Mostrando entradas con la etiqueta La Imitación de Cristo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Imitación de Cristo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 9. Es verdad...


2. Es verdad que cada uno prefiere obrar a su antojo y que elije las personas que opinan como él. Pero si queremos que Dios esté entre nosotros, es necesario abandonar a veces nuestro parecer por amor a la paz. 
¿ Hay persona tan docta que lo sepa todo? No debes, pues confiar demasiado en tus impresiones, sino escuchar atentamente también la opinión de los demás. Aunque tu punto de vista fuera exacto, si, por amor a Dios, lo abandonas para seguir el ajeno, sacarás mucho provecho para tu alma.


domingo, 11 de noviembre de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 9.

OBEDIENCIA Y SUMISIÓN

1.   Cosa muy valiosa es estar sujetos, vivir sometidos a un superior y no disponer de sí mismo. Es más seguro obedecer que mandar. Muchos están sometidos más por fuerza que por amor y por eso sufren y critican con toda imprudencia. Jamás llegarán a la libertad de espíritu si su sumisión no procede de los profundo del corazón y si no está arraigada en Dios.
     Aunque tú andes de un lado para otro, no hallarás la paz sino en la humilde sujeción de un superior que te guíe. El soñar continuamente el cambio de lugar ha engañado a muchos.

sábado, 10 de noviembre de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 8. La caridad...


2. La caridad hay que profesarla hacia todos, pero hay que evitar la familiaridad. Sucede, en algunos casos, que alguien que no conocemos brille por su buena fama y que, más tarde, su sola presencia nos fastidie.
Por otra parte, a veces pensamos complacer a una persona con nuestra visita y sucede que le desagradamos porque ella ve algo reprobable en nuestras costumbres.


viernes, 9 de noviembre de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 8

COMO EVITAR LA 
EXCESIVA FAMILIARIDAD

     1. No descubras tu corazón a cualquiera (Eclo. 8, 19). Tus problemas trátalos con quien posea la sabiduría y el temor de Dios.
Conversa poco con los inexpertos y los desconocidos. No adules a los ricos, ni te gustes mostrarte entre grandes. Unete con los humildes y los sencillos, con los piadosos y los virtuosos, y con ellos trata de argumentos que favorezcan  tu santificación. No tengas familiaridad con ninguna mujer, pero encomienda a Dios todas las mujeres buenas. Esfuérzate en vivir únicamente unido a Dios y a sus ángeles y evita el ser conocido de los hombres.

      

viernes, 24 de agosto de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 7. No te estimes...

3. No te estimes mejor que otros para que no seas, quizás, considerado peor ante Dios que sabe lo que hay en el hombre (cfr. Jn. 2, 25). No te enaltezcas por tus buenas obras porque los juicios humanos son muy distintos de los de Dios, al cual, muchas veces, desagrada lo que a los hombres agrada. Si algo bueno tuvieres, para conservar la humildad, piensa que otros son mejores. No hay nada malo en considerarte por debajo de todos; muy dañino, en vez, es anteponerte aunque fuera a una sola persona.

En el humilde hay paz indefectible y en el corazón del soberbio continua envidia e inquietud.

martes, 21 de agosto de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 7. No te enaltezcas...

2. No te enaltezcas por las riquezas, si las tienes, ni por las amistades, aunque sean influyentes; tu gloria sea Dios que da todas las cosas y sobre todas ellas quiere darse a sí mismo.
No te ensoberbezcas por la gallardía y la hermosura del cuerpo que pueden perderse o afearse por una pequeña enfermedad.

No te engrías por tu habilidad o talento para no desagradar a Dios al cual pertenece todo lo que de bueno te dio la naturaleza.

jueves, 9 de agosto de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 7.


COMO HUIR DE LA VANA ESPERANZA
Y DEL ORGULLO
  
1.   Insensato es aquel que pone su esperanza en los hombres o en las demás criaturas.
    No te avergüences de estar sometido a otros por amor a Jesuscristo o parecer pobre en este mundo. No confíes en tus fuerzas; mas pon tu esperanza en Dios. Haz todo lo que puedas y Dios ayudará a tu buena voluntad. No confíes en tu saber ni en la astucia de cualquier otro hombre, sino en la gracia de Dios que asiste a los humildes y abate a los soberbios.

viernes, 3 de agosto de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 6. Cuando un hombre alcanza...


2. Cuando un hombre alcanza lo que desea, inmediatamente le remuerde la conciencia porque ha secundado su pasión que nada le ayuda en conseguir la paz que buscaba, ya que la verdadera serenidad del corazón se consigue oponiéndose a las tentaciones, no secundándolas.

Por eso, la paz no se encuentra en el alma del hombre carnal, ni tampoco en la del hombre entregado a las cosas exteriores, sino en el corazón del fervoroso y del espiritual.

martes, 31 de julio de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 6. Todas las veces...


INCLINACIONES DESORDENADAS

      1. Todas las veces que un hombre desea algo contrario a la voluntad de Dios, inmediatamente pierde la tranquilidad de espíritu. El soberbio y el avaro nunca están tranquilos: por el contrario, el pobre y el humilde de corazón gozan de la serenidad de la paz.

  El hombre que interiormente no es mortificado cae fácilmente en la tentación y es vencido por cosas pequeñas y viles.
El débil de espíritu y aún inclinado a los deseos carnales y a los sentidos, difícilmente puede abstenerse del todo de los anhelos terrenales. Cuando se sustrae a ellos, con frencuencia se entristece y si alguien le contradice se enoja con prontitud.

lunes, 16 de julio de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 5. Los hombres pasan...


  2. Los hombres pasan, mas la verdad de Dios permanece para siempre (Sal. 116, 2). Dios nos habla de diversas maneras, sin acepción de personas.

  Nuestra curiosidad muchas veces constituye un obstáculo para la lectura de las Sagradas Escrituras porque queremos entender y discutir lo que llanamente debemos aceptar. Si quieres sacar provecho, lee con humildad, sencillez y con fe, sin pretender el título de docto.

      Pregunta con toda libertad y escucha en silencio las palabras de los santos. No te disgusten los proverbios de los ancianos porque no fueron pronunciados sin razón.

viernes, 6 de julio de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 5


LECTURA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

  1. En las Sagradas Escrituras debe buscarse la verdad, no la elocuencia. Ellas deben ser leídas con el mismo espíritu con que fueron escritas y, más que la elegancia de la forma, en ellas hay que buscar el provecho espiritual.
     
      Debemos, además, leer los libros simples, pero devotos, con las mismas disposiciones que los doctos y profundos. No te dejes impresionar por el apellido del escritor, si es de menor o mayor renombre. Lo que debe llevar a leerlo es el puro amor a la verdad. No te importe saber quién lo ha dicho, sino lo que ha dicho.

sábado, 23 de junio de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 4.


PRUDENCIA EN LAS ACCIONES

     1. No hay que prestar fe a todo lo que oímos o a toda sugerencia. Al contrario: cada cosa debe ser examinada ante Dios con prudencia y magnanimidad de alma.
Muy a menudo pensamos y hablamos mal del prójimo, en vez de pensar y hablar bien. Así es nuestra miseria. Pero los varones perfectos no creen a la ligera todo lo que se les dice porque conocen la debilidad humana, propensa a la maledicencia y aficionada a la murmuración.
 2. Gran sabiduría es no ser precipitado en el obrar, ni tercamente agarrado a las propias impresiones. Gran sabiduría es, además, no creer todo lo que cuenta la gente y, en seguida, relatar a los demás cuanto hemos oído y creído.

      Prefiere hacerte guiar por un hombre mejor que tú y no caminar en pos de tu parecer. Antes de obrar toma consejo de persona prudente y de recta conciencia. La vida virtuosa hace al hombre sabio según el espíritu de Dios y experimentado en muchos asuntos. Cuánto más intimamente humilde y obediente a Dios sea uno, tanto más será prudente y medido en todos sus actos.

miércoles, 13 de junio de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 3. Cuán rápidamente...

  6. Cuán rápidamente pasa la gloria de este mundo. Y quiera el cielo que su vida haya estado a la altura de su ciencia. En este caso no habrán estudiado y enseñado inútilmente.
      Muchos hombres se pierden por buscar una ciencia que infla y por preocuparse muy poco en servir a Dios. Ellos eligen para sí el camino de la grandeza y no el de la humildad, por lo tanto se envanecen en sus razonamientos (Rom. 1, 21). Grande es, en verdad, el que posee una gran caridad. Grande es el que se considera pequeño y no toma en consideración los honores. Verdadero prudente es el que sacrifica todas las cosas y las tiene por basura por ganar a Cristo (Flp. 3, 8). Auténticamente sabio es, en realidad, el que cumple la voluntad de Dios y renuncia a la suya.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 3. Si los hombres...

  
  5. Si los hombres pusiesen tanto empeño en extirpar los vicios y en cultivar las virtudes cuanto en suscitar sutiles cuestiones filosóficas, no habría tantos males y tantos escándalos entre el pueblo ni tanta relajación en los conventos. Ciertamente, al llegar el día del juicio, no se nos preguntará que leímos, sino que hicimos; ni si hablamos castizamente, sino si vivimos religiosamente.
      Dime: ¿dónde están ahora todos aquellos señores y maestros que tú muy bien conociste cuando aún vivían y florecían en sus estudios? Otros, ahora, ocupan sus altos cargos y de ellos, tal vez, ni siquiera subsiste el recuerdo. Durante su vida parecían valer algo, pero ahora nadie habla de ellos.

viernes, 27 de abril de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 3. En esta vida...

4. En esta vida, toda obra, por buena que sea, se junta con alguna imperfección; y todo razonamiento, por profundo que sea, no va exento de oscuridad. Por lo tanto el humilde conocimiento de ti mismo constituye el camino que te llevará más seguramente a Dios que una docta discusión filosófica.
Desde ya la ciencia no es una culpa, y menos todavía el simple conocimiento de las cosas –que es, en sí, un bien y es ordenado por Dios-, pero siempre es preferible la recta conciencia y la vida virtuosa. Muchos se extravían y no producen frutos buenos, o producen muy pocos, porque se preocupan más en adquirir la ciencia que la santidad de vida.

sábado, 31 de marzo de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 3. Cuánto más...


 3. Cuánto más un alma se haya vuelto firme y simple, tanto más prontamente comprenderá muchos problemas, también difíciles, porque desde arriba recibe la luz para su inteligencia. Un espíritu puro, sólido y simple no se disipa aunque se dedique a muchas ocupaciones, porque todo lo cumple por el honor de Dios, esforzándose en evitar toda búsqueda de sí mismo.
Lo que más te impide y molesta son los deseos no mortificados del corazón.  El hombre recto y piadoso, antes dispone en su interior aquellas obras que debe cumplir exteriormente. Así que no serán éstas las que lo llevarán a deseos malos sino que será él que las doblegará al imperio de la recta razón.
    Nadie se embarca en una lucha más dura de aquel que busca venirse a sí mismo. Y esta debería ser nuestra tarea: vencernos, volvernos cada día mejores y progresar siempre más en el bien.

miércoles, 28 de marzo de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 3.

LA ENSEÑANZA
DE LA VERDAD

   1. Feliz aquel que es adoctrinado directamente por la verdad, así como ella es, y no por figuras y voces que perecen, porque nuestra opinión y nuestro sentido con frecuencia nos engañan y son de corta mirada.
¿ A qué sirve una amplia y sutil discusión acerca de cosas ocultas y oscuras por las cuales, en el juicio final, no seremos considerados responsables si las hemos ignorado? Gran necedad es descuidar lo útil y necesario para dedicarnos a las curiosidades y a lo perjudicial. Tenemos ojos y no vemos (cfr. Jer. 5, 21).
  2. ¿Qué nos importa el problema de los géneros y de las especies?* Aquel a quien habla el Verbo Eterno no se preocupa de muchas opiniones. De aquella sola Palabra proceden todas las cosas y todas las cosas proclaman aquella sola Palabra; ella es el principio que continua hablando a los hombres. Sin esa Palabra nadie entiende y nadie juzga rectamente.
  Solamente quien siente todas las cosas como si fueran una sola, las lleva hacia la unidad y las ve todas en la unidad, puede poseer la paz interior y vivir en Dios con toda tranquilidad. Oh Dios, tú que eres la misma Verdad, haz que yo sea una sola cosa contigo, en un amor sin fin.
  A menudo me canso de leer y oir tantas cuestiones: lo que yo quiero y deseo, únicamente se halla en ti. Callen todos los maestros; enmudezcan ante ti todas las criaturas: tú sólo háblame.


* Términos de la filosofía escolástica. Género, en lógica es la clase que tiene más extensión y, por lo tanto, menos comprensión que el género. La especie está lógicamente subordinada al género (N. de T.)

domingo, 25 de marzo de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 2. Cuanto mayor...


 3. Cuanto mayor y más profundo sea tu saber, tanto más severamente serás juzgado, a menos que no hayas vivido santamente.
 No quieras, pues, enaltecerte por alguna de las artes o ciencias, teme por el contrario, por el conocimiento que de ellas se te ha dado. Aunque te parezca que sabes muchas cosas o tienes buena inteligencia, has de saber que también son muchas más las que ignoras.

No tengas pensamientos de orgullo (Rom. 11, 20), más bien confiesa tu ignorancia. ¿Por qué quieres ponerte por encima de los demás habiendo tantos otros más doctos y más peritos en la ley que tú? Si deseas saber y conocer algo espiritualmente útil, aprende a ser ignorado y considerado una nulidad.

      4. La ciencia más profunda y más útil es conocerse a sí mismo y despreciarse. La más elevada sabiduría y perfección consiste en no ser apreciado y en tener a los demás en buena y elevada opinión. Aunque veas a otro pecar abiertamente o cometer algo grave, no debes por eso considerarte mejor que él porque no sabes por cuánto tiempo podrás perseverar en el bien. Todos somos débiles, pero no debes considerar a nadie más frágil que tú.

martes, 20 de marzo de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 2. Todo hombre...


HUMILDE APRECIO
DE SI MISMO

1. Todo hombre, por naturaleza, desea ser erudito. Pero, ¿qué importa la ciencia sin el temor de Dios? Ciertamente vale mucho más un humilde campesino que sirve a Dios que un filósofo soberbio que descuida a sí mismo e investiga las leyes del universo.
El que se conoce bien se considera de poco valor y no busca la aprobación de los hombres. Ante Dios, que me juzgará por mis acciones, ¿de qué me aprovechará el poseer toda la ciencia del mundo si no tengo caridad?
 2. No te domine demasiado el deseo de saber, porque en él encontrarás una desviación grande y un grave engaño. Los hombres de ciencia quieren aparecer y ser llamados sabios. Pero hay muchas cosas que su conocimiento poco o nada ayuda al alma. Y muy necio es aquel que atiende a muchos asuntos que nada le aprovechan a su salvación.
      Las muchas palabras no llenan el alma, pero la vida buena consuela al espíritu y una conciencia pura produce una gran confianza en Dios.

lunes, 19 de marzo de 2012

La Imitación de Cristo. Vanidad es...

4. Vanidad es, por lo tanto, buscar las riquezas perecederas y poner en ellas nuestras esperanzas. Vanidad es, también, ambicionar los honores y ensalzarse sobremanera. Vanidad es seguir los deseos carnales y codiciar y todo aquello por lo cual, un día, se deba ser gravemente castigado. Vanidad es ansiar una vida larga y preocuparse muy poco de vivirla bien. Vanidad es dejarse absorber sólo por la vida presente sin tener en cuenta la futura. Vanidad es aficionarse a lo que pasa con suma celeridad sin inquietarse para llegar allá donde los goces son eternos.
5. Recuerda con frecuencia el proverbio: No se sacia el ojo de ver, ni el oído se harta de oír (Ecl. 1, 8).
Esfuérzate, en consecuencia, para que tu corazón sea alejado del amor a las cosas visibles de acá abajo y sea llevado hacia las invisibles de arriba. Todos aquellos que se dejan llevar por sus sentidos, manchan su conciencia y pierden la gracia de Dios.