Todos
serán enseñados por Dios
Jesús había dicho
que era el pan “bajado del cielo” (v 41). La verdad que es difícil entender
esta expresión. En el Éxodo la encontramos a propósito del maná (16, 4) y se
puede entender como un pan que es “don de Dios”. Jesús se identifica con ese
“don de Dios” (6, 32). Este capítulo de Juan está dividido en dos partes por un
estribillo que se repite tres veces (6, 31. 49. 58). Hoy leemos la primera
parte (vv 35-48). En ella aparecen verbos que con el “pan” no tienen mucho que
ver: por ej. “...el que crea”, “...el que escucha...”; “... serán enseñados ”,
“...el que aprende”. Todos tienen como referente “el pan”. ¿De qué pan se
habla? En esta primera parte, el “pan” es la Palabra de Jesús y quién recibe
este pan “no tendrá más hambre”, es decir “tendrá la vida eterna”, o también
“será resucitado en el último día” (vv. 35. 40). No se está hablando de la
Eucaristía, sino de la Palabra y de la fe en la Palabra. Los que escuchan, en
efecto, se resisten a creer a lo que Jesús dice. El evangelio dice que
“murmuran”: si Jesús es hijo de José y de María, su palabra no viene del cielo,
es una más de las muchas palabras de los hombres. Jesús añade una frase difícil
de entender. “si el Padre no lo atrae” (v 44). ¿Habrá entonces alguien a quien
el Padre no lo atraiga”? No creo. Pocos antes, Jesús dice: “Todo lo que me dé
el Padre, vendrá a mí” y añade que la voluntad del Padre, acerca de lo que le
ha dado a Jesús, es que él “no pierda nada” (v 39). ¿Qué le ha dado el Padre a
Jesús? La humanidad entera con sus desgracias, fatigas y pecados. Pero, dicen
los profetas que: “ Serán todos enseñados por Dios” (v 45). No hay entonces
ningún ser humano que no pueda llegar a Jesús.
P. Aldo
Ranieri
PRIMERA
LECTURA
1Rey 19, 1-8
Lectura
del primer libro de los Reyes.
El rey Ajab contó a Jezabel todo lo que
había hecho Elías y cómo había pasado a todos los profetas al filo de la
espada. Jezabel envió entonces un mensajero a Elías para decirle: "Que los
dioses me castiguen si mañana, a la misma hora, yo no hago con tu vida lo que
tú hiciste con la de ellos". Él tuvo miedo, y partió en seguida para
salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su sirviente. Luego Elías
caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama.
Entonces se deseó la muerte y exclamó: "¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la
vida, porque yo no valgo más que mis padres!". Se acostó y se quedó
dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: "¡Levántate,
come!". Él miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras
calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo. Pero el Ángel
del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come, porque
todavía te queda mucho por caminar!". Elías se levantó, comió y bebió, y
fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la
montaña de Dios, el Horeb.
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 33, 2-9
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará
siempre en mis labios.
Mi alma se gloría
en el Señor:
que lo oigan los
humildes y se alegren.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre
todos juntos.
Busqué al Señor: Él
me respondió
y me libró de todos
mis temores.
Miren hacia él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se
avergonzarán.
Este pobre hombre
invocó al Señor:
Él lo escuchó y lo
salvó de sus angustias.
El Ángel del Señor acampa en torno de sus
fieles,
y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en
él se refugian!
SEGUNDA LECTURA
Ef 4, 30?5, 2
Lectura de la carta
del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.
Hermanos: No entristezcan al Espíritu Santo
de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención. Eviten la
amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de
maldad. Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los
unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo. Traten de imitar a Dios,
como hijos suyos muy queridos. Practiquen el amor, a ejemplo de Cristo, que nos
amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Jn 6, 41-51
Evangelio de nuestro
Señor Jesucristo según san Juan.
Los judíos murmuraban de Jesús, porque
había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo". Y decían: "¿Acaso
este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre.
¿Cómo puede decir ahora: 'Yo he bajado del cielo?'". Jesús tomó la palabra
y les dijo: "No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo
atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito
en el libro de los Profetas: 'Todos serán instruidos por Dios'. Todo el que oyó
al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino
el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree,
tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron
el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquél
que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este
pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del
mundo".
Palabra del Señor.
En español, la alocución de Benedicto XVI previa al
rezo del Ángelus del domingo 12 de agosto de 2012
La lectura del
sexto capítulo del Evangelio de Juan, que nos acompaña en la Liturgia estos
Domingos, nos ha llevado a reflexionar sobre la multiplicación milagrosa, en la
que cinco panes y dos pescados fueron suficientes para saciar una multitud de
cinco mil hombres, y sobre la invitación que Jesús dirige a cuantos había
saciado de empeñarse por un alimento que permanece para la vida eterna. Él
quiere ayudarles a comprender el significado profundo del prodigio que ha
obrado: en el saciar en manera milagrosa su hambre física, los predispone a
recibir el anuncio que Él es el pan bajado del cielo (cfr Jn 6,41), que sacia
de forma definitiva.
También el
pueblo judío, durante el largo camino en el desierto, había probado un pan
bajado del cielo, el maná, que lo había mantenido con vida, hasta la llegada a
la tierra prometida. Ahora, Jesús habla de si como del verdadero pan bajado del
cielo, capaz de mantener con vida no por un momento o por un trecho del camino,
sino para siempre. Él es el alimento que da la vida eterna, porque es el Hijo
unigénito de Dios, que está en el seno del Padre, venido para donar al hombre
la vida en plenitud, para introducir al hombre en la vida misma de Dios.