domingo, 12 de junio de 2011

Oración al Espíritu Santo - Secuencia de Pentecostés


Ven Espíritu Divino, 
manda tu luz desde el cielo. 
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huesped del alma, 
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, 
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, 
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre 
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, 
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, 
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones 
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia 
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. Amén.





viernes, 10 de junio de 2011

Al Corazón de Jesús. Canción

Quiero hablar de un amor infinito
que se vuelve niño frágil,
 amor de hombre humillado.
Quiero hablar de un amor apasionado.

Con dolor carga nuestros pecados,
siendo Rey se vuelve esclavo,
fuego de amor poderoso,
Salvador, humilde, fiel, silencioso.


Amor que abre sus brazos de acogida,
quiero hablar del camino hacia la vida,
corazón paciente, amor ardiente.
Quiero hablar de Aquél que vence a la muerte.


Quiero hablar de un amor generoso
que hace y calla amor a todos
buscándonos todo el tiempo,
esperando la respuesta al encuentro.


Amor que abre sus brazos de acogida,
quiero hablar del camino hacia la vida,
corazón paciente, amor ardiente.
Quiero hablar de Aquél que vence a la muerte.


Quiero hablar de un amor diferente,
misterioso, inclaudicable,
amor que vence en la cruz:
quiero hablar del Corazón de Jesús.


Amor que abre sus brazos de acogida,
quiero hablar del camino hacia la vida,
corazón paciente, amor ardiente.
Quiero hablar de Aquél que vence a la muerte.

En el Corazón de Cristo está la Redención del hombre

    
      El Santo Padre, Juan Pablo II, ha querido comenzar su pontificado con una Carta Encíclica, titulada "El Redentor del Hombre". Consideremos algunas de sus expresiones. En el n° 8, mirando los inmensos progresos materiales que hay en el mundo, se pregunta el Papa: "¿El mundo de la nueva época, el mundo de los vuelos cósmicos, el mundo de las conquistas científicas y técnicas, no es al mismo tiempo el mundo que gime y sufre y está esperando la manifestación de Dios?" Verdaderamente el hombre moderno, también y mucho, necesita la Redención, la Salvación.  ¿Y dónde encontrará esta salvación, este renacimiento? ¡Pues en Cristo!

     Dice el Papa: "La Redención del mundo (ese misterio tremendo del amor, en el que la Creación es renovada) es, en su raíz más profunda, la plenitud de toda justicia y de toda santidad, en un corazón humano, en el CORAZÓN DE CRISTO; para que él pueda hacerse justicia y santidad para los corazones de los hombres, los cuales han sido predestinados desde la eternidad a ser hijos de Dios" (n°9).

     El hombre, pues, debe acercarse al Corazón Humano de Cristo. donde se realiza la salvación de todos los corazones humanos. En el Corazón de Cristo está la Redención del Hombre. El hombre se redime en el Corazón de Cristo; en Cristo y por Cristo.

     Dice el Papa: "En Jesucristo , todo el mundo visible adquyiere nuevamente, el vínculo original con la misma fuente divina de toda sabiduría y amor" (n°8).
Acercarnos al Corazón de Cristo, es acercarnos a la Redención, a la Salvación, a un nuevo Renacimiento espiritual.

     ¡Señor, tú eres el Redentor del Hombre! Tú eres el que pagó con su sangre, el rescate de todos. No sólo arriesgaste tu vida, sino que la entregaste. No sólo ao sólo fue tu alma y tu espíritu, fue tu mismo Corazón el que nos redimió.

     Libertadores hay muchos en las historias de los pueblos, que acaso los liberaron de las opresiones políticas, económicas o sociales... pero Tú, sólo Tú, eres Redentor. Nos rescataste pagando tu sangre divina, con tu vida divina.

     Te pedimos, oh, Señor, que cada día nos acerquemos más a ti y mejor te conozcamos; que cada día, nos confiermos plenamente a tu Corazón Divino. Te pedimos que muchos sean los que por este camino que es tu Duvino Corazón, encuentren la Redención.

     El hombre moderno, cansado de tantas filosofías y de tantos discursos; desilusionado de todo su poder y su técnica, necesita encontrarte y en tu Corazón, beber las aguas vivas de una nueva creación, de una nueva existencia.

Fuente: Mes del Sagrado Corazón de Jesús. Pbro. Luis Astigarraga

     Pueden leer aquí, si lo desean, la carta encíclica Redemptor hominis (Redentor del hombre) escrita por Su Santidad Juan Pablo II. Nada mejor que leer detenidamente las esclarecedoras palabras que Juan Pablo II escribiera al inicio de su pontificado, en 1979, sobre el misterio de la Redención.

jueves, 9 de junio de 2011

¿Quién es el Espíritu Santo?

     El Espíritu Santo es Dios, como lo son el Padre y el Hijo. El Espíritu está presente desde el origen mismo de la creación (Génesis 1,2 y 2,7) Santo y reaparece continuamente en la historia del Pueblo de Dios, manifestándose de diferentes maneras a diversos hombres y mujeres. Éstos tuvieron la sensibilidad de percibirlo y se dejaron seducir por él, desde reyes y profetas a pescadores pobres y sin escuela.

    En el Nuevo Testamento se habla con frecuencia del Espíritu Santo. También se lo llama "Espíritu de Dios", "del Padre de ustedes", "de Jesús", "de verdad", "de vida", el "Consolador", entre otros nombres. Algunos de ellos expresan claramente que este procede del Padre y del Hijo. Además, es presentado en su acción con los símbolos de la paloma, el viento, el fuego, el agua, el sello que marca...

     El uso de esta simbología no debe hacernos olvidar que el Espíritu es Persona y en la Biblia se le atribuye facultades y actividades propias de los seres humanos: tiene inteligencia (Romanos 8, 27), voluntad (1 Corintios 12,11), sentimientos (Efesios 4,30 y Rom 8,27), se revela (2 Pedro 1,21) enseña (Juan 14,26), da testimonio (Gálatas 4,6) intercede (Rom 8,26), habla (Apocalipsis 2,7), ordena (hechos 16,6-7), se lo puede entristecer (Efesios 4,30), engañar (Hechos 5,3) y hasta hablar en su contra (Mt 12,31-32).

     El Espíritu Santo es el soplo de Dios, el aliento vital que transforma nuestra realidad creando un corazón nuevo en el Pueblo de Dios, fortaleciéndolo, animándolo desde adentro, convirtiéndolo en testigo de su fe. Este Espíritu se manifiesta, ante todo, en Jesús, que luego nos lo envía para que conozcamos la voluntad de Dios y demos fruto.

     Con Pentecostés (Hechos 2,1-11), la creación y el mundo entero reciben un nuevo impulso. Al mismo tiempo las comunidades cristianas se vuelven misioneras y se lanzan sin temor a anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos. La Iglesia naciente experimenta la acción del Espíritu porque es purificada por Él; el Espíritu la inspira, le da unidad y fortaleza, preside las decisiones de la Comunidad y la construye.

Fuente: 
Celebremos la Pascua y Pentecostés de Miguel Varela CMF

Oremos: 


Ven Espíritu Creador

Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles
y llena de la divina gracia los corazones,
que Tú mismo creaste.
Tú eres nuestro Consolador,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tu, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía,
y puestos bajo tu dirección, evitaremos todo lo nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos. Amén.

V. Envía tu Espíritu y serán creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.