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martes, 14 de mayo de 2013

Solemnidad de la Ascención del Señor Ciclo C 12-05-13


Ahora nos toca a nosotros
          En el día de la Ascensión, los apóstoles comprendieron mejor las Sagradas Escrituras:“se les abrió la mente”. Jesús, antes de dejarlos, les dijo algo muy consolador: “Ustedes son testigos de todo esto”, que es lo mismo que declarar: “Confío en ustedes”.  Los llevó hasta cerca de Betania, los bendijo y se separó de ellos. Subió al cielo. Los discípulos volvieron a Jerusalén muy contentos. La vida de todos los mortales termina con la muerte. La muerte de Cristo se transforma en la alegría de la Resurrección y el envío de los que creyeron en él para que misionen por todo el mundo.Así comienzan los tiempos de la Iglesia primitiva, una comunidad que vivía con la alegría de la misión, algo que se repite hasta nuestros días. La Iglesia, una comunidad que toma seriamente la misión, es alegre y contagia alegría. Aquel día los apóstoles entendieron que comenzaba una nueva tarea, y fueron a predicar el evangelio por todo el mundo entonces conocido. Pedro viajó a Roma, Italia, y allí lo crucificaron cabeza abajo. Santiago, el Mayor, hermano de Juan, fue decapitado en la misma Jerusalén. Su hermano, Juan, el evangelista, estuvo en Asia Menor, ciertamente en Patmos y Éfeso. Andrés, hermano de Pedro, divulgó la fe en Rusia y en Crimea, y murió en una cruz de aspas,la “cruz de san Andrés”. Felipe evangelizó Asia Menor, y murió crucificado a los 87 años. Tomás evangelizó el Oriente hasta la lejana India. Bartolomé predicó en la Mesopotamia, donde le arrancaron la piel. Simón y Tadeo fueron decapitados después de predicar en Armenia y Egipto. Santiago, el Menor, que evangelizó Jerusalén, fue arrojado desde la muralla de la ciudad, apaleado, y su cuerpo fue encontrado, según la tradición, en Galicia, donde es venerado. Los apóstoles comprendieron que, después de la Ascensión, les tocaba a ellos continuarla.Ellos eran los testigos que habían entendido las Escrituras y recibido el don del Espíritu Santo. Ahora los testigos somos nosotros, y a nosotros nos toca llevar adelante esa misión. ¿A dónde vamos?
P. Aderico Dolzani, ssp.
Hoy contemplamos a Jesús que vuelve al Padre; concluye así su presencia terrenal entre nosotros. "El Padre resucita a su Hijo de entre los muertos. Lo exalta gloriosamente a su derecha. Lo colma de la fuerza vivificante de su Espíritu. Lo establece como Cabeza de su Cuerpo que es la Iglesia. Lo constituye Señor del mundo y de la historia. Por él y en él ha querido el Padre recrear lo que ya había creado" (Documento de Puebla, nro. 195).

PRIMERA LECTURA
Hech 1, 1-11

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

          En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días". Los que estaban reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". Él les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra". Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 46, 2-3. 6-9

El Señor asciende entre aclamaciones. O bien: Aleluya.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. 

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios,
canten, canten a nuestro Rey. 

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado. 

SEGUNDA LECTURA
Ef 1, 17-23

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.

          Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Éste es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de Aquél que llena completamente todas las cosas.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 24, 46-53

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

          Jesús dijo a sus discípulos: "Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto". Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

Palabra del Señor.


En español, homilía del Papa Francisco, canonizaciones Año de la Fe, 12 de mayo de 2013.
          En este séptimo domingo del Tiempo Pascual, nos reunimos con alegría para celebrar una fiesta de la santidad. Damos gracias a Dios que ha hecho resplandecer su gloria, la gloria del Amor, en los Mártires de Otranto, la Madre Laura Montoya y la Madre Laura Montoya yMaría Guadalupe García Zavala. Saludo a todos los que habéis venido a esta fiesta – de Italia, Colombia, México y otros países – y os lo agradezco.
           Miremos a los nuevos santos a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada. Una palabra que nos invita a la fidelidad a Cristo, incluso hasta el martirio; nos ha llamado a la urgencia y la hermosura de llevar a Cristo y su Evangelio a todos; y nos ha hablado del testimonio de la caridad, sin la cual, incluso el martirio y la misión pierden su sabor cristiano.

jueves, 9 de mayo de 2013

Domingo 6° del Tiempo de Pascua Ciclo C 5-05-13


La indiscutible paz es don de Dios
           Durante la Última Cena, en la intimidad, Jesús reveló a los suyos que moriría, resucitaría, que se iría y volvería; y que además estaría presente con ellos hasta el fin del mundo. En el cierre de la velada, les regaló la paz, Shalom, en hebreo, una palabra muy utilizada y conocida en su tiempo. Era el saludo cotidiano , la expresión de un buen deseo y bendición, era la esperanza del pueblo que vivía tiempos de tiranías. Esta palabra evoca también a varios personajes históricos: Gedeón, Salomón, Isaías y al libro de la Sabiduría, por varios motivos. Gedeón había levantado un altar a “Yahvé Shalom”, es decir, “Yahvé de la paz”. Salomón era el rey ideal del Antiguo Testamento, y lo llamaban “el pacífico”. Isaías había anunciado la venida de un mesías de paz. El libro de la Sabiduría añadió un contenido nuevo a la Palabra: “las almas de los justos descansan en paz”. Cuando Jesús comunicaba la paz a sus discípulos, encontraba en ellos un eco muy profundo; no como hoy, que la palabra choca con una cultura simplificadora que contrapone la paz a la guerra. En nuestro lenguaje, la paz significa una situación tranquila, ordenada, y a veces no se distingue entre una paz impuesta –fruto de tratados–, y el don de la paz interior de las personas, de las familias, de los grupos y de las comunidades. La paz como ausencia de guerra y de conflictos, es muy frágil. De hecho, se rompe fácilmente por venganza, viejos rencores, guerras y violencia. Vivimos en un mundo de exigencias, tensiones, violencia e imposiciones. En nuestro tiempo, la paz es realmente escasa, y las enfermedades del alma –estrés, neurosis, depresiones y miedos– abundan. La paz de Cristo es el fruto de su presencia en nosotros porque su gracia recompone el orden interior de nuestra persona. No nos soluciona los problemas, ni nuestros límites se borran, pero con él presente, nada nos atemoriza.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Hech 15, 1-2. 22-29

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

            Algunas personas venidas de Judea a Antioquía enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: "Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 66, 2-3. 5-6. 8

A Dios den gracias los pueblos, alaben los pueblos a Dios. O bien: Aleluya.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, 
haga brillar su rostro sobre nosotros, 
para que en la tierra se reconozca su dominio, 
y su victoria entre las naciones. 

Que todos los pueblos te den gracias. 
Que canten de alegría las naciones, 
porque gobiernas a los pueblos con justicia 
y guías a las naciones de la tierra. 

¡Que los pueblos te den gracias, Señor, 
que todos los pueblos te den gracias! 
Que Dios nos bendiga, 
y lo teman todos los confines de la tierra. 

SEGUNDA LECTURA
Apoc 21, 10-14. 22-23

Lectura del libro del Apocalipsis.

          El Ángel me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de, las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero. No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Jn 14, 23-29

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

          Durante la última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: "Me voy y volveré a ustedes". Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

Palabra del Señor.

SANTA MISA CON OCASIÓN DE LA JORNADA DE LAS COFRADÍAS
Y DE LA PIEDAD POPULAR

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza de San Pedro
VI Domingo de Pascua, 5 de mayo de 2013

          Queridos hermanos y hermanas, habéis tenido valor para venir con esta lluvia… El Señor os lo pague.
          En el camino del Año de la Fe, me alegra celebrar esta Eucaristía dedicada de manera especial a las Hermandades, una realidad tradicional en la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento. Os saludo a todos con afecto, en especial a las Hermandades que han venido de diversas partes del mundo. Gracias por vuestra presencia y vuestro testimonio.

           1. Hemos escuchado en el Evangelio un pasaje de los sermones de despedida de Jesús, que el evangelista Juan nos ha dejado en el contexto de la Última Cena. Jesús confía a los Apóstoles sus últimas recomendaciones antes de dejarles, como un testamento espiritual. El texto de hoy insiste en que la fe cristiana está toda ella centrada en la relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Quien ama al Señor Jesús, acoge en sí a Él y al Padre, y gracias al Espíritu Santo acoge en su corazón y en su propia vida el Evangelio. Aquí se indica el centro del que todo debe iniciar, y al que todo debe conducir: amar a Dios, ser discípulos de Cristo viviendo el Evangelio. Dirigiéndose a vosotros, Benedicto XVI ha usado esta palabra: «evangelicidad». Queridas Hermandades, la piedad popular, de la que sois una manifestación importante, es un tesoro que tiene la Iglesia, y que los obispos latinoamericanos han definido de manera significativa como una espiritualidad, una mística, que es un «espacio de encuentro con Jesucristo». Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable, reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia. A lo largo de los siglos, las Hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor. Caminad con decisión hacia la santidad; no os conforméis con una vida cristiana mediocre, sino que vuestra pertenencia sea un estímulo, ante todo para vosotros, para amar más a Jesucristo.

domingo, 28 de abril de 2013

Domingo 5° del Tiempo de Pascua Ciclo C 28-04-13


Un antiguo nuevo mandamiento
Cuando decimos o repetimos que las palabras de Jesús, “ámense los unos a los otros”, expresan un mandamiento nuevo, podemos imaginar que él lo inventó en ese momento. No hay que olvidar que casi exactamente las mismas palabras se encuentran en el Levítico (19,18): “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El mandamiento no era nuevo en tiempos de Jesús, y mucho menos lo es hoy. Pero Jesús le dio un contenido novedoso. Está en nosotros actualizar esa novedad. No es fruto de estudios bíblicos, teológicos o catequísticos, que sólo pueden ayudarnos si en nuestro corazón está presente lo esencial: la vivencia cotidiana del bautismo que nos hace hijos de Dios y hermanos y hermanas, sin distinciones. El amor nace de la vida espiritual y no de un esfuerzo moral de la voluntad. No es un mandamiento más de la ley para distinguir a los que aceptan participar del Reino e imitar al Señor. Es la esencia de nuestro ser cristiano. Quien tiene odios y resentimientos simplemente está lejos de Dios. Es nuevo porque hace ver cómo el amor es lo que más nos hace parecidos al Señor y, por lo tanto, lo que más revela a la humanidad: la presencia de Cristo en el mundo. Es nuevo porque, siguiendo a Jesús, que da la vida por los suyos, entendemos que también nosotros tenemos que amar hasta dar la vida. Es nuevo porque nadie es capaz de cumplir semejante mandamiento si Dios no habita en su corazón. Está más allá de lo que es posible para la voluntad humana. Amar y amarse como Jesús nos amó fue nuevo cuando Jesús lo dijo, es nuevo hoy y lo será eternamente. Porque el amor no termina nunca, y menos aún si Dios ya lo puso en nuestro corazón.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Hech 14, 21b-27

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad, establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir. A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 144, 8-13ª

Bendeciré tu Nombre eternamente, Dios mío, el único Rey. O bien: Aleluya.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas. 

Que todas tus obras te den gracias,
Señor, y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder. 

Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre. 

SEGUNDA LECTURA
Apoc 21, 1-5ª

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más. Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: "Ésta es la carpa de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó". Y el que estaba sentado en el trono dijo: "Yo hago nuevas todas las cosas".

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Jn 13, 31-33a. 34-35

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Durante la última cena, después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros".

Palabra del Señor.


Homilía del Papa Francisco en la confirmación de 44 personas de los cinco continentes.

Queridos hermanos y hermanas, Queridos hermanos que van a recibir el sacramento de la confirmación:

Quisiera proponerles tres sencillos y breves pensamientos sobre los que reflexionar.

1. En la segunda lectura hemos escuchado la hermosa visión de san Juan: un cielo nuevo y una tierra nueva y después la Ciudad Santa que desciende de Dios. Todo es nuevo, transformado en bien, en belleza, en verdad; no hay ya lamento, luto… Ésta es la acción del Espíritu Santo: nos a trae la novedad de Dios; viene a nosotros y hace nuevas todas las cosas, nos cambia. El Espíritu nos cambia. Y la visión de san Juan nos recuerda que estamos todos en camino hacia la Jerusalén del cielo, la novedad definitiva para nosotros, y para toda la realidad, el día feliz en el que podremos ver el rostro del Señor, ese rostro maravilloso del Señor Jesús, podremos estar con Él para siempre, en su amor. 

Ven, la novedad de Dios no se asemeja a las novedades mundanas, que son provisorias, pasan y siempre se busca algo más. La novedad que Dios ofrece a nuestra vida es definitiva, y no sólo en el futuro, cuando estaremos con Él, sino también hoy: Dios está haciendo todo nuevo, el Espíritu Santo nos transforma verdaderamente y quiere transformar, contando con nosotros, el mundo en que vivimos. Abrámosle la puerta, dejemos que Él nos guíe, dejemos que la acción continua de Dios nos haga hombres y mujeres nuevos, animados por el amor de Dios, que el Espíritu Santo nos da. Qué hermoso si cada uno de ustedes noche, pudiera decir: hoy en la escuela, en casa, en el trabajo, guiado por Dios, he realizado un gesto de amor hacia un compañero, mis padres, un anciano. ¡Qué bello!

miércoles, 24 de abril de 2013

Domingo 4° del Tiempo de Pascua Ciclo C 21-04-13


El pastor da la vida por sus ovejas
Cuando Jesús se presenta como buen pastor, puede florecer en nosotros una figura tierna o campesina de un buen hombre en medio de sus ovejas. La realidad que muestra el evangelio es muy distinta: es la de una persona capaz de dar su vida para salvar a sus ovejas del peligro. Quienes rechazaban a Jesús, lo criticaban y buscaban cómo condenarlo, interpretaban sus palabras de manera muy acotada. Para ellos “pastor” era lo mismo que decir “rey, autoridad”. “Dios ha dado un pastor a su pueblo”, dice la escritura cuando David es ungido. Hasta el emperador Ciro es llamado “pastor”. Casi siempre, cuando pensamos en pastores, imaginamos a obispos, sacerdotes y al mismo Papa. Pero si meditamos este evangelio, nos daremos cuenta de que todos los cristianos somos pastores: los padres, los maestros, los hermanos, los catequistas, los religiosos… Todos somos guías, los unos de los otros. Todos somos siervos, los unos de los otros. Dar la vida no por dinero o fama, sino por amor a las ovejas. Eso es lo que distingue al buen pastor de los pastores de oficio y rentados. En este día, Jornada mundial de oración por las vocaciones, recordemos que, para seguir al Señor, hay que estar enamorados de él y de las ovejas. Es una manera muy concreta de pensar y rezar por las vocaciones, que también nos ayudará a comprender a los que deciden consagrar su vida por amor sin esperar nada a cambio.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Hech 13, 14. 43-52

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días: Pablo y Bernabé continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé. Éstos conversaban con ellos, exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios. Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: "A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra del Señor, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos. Así nos ha ordenado el Señor: 'Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra'". Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la Vida eterna abrazaron la fe. Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio. Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 99, 1b-3. 5

Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. O bien: Aleluya.

Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos. 

Reconozcan que el Señor es Dios:
Él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. 

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones. 

SEGUNDA LECTURA
Apoc 7, 9. 14b-17

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano. Y uno de los Ancianos me dijo: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo. El que está sentado en el trono extenderá su carpa sobre ellos: nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor. Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos".

Palabra de Dios.

Resucitó el buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se entregó a la muerte por su rebaño. Aleluya.

EVANGELIO
Jn 10, 27-30

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús dijo: "Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa".

Palabra del Señor.




ORDENACIÓN SACERDOTAL
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana
IV Domingo de Pascua, 21 de abril de 2013


La homilía pronunciada por el Santo Padre corresponde sustancialmente a la «Homilía ritual» prevista en el Pontifical Romano para la ordenación de presbíteros, a la cual el Papa ha aportado algunas modificaciones personales.

Queridos hermanos y hermanas

Ahora que estos hermanos e hijos nuestros van a ser ordenados presbíteros, conviene considerar a qué ministerio acceden en la Iglesia.
Aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios es sacerdocio real en Cristo, sin embargo, nuestro sumo Sacerdote, Jesucristo, eligió algunos discípulos que en la Iglesia desempeñaran, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para el bien de los hombres. No obstante, el Señor Jesús quiso elegir entre sus discípulos a algunos en particular, para que, ejerciendo públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continuaran su misión personal de maestro, sacerdote y pastor. Él mismo, enviado por el Padre, envió a su vez a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio, son llamados al servicio del Pueblo de Dios.

jueves, 18 de abril de 2013

Domingo 3° del Tiempo de Pascua Ciclo C 14-04-13

El amor perdona todo

Pedro se había “enamorado” del Mesías a primera vista. Por él había abandonado todo en un instante: familia, barca, trabajo. Esto no quiere decir que no le haya costado. En cierta ocasión, preguntó a Jesús qué podían esperar ellos que lo habían abandonado todo… Él había manifestado al Maestro, varias veces, una fidelidad incondicional. Había sido el primero en expresar sus sentimientos y jurar que por él estaba dispuesto a morir. Se entusiasmaba con el proyecto de Jesús, o mejor dicho, con el que él suponía que Jesús tenía. Pero tuvo mucho que aprender. Jesús iba más lejos de lo que él pensaba y esperaba, y le llenó la vida de sorpresas. Un momento muy amargo fue el de la Pasión con la traición al Maestro al negarlo tres veces. Después de los sucesos de Jerusalén, el grupo de los discípulos había vuelto a Galilea, al mar de Tiberíades. Y Pedro invita a ir a pescar…Pasa toda la noche sin sacar nada. Y al amanecer, cuando ya termina el buen momento de la pesca, un extraño los invita a tirar la red al otro lado, y no salen del asombro por el inesperado resultado. Jesús los espera en la playa con pescado y pan… Da gracias, y los invita a comer… Los gestos recuerdan la última cena y el encuentro de Emaús. El lugar les recuerda que precisamente a orillas de ese lago, Jesús había saciado el hambre de más de cinco mil personas con pan y pescado… exactamente como en ese instante. Cuántos recuerdos habrán vuelto a la memoria de los apóstoles… A la triple negación de Pedro, se contrapone una triple manifestación de amor. Pedro demuestra su amor incondicional. Jesús lo recibe, lo sana, lo hace una nueva criatura y le confía el rebaño. También le anuncia que va a morir como él. Pedro nunca olvidará su confesión de amor, como tampoco su negación y la profecía de Jesús. Ésta es la experiencia del creyente: muchas veces hemos herido el amor del Señor, tantas y más veces nos ha sanado. Somos testigos vivientes de un amor que es más fuerte que la muerte.
P. Aderico Dolzani, ssp.

PRIMERA LECTURA
Hech 5, 27-32. 40b-41

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Cuando los Apóstoles fueron llevados al Sanedrín, el Sumo Sacerdote les dijo: "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen". Después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el Nombre de Jesús.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste. O bien: Aleluya.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. 

Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría. 

"Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor".
Tú convertiste mi lamento en júbilo.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! 

SEGUNDA LECTURA
Apoc 5, 11-14

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, oí la voz de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Su número se contaba por miles y millones, y exclamaban con voz potente: "El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza". También oí que todas las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar, y todo lo que hay en ellos, decían: "Al que está sentado sobre el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos". Los cuatro Seres Vivientes decían: "¡Amén!", y los Ancianos se postraron en actitud de adoración.

Palabra de Dios.

Aleluya. Resucitó Cristo, que creó todas las cosas y tuvo misericordia de su pueblo. Aleluya.

EVANGELIO
Jn 21, 1-19

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús resucitado se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". Él les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres?", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?". Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".

Palabra del Señor.


CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica de San Pablo Extramuros
III Domingo de Pascua, 14 de abril de 2013

 Queridos Hermanos y Hermanas:


Me alegra celebrar la Eucaristía con ustedes en esta Basílica. Saludo al Arcipreste, el Cardenal James Harvey, y le agradezco las palabras que me ha dirigido; junto a él, saludo y doy las gracias a las diversas instituciones que forman parte de esta Basílica, y a todos vosotros. Estamos sobre la tumba de san Pablo, un humilde y gran Apóstol del Señor, que lo ha anunciado con la palabra, ha dado testimonio de él con el martirio y lo ha adorado con todo el corazón. Estos son precisamente los tres verbos sobre los que quisiera reflexionar a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado: anunciar, dar testimonio, adorar.
1. En la Primera Lectura llama la atención la fuerza de Pedro y los demás Apóstoles. Al mandato de permanecer en silencio, de no seguir enseñando en el nombre de Jesús, de no anunciar más su mensaje, ellos responden claramente: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y no los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús. Y nosotros, ¿somos capaces de llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida? ¿Sabemos hablar de Cristo, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cotidiana? La fe nace de la escucha, y se refuerza con el anuncio.