedes serán consolados en Jerusalén. Al ver esto, se llenarán de gozo, y sus huesos florecerán como la hierba. La mano del Señor se manifestará a sus servidores, y a sus enemigos, su indignación.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20

¡Aclame al Señor toda la tierra!

¡Aclame al Señor toda la tierra! 
¡Canten la gloria de su Nombre! 
Tribútenle una alabanza gloriosa, 
digan al Señor: "¡Qué admirables son tus obras!". 

Toda la tierra se postra ante ti, 
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. 
Vengan a ver las obras del Señor, 
las cosas admirables que hizo por los hombres. 

Él convirtió el mar en tierra firme, 
a pie atravesaron el Río. 
Por eso, alegrémonos en él, 
que gobierna eternamente con su fuerza. 

Los que temen al Señor, vengan a escuchar, 
yo les contaré lo que hizo por mí. 
Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración 
ni apartó de mí su misericordia. 

SEGUNDA LECTURA
Gál 6, 14-18

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia.

           Hermanos: Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva criatura. Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios. Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús. Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 10, 1-12. 17-20

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

          El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!". Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes". Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: "¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca". Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad". Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". Él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".

Palabra del Señor.


HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana
Domingo 7 de julio de 2013
Queridos hermanos y hermanas:

             Ya ayer tuve la alegría de encontrarme con ustedes, y hoy nuestra fiesta es todavía mayor porque nos reunimos de nuevo para celebrar la Eucaristía, en el día del Señor. Ustedes son seminaristas, novicios y novicias, jóvenes en el camino vocacional, provenientes de todas las partes del mundo: ¡representan a la juventud de la Iglesia! Si la Iglesia es la Esposa de Cristo, en cierto sentido ustedes constituyen el momento del noviazgo, la primavera de la vocación, la estación del descubrimiento, de la prueba, de la formación. Y es una etapa muy bonita, en la que se ponen las bases para el futuro. ¡Gracias por haber venido!
Hoy la palabra de Dios nos habla de la misión. ¿De dónde nace la misión? La respuesta es sencilla: nace de una llamada que nos hace el Señor, y quien es llamado por Él lo es para ser enviado. ¿Cuál debe ser el estilo del enviado? ¿Cuáles son los puntos de referencia de la misión cristiana? Las lecturas que hemos escuchado nos sugieren tres: la alegría de la consolación, la cruz y la oración.

Domingo 13° del Tiempo Ordinario 30-06-13

PRIMERA LECTURA
1Rey 19, 16b. 19-21

Lectura del primer libro de los Reyes.

           El Señor dijo a Elías: "A Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti". Elías partió y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto. Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?". Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 15, 1-2a. 5. 7-11

Señor, tú eres la parte de mi herencia.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. 
Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien". 
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, 
¡Tú decides mi suerte! 

Bendeciré al Señor que me aconseja, 
¡hasta de noche me instruye mi conciencia! 
Tengo siempre presente al Señor: 
Él está a mi lado, nunca vacilaré. 

Por eso mi corazón se alegra, 
se regocijan mis entrañas 
y todo mi ser descansa seguro: 
porque no me entregarás a la muerte 
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. 

Me harás conocer el camino de la vida, 
saciándome de gozo en tu presencia, 
de felicidad eterna a tu derecha. 

SEGUNDA LECTURA
Gál 5, 1. 13-18

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia.

           Hermanos: Ésta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor. Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros. Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley.

Palabra de Dios.

Aleluya. Habla, Señor, porque tu servidor escucha; tú tienes palabras de Vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO
Lc 9, 51-62

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

          Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?". Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!". Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". Y dijo a otro: "Sígueme". Él respondió: "Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

Palabra del Señor.



PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo 30 de junio de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

         El Evangelio de este domingo (Lc 9, 51-62) muestra un paso muy importante en la vida de Cristo: el momento en el que —como escribe san Lucas— «Jesús tomó la firme decisión de caminar a Jerusalén» (9, 51). Jerusalén es la meta final, donde Jesús, en su última Pascua, debe morir y resucitar, y así llevar a cumplimiento su misión de salvación. Desde ese momento, después de esa «firme decisión», Jesús se dirige a la meta, y también a las personas que encuentra y que le piden seguirle les dice claramente cuáles son las condiciones: no tener una morada estable; saberse desprender de los afectos humanos; no ceder a la nostalgia del pasado.
Pero Jesús dice también a sus discípulos, encargados de precederle en el camino hacia Jerusalén para anunciar su paso, que no impongan nada: si no hallan disponibilidad para acogerle, que se prosiga, que se vaya adelante. Jesús no impone nunca, Jesús es humilde, Jesús invita. Si quieres, ven. La humildad de Jesús es así. Él invita siempre, no impone.

lunes, 5 de agosto de 2013

Domingo 12° del Tiempo Ordinario 23-06-13

LECTURA
Zac 12, 10-11; 13, 1

Lectura de la profecía de Zacarías.

           Así habla el Señor: Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos mirarán hacia mí. En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al primogénito. Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén, como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido. Aquel día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, a fin de lavar el pecado y la impureza.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 62, 2-6. 8-9

Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.

Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; 
mi alma tiene sed de ti, 
por ti suspira mi carne como tierra sedienta, 
reseca y sin agua. 

Sí, yo te contemplé en el Santuario 
para ver tu poder y tu gloria. 
Porque tu amor vale más que la vida, 
mis labios te alabarán. 

Así te bendeciré mientras viva 
y alzaré mis manos en tu Nombre. 
Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, 
y mi boca te alabará con júbilo en los labios. 

Veo que has sido mi ayuda 
y soy feliz a la sombra de tus alas. 
Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene. 

SEGUNDA LECTURA
Gál 3, 26-29

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia.

           Hermanos: Todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, porque habiendo sido bautizados en Cristo, han quedado revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. Y si pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.

Palabra de Dios.

Aleluya. "Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen", dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO
Lc 9, 18-24

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

           Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado". "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo anunciaran a nadie, diciéndoles: "El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". Después dijo a todos: "El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la salvará".

Palabra del Señor.

Dice el señor: "Yo soy el buen pastor, y doy mi vida por mis ovejas".


PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo 23 de junio de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

            En el Evangelio de este domingo resuena una de las palabras más incisivas de Jesús: «El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará» (Lc 9, 24).
Hay aquí una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresado con una paradoja muy eficaz, que nos permite conocer su modo de hablar, casi nos hace percibir su voz... Pero, ¿qué significa «perder la vida a causa de Jesús»? Esto puede realizarse de dos modos: explícitamente confesando la fe o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una multitud inmensa los hombres y las mujeres que sacrificaron la vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes del mundo, hay muchos, muchos, muchos mártires —más que en los primeros siglos—, que dan la propia vida por Cristo y son conducidos a la muerte por no negar a Jesucristo. Esta es nuestra Iglesia. Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos. Pero está también el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un «perder la vida» por Cristo, realizando el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don, del sacrificio. Pensemos: cuántos padres y madres, cada día, ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente la propia vida por el bien de la familia. Pensemos en ellos. Cuántos sacerdotes, religiosos, religiosas desempeñan con generosidad su servicio por el Reino de Dios. Cuántos jóvenes renuncian a los propios intereses para dedicarse a los niños, a los discapacitados, a los ancianos... También ellos son mártires. Mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad.