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sábado, 31 de diciembre de 2011

Domingo 4° Tiempo de Adviento Ciclo B 18-12-11


PRIMERA LECTURA
2Sam 7, 1-5. 8-12. 14. 16

Lectura del segundo libro de Samuel.

Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: "Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña". Natán respondió al rey: "Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo. Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: "Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel. Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa. Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, Yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 88, 2-5. 27. 29

Cantaré eternamente el amor del Señor.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
"Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo. 

Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
"Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones". 
Él me dirá: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora".
Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él. 

SEGUNDA LECTURA
Rom 16, 25-27

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: ¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado! Éste es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe. ¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 1, 26-38

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: " ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin. María dijo al ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?. El ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios. María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra". Y el ángel se alejó.

Palabra del Señor.


Reflexión de Monseñor Rubén Oscar Frassia. Obispo de la diócesis de Avellaneda-Lanús.


      Estamos ante el relato de la Anunciación que, como vemos, es una maravilla. Aquí podríamos acentuar algunas cosas que nos sirven para nuestra reflexión.

      En primer lugar, el texto acentúa la pertenencia a la familia de David, la descendencia del Pueblo de Israel.
      En segundo lugar, elige a esta mujer, María, a quien el Ángel saluda diciéndole ¡alégrate!; con esa alegría especial que brota del espíritu, que brota de Dios; una alegría que no tiene ningún vestigio de sombra, de oscuridad, de tibieza; una alegría plena.
      Y cuando Dios se acerca, llega la plenitud. El Ángel le dice “llena de gracia”; el Señor la bendice porque está con Ella y Ella es la Mujer Plena porque todo lo que significa la presencia de Cristo, la presencia del Verbo, la presencia de Dios ¡es alegría, plenitud y se colma del Espíritu Santo! La Virgen se conmueve, se admira por tanta belleza, esplendor y gracia. El
Ángel le dice algo muy  importante: “¡no temas!, porque Dios te ha favorecido, te ha bendecido”. Y le dice todo lo que va a pasar: “concebirás y darás a luz un hijo, le pondrás por nombre Jesús”, pero no temas, no temas y vivirás esto.
      Nosotros, en este mundo que vivimos, tenemos que escuchar muy fuertemente esta palabra: ¡no temas!, ¡no temas, Dios está!, ¡no temas, Dios está dentro!, ¡no temas, Dios está al lado!, ¡no temas, Dios camina a tu lado!
      El creyente, para poder vivir su vida como tal, tiene que darse cuenta y percibir que Dios está siempre al lado, pero no para que uno no haga lo que tiene que hacer, sino que está al lado de todos porque uno es capaz de hacer su voluntad.
      Luego la respuesta a “¿cómo va a suceder esto si yo no tengo relación con ningún hombre?” ¡El Espíritu Santo! ¡Nace el primogénito!, que no significa que luego nacerán otros sino que el Señor eligió a María para hacerla predilecta, privilegiada, preferida; así como Israel fue preferido, predilecto, así es María y Dios le da esa gracia. Y finalmente recuerda que “lo que es imposible para los hombres, es posible con la gracia de Dios”
      Que nos preparemos a conciencia en este tiempo de Adviento, que tomemos conciencia de nuestros pecados y hagamos una buena confesión para recibir a Jesús, como Él lo merece en esta Navidad.
      Que el Señor los bendiga, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Fuente: 
  • San Pablo (Liturgia)
  • Compartiendo el Evangelio. (Reflexiones radiales de Monseñor Rubén Oscar Frassia)

lunes, 26 de diciembre de 2011

Domingo 3° del Tiempo de Adviento. Ciclo B. 11-12-11


PRIMERA LECTURA
Is 61, 1-2. 10-11

Lectura del libro de Isaías.

      El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor. Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas. Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

Palabra de Dios.

SALMO
Cf. Lc 1, 46-50. 53-54

Mi alma se regocija en mi Dios.

Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios,
mi Salvador, porque él miró con bondad
la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones
me llamarán feliz. 

Porque el Todopoderoso
ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación
en generación sobre aquellos que lo temen.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia. 

SEGUNDA LECTURA
1Tes 5, 16-24

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica.

      Hermanos: Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno. Cuídense del mal en todas sus formas. Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser ?espíritu, alma y cuerpo? hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo.   El que los llama es fiel, y así lo hará.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Jn 1, 6-8. 19-28

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

      Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. Éste es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?. Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente:  "Yo no soy el Mesías. "¿Quién eres, entonces?, le preguntaron: "¿Eres Elías?. Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?. "Tampoco", respondió. Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?. Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.. Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?. Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: Él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

Palabra del Señor.


Alocución de su S. S. Benedicto XVI antes del Ángelus.



Queridos hermanos y hermanas:


      Los textos litúrgicos de este período de Adviento nos renuevan la invitación a vivir a la espera de Jesús, a no dejar de esperar su venida, de tal modo que nos mantengamos en una actitud de apertura y disponibilidad al encuentro con él. La vigilancia del corazón, que el cristiano está llamado a practicar siempre en la vida de todos los días, caracteriza de modo particular este tiempo en el que nos preparamos con alegría al misterio de la Navidad (cf. Prefacio de Adviento II). El ambiente exterior propone los acostumbrados mensajes de tipo comercial, aunque quizá en tono menor a causa de la crisis económica. El cristiano está invitado a vivir el Adviento sin dejarse distraer por las luces, sino sabiendo dar el justo valor a las cosas, para fijar la mirada interior en Cristo. De hecho, si perseveramos «velando en oración y cantando su alabanza» (ib.), nuestros ojos serán capaces de reconocer en él la verdadera luz del mundo, que viene a iluminar nuestras tinieblas.
       En concreto, la liturgia de este domingo, llamado Gaudete, nos invita a la alegría, a una vigilancia no triste, sino gozosa. «Gaudete in Domino semper» —escribe san Pablo—. «Alegraos siempre en el Señor» (Flp 4, 4). La verdadera alegría no es fruto del divertirse, entendido en el sentido etimológico de la palabra di-vertere, es decir, desentenderse de los compromisos de la vida y de sus responsabilidades. La verdadera alegría está vinculada a algo más profundo. Ciertamente, en los ritmos diarios, a menudo frenéticos, es importante encontrar tiempo para el descanso, para la distensión, pero la alegría verdadera está vinculada a la relación con Dios. Quien ha encontrado a Cristo en su propia vida, experimenta en el corazón una serenidad y una alegría que nadie ni ninguna situación le pueden quitar. San Agustín lo había entendido muy bien; en su búsqueda de la verdad, de la paz, de la alegría, tras haber buscado en vano en múltiples cosas, concluye con la célebre frase de que el corazón del hombre está inquieto, no encuentra serenidad y paz hasta que descansa en Dios (cf. Confesiones, I, 1, 1). La verdadera alegría no es un simple estado de ánimo pasajero, ni algo que se logra con el propio esfuerzo, sino que es un don, nace del encuentro con la persona viva de Jesús, de hacerle espacio en nosotros, de acoger al Espíritu Santo que guía nuestra vida. Es la invitación que hace el apóstol san Pablo, que dice: «Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Ts 5, 23). En este tiempo de Adviento reforcemos la certeza de que el Señor ha venido en medio de nosotros y continuamente renueva su presencia de consolación, de amor y de alegría. Confiemos en él; como afirma también san Agustín, a la luz de su experiencia: el Señor está más cerca de nosotros que nosotros mismos: «interior intimo meo et superior summo meo» (Confesiones, III, 6, 11). Encomendemos nuestro camino a la Virgen Inmaculada, cuyo espíritu se llenó de alegría en Dios Salvador. Que ella guíe nuestro corazón en la espera gozosa de la venida de Jesús, una espera llena de oración y de buenas obras.
      Queridos hermanos y hermanas, hoy mi primer saludo está reservado a los niños de Roma, que han venido para la tradicional bendición de los «Bambinelli», organizada por el Centro de oratorios romanos. Os doy las gracias a todos. Queridos niños, cuando recéis ante vuestro belén, acordaos también de mí, como yo me acuerdo de vosotros. Os doy las gracias y os deseo una feliz Navidad.


Fuente: 

martes, 20 de diciembre de 2011

Abrid las puertas a Cristo.


   Nuestra Madre, la Virgen María dio al Padre Stefano Gobbi numerosos mensajes por medio de locuciones interiores entre los años 1973 y 1997, con la misión de fundar el Movimiento Sacerdotal Mariano, movimiento que llevó por todo el mundo para reunir a los sacerdotes invitados por él a consagrarse al Corazón Inmaculado de María y que, unidos fuertemente al Papa y a la Iglesia a él unida, llevaran a los fieles al refugio seguro de su Corazón maternal. Estos mensajes están contenidos en el libro llamado "A los sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Virgen María".


      Nuestra Madre santísima nos pide ella misma, como lo hace desde hace años, que abramos nuestro corazón a Aquél que da sentido a nuestra vida. 
      ¿Realmente lo hacemos?


Vacallo (Suiza), 8 de diciembre de 1997.
Fiesta de la Inmaculada Concepción.


Abrid las puertas a Cristo.
      «Contemplad hoy el resplandor celestial de vuestra Madre Inmaculada y dejaos atraer todos tras la onda de mi suave perfume.
      Soy la Inmaculada Concepción.
      Soy toda bella : tota pulchra.
      Soy el tabernáculo viviente de la Santísima Trinidad, donde el padre es perennemente glorificado, el Hijo perfectamente amado y el Espíritu Santo plenamente poseído.
      Soy la puerta que se abre para vuestra salvación. 
      Mi misión materna es la de prepararos a recibir a mi Hijo que viene.
-Abrid las puertas a Cristo.
      Jesús vino a vosotros el día de su nacimiento terreno, por medio de Mí su Madre virginal, para ser vuestro Salvador y vuestro único Redentor.
      Contempladlo con pureza de corazón y con una mirada de amor en el momento en que nace de Mí, es depositado en un pesebre, experimenta el rigor del frío y del hielo de un mundo que lo ignora y lo rechaza.
      Este pequeño niño que llora es Dios con nosotros, es el redentor del mundo, es el único Salvador.
      Sin Él es imposible para el hombre encontrar la salvación.
-Abrid las puertas a Cristo.
      Abrid las puertas de vuestra mente, para acoger con humildad y con docilidad su divina Palabra.
      En la tiniebla profunda que envuelve las mentes de una humanidad inmersa en el error, sólo su Palabra os atrae la luz de la Verdad.
      Haced resplandecer en el mundo el anuncio de su Evangelio.
Cumplid la misión que os ha sido confiada de una nueva evangelización.
      LLevad también hoy su Palabra a los pobres, a los pecadores, a los enfermos, a los presos para que puedan caminar todos en la luz de la Verdad.
-Abrid las puertas a Cristo.
      Abrid las puertas de vuestra alma, para acogerlo de una manera digna, en el momento en que se os comunica bajo las especies de la Eucaristía.
      Es Jesús en su Persona divina, con su Cuerpo glorioso y su divinidad, a quien recibís, cuando os acercáis a la Santa Comunión.
      Debéis preparar en vuestras almas una morada que sea digna de Él.
      Por esto os invito a huir del pecado, a no dejaros poser por el pecado, para vivir siempre en la gracia y en el amor de Dios.
      Si alguna vez os ocurriese la desgracia de caer en el pecado mortal, es necesaria la confesión sacramental antes de recibir la Comunión Eucarística.
      Hoy mi corazón sangra al ver como se difunden cada vez más las comuniones sacrílegas a causa de muchos que se acercan a recibir a Jesús en la Eucaristía en estado de pecado mortal, sin confesarse.
      Por lo tanto, que vuestras almas estén llenas de gracia y de santidad, de tal manera que recibáis a Jesús de modo digno cuando se da a vosotros en el sacramento de su Amor.
-Abrid las puertas a Cristo. 
      Abrid las puertas de vuestro corazón, para que podáis acogerlo con la fuerza de vuestro amor.
      Jesús os lleva a la perfección del amor.
      Él ama en vosotros, por medio de vosotros su amor se derrama a todos.
      Él quiere amar a cada persona que encontráis en vuestro camino.
      Por medio vuestro su caridad divina se dilata y así oc convertís en instrumentos del triunfo de su Amor Misericordioso.
-Abrid las puertas a Cristo.
      Abrid las puertas de vuestra vida a Cristo cuando volverá en el esplendor de su gloria.
      La vida cristiana debe estar siempre orientada a esta espera.
      Por eso os invito a vivir en la confianza y en una gran esperanza.
      Dejaos llevar entre los brazos de vuestro Padre Celestial con abandono filial.
      Entonces cada día de este tiempo doloroso será vivido por vosotros en la serenidad y en la alegría.
      Porque los sufrimientos del mundo presente no son comparables a la gloria que os espera, cuando Cristo se manifestará y vosotros lo veréis tal como es, en el fulgor de su divino esplendor».


Fuente:

  •  A los sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Virgen María (págs. 1230 a 1233)




jueves, 8 de diciembre de 2011

Domingo 2° de Adviento Ciclo B 4-12-11


PRIMERA LECTURA
Is 40, 1-5. 9-11

Lectura del libro de Isaías.

¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está pagada, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados. Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras los terrenos escarpados, en planicies! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor. Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: " ¡Aquí está tu Dios!. Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 84, 9-14

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Voy a proclamar lo que dice el Señor. 
El Señor promete la paz, 
la paz para su pueblo y sus amigos. 
Su salvación está muy cerca de sus fieles, 
y la Gloria habitará en nuestra tierra. 

El Amor y la Verdad se encontrarán, 
la Justicia y la Paz se abrazarán; 
la Verdad brotará de la tierra 
y la Justicia mirará desde el cielo. 

El mismo Señor nos dará sus bienes 
y nuestra tierra producirá sus frutos. 
La Justicia irá delante de él, 
y la Paz, sobre la huella de sus pasos. 

SEGUNDA LECTURA
2Ped 3, 8-14

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida. Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Mc 1, 1-8
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías: "Mira, Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.

Palabra del Señor.

Alocusión de S. Santidad Benedicto XVI antes del Ángelus de este domingo.

¡Queridos Hermanos y hermanas!: Este domingo marca la segunda etapa del Tiempo de Adviento. Este periodo del año litúrgico pone en evidencia las dos figuras que han tenido un papel preeminente en la preparación de la venida histórica del Señor Jesús: la Virgen María y san Juan el Bautista.
Precisamente sobre este último se concentra el texto de hoy del Evangelio de Marcos. De hecho describe la personalidad y la misión del Precursor de Cristo (cfr Mc 1,2-8). Comenzando por el aspecto externo, Juan es presentado como una figura muy ascética: vestido con una piel de camello, se alimenta con langostas y miel silvestre, que encuentra en el desierto de Judea (cfr Mc 1,6). Una vez, el mismo Jesús lo contrapuso a aquellos que “están en los palacios de los reyes” y que “visten con refinamiento” (Mt 11,8). El estilo de Juan el Bautista debería llamar a todos los cristianos a escoger la sobriedad como estilo de vida, especialmente en preparación a la fiesta de la Navidad, en la que el Señor – como diría san Pablo – “ siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9).
Por lo que concierne a la misión de Juan, esa fue un llamamiento extraordinario a la conversión: su bautismo “está ligado a una ardiente invitación a un nuevo modo de pensar y de actuar, está ligado sobre todo al anuncio del juicio de Dios” (Jesús de Nazaret, I, Milán 2007, p. 34) y a la inminente aparición del Mesías, definido como aquel “que es más poderoso que yo” y que “bautizará con el Espíritu Santo”(Mc 1,7.8). El llamado de Juan va por lo tanto más allá y más profundamente con respecto a la sobriedad del estilo de vida: llama a un cambio interior, a partir del reconocimiento y de la confesión del propio pecado. Mientras nos preparamos a la Navidad, es importante que volvamos a entrar en nosotros mismos y que hagamos una constatación sincera sobre nuestra vida. Dejémonos iluminar por un rayo de la luz que proviene de Belén, la luz de Aquel que es “el más Grande” y se ha hecho pequeño, “el más Fuerte” y se ha hecho débil.
Los cuatro Evangelistas describen la predicación de Juan el Bautista haciendo referencia a un pasaje del profeta Isaías: “Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (Is 40,3). Marcos incluye también una citación de otro profeta, Malaquías, que dice: “Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí” (Mc 1,2; cfr Mal 3,1). Estas referencias a las Escrituras del Antiguo Testamento “hablan de la intervención salvífica de Dios, que brota de su inescrutabilidad para juzgar y salvar; a Él es necesario abrir la puerta, preparar el camino” (Jesús de Nazaret, I, p. 35).
A la maternal intercesión de María, Virgen de la espera, confiamos nuestro camino- encuentro hacia el Señor que viene, mientras proseguimos nuestro itinerario de Adviento para preparar en nuestro corazón y en nuestra vida la venida del Emanuel, el Dios-con-nosotros. 
(Raúl Cabrera-RV)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Domingo 1° de Adviento Ciclo B 27-11-11


PRIMERA LECTURA

Is 63, 16-17. 19; 64, 2-7
Lectura del libro de Isaías.

¡Tú, Señor, eres nuestro padre, "nuestro Redentor" es tu Nombre desde siempre! ¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia! ¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti! Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en él. Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos. Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento. No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas. Pero tú, Señor, eres nuestro padre; nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos!

Palabra de Dios.


SALMO
Sal 79, 2-3. 15-16. 18-19

Restáuranos, Señor del universo.

Escucha, Pastor de Israel, 
Tú que tienes el trono sobre los querubines, 
reafirma tu poder y ven a salvarnos. 

Vuélvete, Señor de los ejércitos, 
observa desde el cielo y mira: 
ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, 
el retoño que tú hiciste vigoroso. 

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, 
al hombre que tú fortaleciste, 
y nunca nos apartaremos de ti: 
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.


SEGUNDA LECTURA

1Cor 1, 3-9
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo los cristianos de Corinto.

Hermanos: Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Palabra de Dios.


EVANGELIO

Mc 13, 33-37
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!".

Palabra del Señor.


Alocución de S. Santidad Benedicto XVI antes del Ángelus

      Hoy iniciamos con toda la Iglesia el nuevo Año Litúrgico: un nuevo camino de fe, que hay que vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también –como siempre- para recorrerlo al interno de la historia del mundo, para abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. El Año litúrgico inicia con el Tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el cual se despierta en los corazones la espera del regreso de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal.
      “Estén atentos”. Este es el llamado de Jesús en el Evangelio de hoy. Lo dirige no sólo a sus discípulos, sino a todos: “Estén prevenidos” (Mc 13,37). Es un llamado saludable a recordarnos que la vida no tiene sólo una dimensión terrena, sino que está proyectada a un “más allá”, como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotado de libertad y responsabilidad, por la que cada uno será llamado a dar cuenta de cómo ha vivido, de cómo ha utilizado sus propias capacidades: si se las ha guardado para sí o si las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.
      También Isaías, el profeta del Adviento, nos hace reflexionar hoy con una oración afligida, dirigida a Dios en nombre de su pueblo. El reconoce las faltas de su gente, y a un cierto momento dice: “No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrase a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas” (Is 64,6). ¿Cómo no quedar conmovido por esta descripción? Parece reflejar ciertos panoramas del mundo post-moderno: las ciudades en donde la vida se vuelve anónima y horizontal, en donde Dios parece ausente y el hombre el único patrón, como si fuera él el artífice y el director de todo: las construcciones, el trabajo, la economía, los transportes, las ciencias, la técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces, de este modo, que parece casi perfecto, suceden cosas sorprendentes, o en la naturaleza, o en la sociedad, por las cuales nosotros pensamos que Dios se haya como retirado, nos haya –por así decirlo- abandonado a nosotros mismos.
       En realidad, el verdadero “patrón” del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: “Estén atentos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue al improviso y los encuentre dormidos” (Mc 13, 35-36). El tiempo de Adviento viene cada año para recordarnos esto, porque nuestra vida encuentre nuevamente su justa orientación, hacia el rostro de Dios. El rostro no de un “patrón”, sino de un Padre y de un Amigo. Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta: “Porque tú, Señor, eres nuestro Padre, nosotros somos tu arcilla y tú nuestro alfarero, ¡todos somos la obra de tus manos! (Is 64,7)
 


(Traducción del italiano: Claudia Alberto; jesuita Guillermo Ortiz – RV)