Mostrando entradas con la etiqueta Beato Juan Pablo II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Beato Juan Pablo II. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de junio de 2013

Misterio de Fe. Homilía de Juan Pablo II 1-06-97



¿Qué nos decía Juan Pablo II acerca de la Eucaristía hace 16 años atrás? Veamos:

VIAJE APOSTÓLICO A POLONIA
CLAUSURA DEL 46º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Wrocław, domingo 1 de junio de 1997

«Statio orbis»

          1. El 46 Congreso eucarístico internacional está llegando a su momento culminante: la «Statio orbis» En torno a este altar se reúne hoy espiritualmente la Iglesia de todos los continentes del globo terrestre. Desea hacer una vez más, delante del mundo entero, la solemne profesión de fe en la Eucaristía y cantar el himno de acción de gracias por este inefable don del amor divino. En verdad, «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1). La Eucaristía es fuente y culmen de la vida de la Iglesia (cf. Sacrosanctum Concilium, 10). La Iglesia vive de la Eucaristía; en ella encuentra las energías espirituales para cumplir su misión. La Eucaristía le da el vigor para crecer y mantenerse unida. La Eucaristía es el corazón de la Iglesia.

domingo, 13 de mayo de 2012

A casi 30 años de la primera visita de Juan Pablo II a nuestro país.



Juan Pablo II visita a Nuestra Señora de Luján  

      En 1982, a raíz del conflicto armado ocurrido entre nuestro país y Gran Bretaña, que desencadenara la guerra de Malvinas en el Atlántico Sur, Su Santidad Juan Pablo II realiza la primera visita a nuestro país durante los días 11 y 12 de junio de ese mismo año. 
      Con estas palabras expresaba la razón por la cual hacía este viaje pastoral a nuestro país: " Vengo a orar por todos aquellos que han perdido la vida: por las víctimas de ambas partes; por las familias que sufren como lo hice igualmente en Gran Bretaña. Vengo a orar por la paz, por una digna y justa solución del conflicto armado."
       Así fue como visitó, en dicha oportunidad, la Basílica de Nuestra Señora de Luján, oró por nuestro pueblo argentino y lo consagró a nuestra Madre de Luján.
      Fue emocionante esa visita y sobre todo necesaria, para restablecer la paz y para sostén de nuestra patria en ese momento tan difícil que estábamos atravesando como nación. 
      Nos sentimos acogidos como un padre lo hace con sus hijos cuando estos pasan por momentos de dolor y desconsuelo ante lo inevitable: las pérdidas de tantas vidas jóvenes a causa de la muerte provocada por la falta de entendimiento de los pueblos cuando la conciliación, que evita el derramamiento de sangre, no es la primera estrategia a considerar desde ambas partes. 
       Era ese también el último año en que nos encontraríamos bajo el gobierno de la Junta Militar, que bajo la excusa de la Reorganización Nacional provocara la muerte de miles de personas en el período más triste y vergonzoso de nuestra historia nacional, conocido como "proceso militar". Gracias a Dios en 1983 se produciría el retorno de la Democracia.

      Durante la misa, en la homilía, el Papa nos decía:

      "Amadísimos hermanos y hermanas, ante la hermosa basílica de la “Pura y Limpia Concepción” de Luján nos congregamos esta tarde para orar junto al altar del Señor. A la Madre de Cristo y Madre de cada uno de nosotros queremos pedir que presente a su Hijo el ansia actual de nuestros corazones doloridos y sedientos de paz. A Ella que, desde los años de 1630, acompaña aquí maternalmente a cuantos se la acercan para implorar su protección, queremos suplicar hoy aliento, esperanza, fraternidad. Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma."
      "Sabed ser también hijos e hijas de esta Madre, que Dios en su amor ha dado al propio hijo como Madre."
      "Aprended a mirar de esta manera, particularmente en los momentos difíciles y en las circunstancias de mayor responsabilidad; hacedlo así en este instante en que el Obispo de Roma quiere estar entre vosotros como peregrino, rezando a los pies de la Madre de Dios en Luján, santuario de la nación argentina."

    CONSAGRACIÓN DEL PUEBLO ARGENTINO A LA VIRGEN DE LUJÁN

      "¡Hijos e hijas de la tierra argentina, que os encontráis reunidos en este santuario de Luján! ¡Dad gracias al Dios de vuestros padres por la elevación de cada hombre en Cristo, Hijo de Dios!  Desde este lugar en que mi predecesor Pío XII creyó llegar 'al fondo del alma del gran pueblo argentino' (12-10-1947) seguid creciendo en la fe y en el amor al hombre. Y Tú, Madre, escucha a tus hijos e hijas de la nación argentina, que acogen como dirigidas a ellos las palabras pronunciadas desde la cruz: ¡He ahí a tu hijo! ¡He ahí a tu Madre! En el misterio de la redención, Cristo mismo nos confió a Ti, a todos y cada uno.
 Al santuario de Luján hemos venido hoy en el espíritu de esa entrega. Y yo - Obispo de Roma - vengo también para pronunciar este acto de ofrecimiento a Ti de todos y cada uno.  De manera especial te confío todos aquellos que, a causa de los recientes acontecimientos, han perdido la vida: encomiendo sus almas al eterno reposo en el Señor. Te confío asimismo los que han perdido la salud y se hallan en los hospitales, para que en la prueba y el dolor sus ánimos se sientan confortados. Te encomiendo todas las familias y la nación. Que todos sean partícipes de esta elevación del hombre en Cristo proclamada por la liturgia de hoy. Que vivan la plenitud de la fe, la esperanza y la caridad como hijos e hijas adoptivos del Padre Eterno en el Hijo de Dios. Que por tu intercesión, oh Reina de la paz, se encuentren las vías para la solución del actual conflicto, en la paz, en la justicia y en el respeto de la dignidad propia de cada nación. Nuestra Señora de Luján, escucha a tus hijos, muéstrales a Jesús, el Salvador, como camino, verdad, vida y esperanza.  Así sea."

martes, 24 de mayo de 2011

Domingo 5°de Pascua Ciclo A 22-05-11

 
Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7. 

      En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
      Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: "No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas.
      Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea.
      De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra".
      La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía.
       Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos.
      Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.

Salmo 33(32),1-2.4-5.18-19. 

Aclamen, justos, al Señor; 
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara, 
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
Porque la palabra del Señor es recta 
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho, 
y la tierra está llena de su amor.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, 
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte 
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

Epístola I de San Pedro 2,4-9. 

      Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.
      Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido.
       Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular:
piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada.
       Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz.

Evangelio según San Juan 14,1-12.
 
     "No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.
     Ya conocen el camino del lugar adonde voy".
     Tomás le dijo: "Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?".
     Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".
     Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta".
Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: 'Muéstranos al Padre'?
     ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
     Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
     Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. 

Reflexión. Tomada de "...y habitó entre nosotros" de Juan A. Pujol O.F.M.

Caminando en la verdad hacia la vida

       Cristo es Camino. Siguiendo sus huellas, la Iglesia se va construyendo y va avanzando hacia la Jerusalén celestial. Pero es también Verdad y Vida.
El hombre moderno tiende a concebir la verdad como algo merarmente intelectual, cuando no lo reduce al fruto de la constatación de los sentidos. La verdad de que habla Jesús es la plena verdad, la verdad que es camino a la vida, la verdad que es revelación del misterio profundo de la vida.
       La verdad no es para ser meramente contemplada, sino para ser vivida. No no es dada en posesión, sino para que la sirvamos. Es la verdad quien nos toma a nosotros, nos envuelve y nos desborda.
       Cristo es el camino que lleva en la verdad hacia la vida en razón de ser uno con el Padre. No es simplemente un gran hombre, es el Hijo eterno del Dios único. Viéndolo a él, vemos al Padre. La conducta de Jesús resulta a veces incomprensible, sobre todo a los pecadores. Es el misterio mismo de Dios que se nos presenta en él, no para confirmar e ilustrar las deduccciones de los filósofos, sino para mostrarnos dimensiones insospechables del amor de Dios hacia los hombres.
       En razón de su misma divinidad, Jesús puede prometernos que las obras que él hace las hará quien crea en él, se confíe en él y se una vitalmente a él por la fe. Es un anticipo de la promesa del Espíritu. La fiesta de Pentecostés asoma en el horizonte. El Espíritu Santo descenderá sobre la comunidad, no para evitar los obstáculos del camino, sino para asegurar que la Iglesia no pierda el rumbo. Hasta la casa del Padre, donde Jesús nos espera porque fue a prepararnos un lugar.



Les dejo este hermoso video de hace 11 años atrás cuando Juan Pablo II se encontró con los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud del año 2.000 en Tor Vergata Roma.
¿Recuerdan que un jovencito se animó a llegar hasta él y conversó? Para él debe haber sido realmente emocionante ese momento que aquí les dejo para que recordemos con cariño a quien ahora, gracias a Dios, fue proclamado beato, y más que nunca está cerca nuestro, intercediendo ante Jesús y María por la Iglesia y por el mundo.

En esa oportunidad Juan Pablo II llamaba a los jóvenes a ser los santos del nuevo siglo. También les dijo:

"Queridos amigos, también hoy creer en Jesús, seguir a Jesús siguiendo las huellas de Pedro, de Tomás, de los primeros Apóstoles y testigos, conlleva una opción por Él y, no pocas veces, es como un nuevo martirio: el martirio de quien, hoy como ayer, es llamado a ir contra corriente para seguir al divino Maestro, para seguir “al Cordero a dondequiera que vaya” (Ap 14,4). No por casualidad, queridos jóvenes, he querido que durante el Año Santo fueran recordados en el Coliseo los testigos de la fe del siglo XX."

Si quieren leer todo el discurso que el Papa diera en esa oportunidad pueden leerlo aquí

 Ese desafío que el Papa le planteaba a los jóvenes debe movernos también a nosotros para llegar también nosotros a ser santos desde lo cotidiano y a pesar de las problemáticas actuales.

La canción del video se llama "Jesus Christ you are my life "


Jesus Christ, you are my life

 (Marco Frisina)


Fratelli e Sorelle! Non abbiate paura di 
accogliere Cristo e di accettare la sua potestà! 
E, con la potestà di Cristo, servire l'uomo e l'umanità intera! 
Non abbiate paura! Aprite, anzi, spalancate le porte a Cristo!

Jesus Christ, you are my life,
alleluia, alleluia.
Jesus Christ, you are my life.
You are my life, alleluia.
Tu sei via, sei veritá,
tu sei la nostra vita,
camminando insieme a te
vivrem o in te per sempre.

Jesus Christ, you are my life,
alleluia, alleluia.
Jesus Christ, you are my life.
You are my life, alleluia.

En el gozo caminaremos
trayendo tu evangelio;
testimonios de caridad,
hijos de Dios en el mundo.
Jesus Christ, you are my life,
alleluia, alleluia.

Jesus Christ, you are my life.
You are my life, alleluia.

Tu nous rassembles dans l´unité
réunis dans ton grand amour,
devan toi dans la joie
nous chanterons ta gloire.
Jesus Christ, you are my life,
alleluia, alleluia.
Jesus Christ, you are my life.
You are my life, alleluia.

domingo, 8 de mayo de 2011

Domingo 3° de Pascua. Ciclo A. 8-05-11


Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33.
 
     Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
   Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
     En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
    Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
     A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen.

Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.

Mictán de David. Protégeme,
Dios mío, porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
"Señor, tú eres mi bien,
no hay nada superior a ti".
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha.


Epístola I de San Pedro 1,17-21.

     Y ya que ustedes llaman Padre a aquel que, sin hacer acepción de personas, juzga a cada uno según sus obras, vivan en el temor mientras están de paso en este mundo.
     Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes.
     Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.

Evangelio según San Lucas 24,13-35.

     Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
     Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
     El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!". "¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
     Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
     Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".
    Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
     ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"
     Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
     Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".
     En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!".
    Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Reflexión por el Beato Juan Pablo II. Carta apostólica «Mane nobiscum Domine»


"Quédate con nosotros"
 
        Cuando los discípulos de Emaús le pidieron que se quedara "con" ellos, Jesús contestó con un don mucho mayor. Mediante el sacramento de la Eucaristía encontró el modo de quedarse "en" ellos. Recibir la Eucaristía es entrar en profunda comunión con Jesús. "Permaneced en mí, y yo en vosotros" (Jn 15,4). Esta relación de íntima y recíproca "permanencia" nos permite anticipar en cierto modo el cielo en la tierra. ¿No es quizás éste el mayor anhelo del hombre? ¿No es esto lo que Dios se ha propuesto realizando en la historia su designio de salvación? Él ha puesto en el corazón del hombre el «hambre» de su Palabra (Am 8,11), un hambre que sólo se satisfará en la plena unión con Él. Se nos da la comunión eucarística para "saciarnos" de Dios en esta tierra, a la espera de la plena satisfacción en el cielo.
        Pero la especial intimidad que se da en la "comunión" eucarística no puede comprenderse adecuadamente ni experimentarse plenamente fuera de la comunión eclesial... La Iglesia es el cuerpo de Cristo: se camina "con Cristo" en la medida en que se está en relación «con su cuerpo». Para crear y fomentar esta unidad Cristo envía el Espíritu Santo. Y Él mismo la promueve mediante su presencia eucarística. En efecto, es precisamente el único Pan eucarístico el que nos hace un solo cuerpo. El apóstol Pablo lo afirma: "Un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan"(1 Co 10,17).

 El peregrino de Emaús

¿Qué venías conversando?
me dijiste, buen amigo;
y me detuve asombrado
a la vera del camino.
¿No sabes lo que ha pasado
allá en Jerusalén?
De Jesús de Nazareth
a quien clavaron en la cruz,
por eso me vuelvo triste
a mi aldea de Emaús.

Por el camino de Emaús
un peregrino iba conmigo
no lo conocí al caminar
ahora sí, en la fracción del pan.

Van tres días que se ha muerto
y se acaba mi esperanza.
Dicen que algunas mujeres
al sepulcro fueron al alba.
Pedro, Juan y algunos otros
hoy también allá buscaron.
Mas se acaba mi confianza
no encontraron a Jesús
por eso me vuelvo triste
a mi aldea de Emaús.

Hizo seña de seguir
más allá de nuestra aldea
y la luz del sol poniente
parecía que muriera.
Quédate forastero,
ponte a la mesa y bendice
y al destello de su luz
en la bendición del pan
mis ojos reconocieron
al amigo de Emaús.
 

jueves, 21 de abril de 2011

Jueves Santo en la Cena del Señor Ciclo A. 21-04-11. Lecturas y comentario

 
Libro del Exodo 12,1-8.11-14. 

Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:
Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año.
Digan a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia.
Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.
Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito.
Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel.
Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman.
Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.
Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.
Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.
La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.
Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

Salmo 116(115),12-13.15-16bc.17-18.

¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.
¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas.

Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo,

Carta I de San Pablo a los Corintios 11,23-26.  

Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan,
dio gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía".
Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Evangelio según San Juan 13,1-15.  

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".
"No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
"Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".
Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. 

Comentario de su Santidad Juan Pablo II

"Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva"
 
     "Jesús, sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos..., los amó hasta el extremo." Y he aquí que, durante la cena Pascual, la última antes de su partida al Padre, les revela un nuevo signo: el signo de la Nueva Alianza. "Hasta el extremo" significa: para darse a sí mismo por ellos. Por nosotros. Por todos."Hasta el extremo" significa: hasta el final de los tiempos. Hasta que Él mismo vuelva otra vez.
     Desde la noche de la Última Cena, todos nosotros, hijos e hijas de la Nueva Alianza en la sangre de Cristo, recordamos su Pascua, su partida gracias a muerte en la cruz. Pero no la recordamos solamente. El sacramento del Cuerpo y la Sangre hace presente su sacrificio. Siempre nos hace participar de nuevo. En este sacramento, Cristo crucificado y resucitado, está constantemente con nosotros, siempre vuelve a nosotros bajo la especie de pan y vino, hasta que venga otra vez, con el fin de que el signo de paso a la realidad última y definitiva. ¿Cómo pagaré este amor hasta el extremo?