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sábado, 1 de junio de 2013

Misterio de Fe. Homilía de Juan Pablo II 1-06-97



¿Qué nos decía Juan Pablo II acerca de la Eucaristía hace 16 años atrás? Veamos:

VIAJE APOSTÓLICO A POLONIA
CLAUSURA DEL 46º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Wrocław, domingo 1 de junio de 1997

«Statio orbis»

          1. El 46 Congreso eucarístico internacional está llegando a su momento culminante: la «Statio orbis» En torno a este altar se reúne hoy espiritualmente la Iglesia de todos los continentes del globo terrestre. Desea hacer una vez más, delante del mundo entero, la solemne profesión de fe en la Eucaristía y cantar el himno de acción de gracias por este inefable don del amor divino. En verdad, «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1). La Eucaristía es fuente y culmen de la vida de la Iglesia (cf. Sacrosanctum Concilium, 10). La Iglesia vive de la Eucaristía; en ella encuentra las energías espirituales para cumplir su misión. La Eucaristía le da el vigor para crecer y mantenerse unida. La Eucaristía es el corazón de la Iglesia.

jueves, 3 de enero de 2013

Jueves Sacerdotal

     
      En este primer Jueves Sacerdotal del mes de este año 2013, recemos por nuestros sacerdotes, como lo pide constantemente nuestra Madre la Virgen María en sus mensajes dados en Medjugorje, y ofrezcamos, acercándonos a nuestra iglesia o capilla, nuestra Hora Santa de adoración al Santísimo Sacramento y nuestra comunión durante la misa a Jesús para que estos sean santos y vivan unidos permanentemente a Él. 
      Más que nunca urge rezar. Viendo los acontecimientos que vivimos a diario en nuestros países y frente al general crecimiento de la violencia, (especialmente África y Medio oriente, donde muchos cristianos son perseguidos y asesinados) y de la falta de paz, la Virgen muchas veces nos ha implorado ofrecer reparación por medio del ayuno, de la oración, de la confesión y comunión frecuentes. 
      Nos ha recordado siempre rezar el Rosario, como un medio necesario para alcanzar la paz tan necesaria en este nuestro mundo convulsionado y alejado de Dios.
      No hagamos oidos sordos a su llamado y recemos por las intenciones de nuestra Madre y por las de nuestro Papa Benedicto XVI.
      Las intenciones del papa para este mes son:

GENERAL:"Para que en este "Año de la Fe" los cristianos puedan profundizar en el conocimiento del misterio de Cristo y testimoniar con alegría el don de la fe en Él".

MISIONERA:"Para que las comunidades cristianas de Medio Oriente, con frecuencia discriminadas, reciban del Espíritu Santo la fuerza de la fidelidad y la perseverancia".


ORACION POR LOS SACERDOTES

"Señor Jesús, Pastor Supremo del rebaño,
te rogamos que por el inmenso amor y misericordia
de Tu Sagrado Corazón,
atiendas todas las necesidades de tus sacerdotes.
Te pedimos que retomes en Tu Corazón
todos aquellos sacerdotes que se han alejado de tu camino,
que enciendas de nuevo el deseo de santidad
en los corazones de aquellos sacerdotes
que han caído en la tibieza,
y que continúes otorgando a tus sacerdotes fervientes
el deseo de una mayor santidad.
Unidos a tu Corazón y el Corazón de María,
te pedimos que envíes esta petición a Tu Padre celestial
en la unidad del Espíritu Santo. Amén.



domingo, 29 de julio de 2012

Oración para despertar el deseo de la Eucaristía



Traspasa, dulcísimo Señor mío, Jesucristo,
lo más íntimo y profundo de mi alma
con la flecha suave y saludable de tu amor,
con la más pura y verdadera caridad,
de modo que suspire y se derrita por el amor a ti
y por el deseo de estar contigo.
Haz que busque sólo tu gloria
y que no vea la hora de reunirme contigo definitivamente.
Concédeme que mi alma tenga hambre de ti,
Pan celestial, alimento de los santos,
Pan nuestro de cada día lleno de poder,
de dulzura y suavidad, que hace sentir las delicias
de su celestial sabor
a todos los que se alimentan con él.
Jesús, a quien los ángeles desean siempre contemplar,
haz que mi corazón tenga siempre ansia de ti,
que se alimente de ti
y que en su interior sienta tus consuelos.
Que mi corazón tenga sed de ti,
ya que eres la fuente de la vida,
el manantial de la sabiduría y de la ciencia,
el río de eterna luz,
un torrente de delicias
y la abundancia de la casa de Dios.
Haz que mi alma no ambicione otra cosa
más que estar contigo,
que te busque y te encuentre,
que me dirija a ti y llegue hasta ti;
que piense sólo en ti y no hable más que de ti
y de todo lo que sea para tu gloria.
Otórgame la humildad que necesito,
que desee tu misericordia hasta llenarme de ella,
que sea generoso y ardiente
y así persevere hasta el fin de mi vida.
Jesús, que seas siempre sólo tu
mi única esperanza, la fuente de mi confianza,
mi tesoro, mi encanto, mi amor,
mi alegría y mi descanso,
mi serenidad, mi paz, mi suavidad,
el delicado perfume de mi alma, mi dulzura,
mi refugio y mi sostén, mi ayuda, mi sabiduría,
mi bien y mi riqueza.
Y que sólo en ti, Jesús mío,
estén siempre fijos mis ojos y firme mi corazón. Amén

San Buenaventura


(Quien lo desee, si quiere descargar la oración, pueden hacerlo desde aquí)





¿Quién es san Buenaventura?




      Juan de Fidanza nació en una pequeña ciudad de Toscana (Italia), en el año 1218. Siendo chico sufrió una grave enfermedad por lo que fue desahuciado. Su madre acudió a san Francisco, que tomándolo en sus brazos exclamó "Buena ventura". El niño se curó y con ese nombre se lo conoció de ahí en más. A los veintidos años, vistió el hábito franciscano. Se doctoró en París, el mismo día que santo Tomás de Aquino, con quien mantuvo una estrecha amistad. Tenía sólo 35 años cuando fue nombrado ministro general de la orden, la que guió durante diecisiete años. Al morir Clemente IV, los cardenales no se ponían de acuerdo para designar al nuevo papa. Le pidieron a Buenaventura para que él solo lo señalara. Nombró a Teobaldo, que al asumir, se llamó Gregorio X. Fue consagrado obispo de Albano y cardenal. El santo intervino lúcidamente en el Concilio de Lyon. Allí murió el 15 de julio de 1274.

Reflexionemos

      Pablo, hablando de la verdadera sabiduría, escribe: "Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios" (1 Cor. 3,19). Que nuestro deseo sea conocer a Jesús e imitarlo.


Oremos

Padre nuestro, queremos saborear y difundir 
sólo la sabiduría que procede de la palabra, 
de la vida y del Espíritu de tu Hijo. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.    

Fuente: Los cinco minutos con los santos. Santoral

sábado, 9 de junio de 2012

La Iglesia vive de la Eucaristía (Ecclesia de Eucharistia) Carta Encíclica de Juan Pablo II.



Pueden bajar el texto de la encíclica desde aquí.


CARTA ENCÍCLICA ECCLESIA DE EUCHARISTIA
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II
A LOS OBISPOS, A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS.
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS.
SOBRE LA EUCARISTÍA EN SU RELACIÓN CON LA IGLESIA

INTRODUCCIÓN

1. La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.

Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es « fuente y cima de toda la vida cristiana ».(1) « La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo ».(2) Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor.

2. Durante el Gran Jubileo del año 2000, tuve ocasión de celebrar la Eucaristía en el Cenáculo de Jerusalén, donde, según la tradición, fue realizada la primera vez por Cristo mismo. El Cenáculo es el lugar de la institución de este Santísimo Sacramento. Allí Cristo tomó en sus manos el pan, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: « Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros » (cf. Mt 26, 26; Lc 22, 19; 1 Co 11, 24). Después tomó en sus manos el cáliz del vino y les dijo: « Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados » (cf. Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25). Estoy agradecido al Señor Jesús que me permitió repetir en aquel mismo lugar, obedeciendo su mandato « haced esto en conmemoración mía » (Lc 22, 19), las palabras pronunciadas por Él hace dos mil años.

Los Apóstoles que participaron en la Última Cena, ¿comprendieron el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizás no. Aquellas palabras se habrían aclarado plenamente sólo al final del Triduum sacrum, es decir, el lapso que va de la tarde del jueves hasta la mañana del domingo. En esos días se enmarca el mysterium paschale; en ellos se inscribe también elmysterium eucharisticum.

jueves, 7 de abril de 2011

Creo Señor

Falta poco para llegar a la semana más importante para nuestra fe, entretanto hagamos un repaso por el mensaje que nos dejaban las lecturas del 3°, 4° y 5° domingo inclusive para el que sólo nos falta 3 días.

A lo largo de esta Cuaresma en cada domingo se pone el acento en elementos y signos que se corresponden con un sacramento en particular.
Por ejemplo, en el 3° domingo leíamos el encuentro de Jesús con la samaritana a quién dice: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú misma se lo hubieras pedido y Él te habría dado agua viva.

Jesús también dice: El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la vida eterna.
Jesús es el "Agua viva". Aquella que nos hace renacer a una nueva vida en el espíritu por medio del Bautismo.



 
 

En este 4° domingo lo vemos dándole la vista a un ciego de nacimiento. Esta vez una enfermedad es la via por la cual se manifiesta el poder y la misericordia de Jesús para dar a este hombre, además de la posibilidad de ver con sus ojos humanos, la gracia de ver con los ojos de la fe. Se entabla entre Jesús y el ciego un bellos diálogo:

"¿Crees en el Hijo del hombre?" dice Jesús, el ciego contesta: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?"
Jesús le dice: "Tú lo has visto: es el que te está hablando" Entonces él ciego dice "Creo, Señor", y se postró ante él en señal de adoración. Jesús finalmente dice una gran verdad:

"He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven"
Cristo es La Luz que todo lo ilumina, ilumina nuestra fe para seguir siendo fieles en medio de tanta incredulidad y apostasía, nuestro entendimiento para comprender su Palabra y anunciarla, nuestro corazón para seguir amando a pesar de la frialdad, el rechazo hacia las cosas de Cristo.

¿Quiénes son los que ven? Aquellos que creen en Jesús y en su Palabra, los que tienen un corazón abierto para recibirlo, aquellos que lo aman con sinceridad y se preocupan por ser fieles a su mandato: Amar al prójimo.

¿Quiénes son los que quedan ciegos? Aquellos que cierran su corazón por orgullo y soberbia. Los que creen no necesitar de la misericordia de Dios, los que niegan su existencia o ridiculizan la fe, los que se aman sólo a sí mismos y no son capaces de amar a Dios porque corren toda su vida detrás de los ídolos actuales: dinero,  poder, sexo, reconocimiento personal en lo profesional, tecnología, etc. Todo aquello en lo cual se ponga como centro al hombre mismo. Al interior de estos hombres y mujeres jamás llegará la luz de la fe, porque la rechazan.

Jesús reafirma nuestra fe con la luz y el fuego que descienden de lo alto, por la efusión del Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación. Volvemos a decir "Creo Señor" como lo dijo el ciego de nacimiento.





En este 5° Domingo veremos a Cristo en su parte humana, comovido por la muerte de un amigo, la tristeza y el sutil reproche de los familiares de este amigo conmueve su corazón:  "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas".

Vemos en esta expresión la fe, a pesar del dolor y la muerte. La fe es siempre el requisito para que Cristo obre su milagro en cada persona: la conversión, el cambio definitivo de vida, el paso de la muerte del alma a la vida del espíritu. Más que nunca lo vemos patente en este domingo, en el que Jesús vuelve a la vida a su amigo Lázaro. Siempre se ha de pasar por la puerta de la fe.

Jesús dice también en esta ocasión: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?".
Aquí la hermana de Lázaro realizará una gran confesión de fe: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".

Para aquel que acepta la adversidad con fe, Cristo le revela en el interior del corazón su verdadera identidad: Él es el Mesias, el Hijo de Dios.




Jesús es la Resurrección y la Vida, Él comunica su vida de resucitado a través del sacramento de la Eucaristía, aumentando la vida de gracia de aquel que lo recibe con fe y con las debidas disposiciones: (habiéndose confesado y teniendo al menos 1 hora de ayuno antes de comulgar)
  
 Antiguamente, estas eran las lecturas que se realizaban cuando se formaba a los catecúmenos prontos a recibir el Bautismo para ingresar en la primera comunidad cristiana.
Esto continuamos realizándolo hoy en día en este tiempo de preparación a la gran noche de Pascua. Noche en la que renovaremos nuestras promesas bautismales y responderemos con fe "Sí, creemos"

Aceptemos la salvación que Dios nos ofrece a través de sus Sacramentos, los cuales revitalizan nuestra fe constantemente. El mismo Jesús se halla oculto en ellos, pero es el modo que Él eligió para estar presente en medio de su Iglesia y habitar en ella, fortalecerla y mantenerla en la unidad.  Creemos que esta presencia real de Cristo y que el poder de la gracia de Dios es más fuerte que el poder del mal.

Frase para meditar:

"El que permanece en mí y Yo en él , 
da mucho fruto, porque sin mi 
nada podéis hacer" (Jn. 15,5)

miércoles, 9 de marzo de 2011

La Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios

(continua del post anterior)

Jesús, crea una nueva comunidad, formada en principio por los doce Apóstoles, los discípulos, quiénes fueron enviados a predicar en su nombre, por gente que lo seguía y que creía en su Palabra, aquellos que se convertían  y por algunas mujeres piadosas, junto a su Madre la Virgen María, quien sería luego la que estaría siempre junto a los Apóstoles.
Ésta se constituyó entonces en la primera comunidad cristiana, a partir de la cual se formó la Iglesia.

Los Apóstoles finalmente, luego de 50 días posteriores a la Muerte y Resurrección de Cristo recibirían el Espíritu Santo en Pentecostés, quien los renovaría totalmente y “confirmados” en la fe serían impulsados a la evangelización.


Este contituyó el nuevo Pueblo de Dios, tomado de ese “resto” de Israel que aceptó la fe en la persona de Cristo y que comenzó a celebrar cada domingo la “Fracción del pan”, en recuerdo de la Última Cena, donde Cristo anticipó su sacrificio en la cruz pero sin derramamiento de sangre, dando a sus apóstoles su propio Cuerpo y Sangre en las especies de pan y vino.
Jesús mismo pidió que esto se celebrara: “Hagan esto en conmemoración mía”. Esto es lo que actualmente se conoce como Celebración Eucarítica, lo que hacemos los cristianos cuando participamos en la Misa diaria y más especialmente el día domingo.

¡Cuál es el sentido de la Misa?





Para poder darnos la salvación, Cristo hizo de sí mismo un único sacrificio expiatorio ofrecido al Padre (pero renovado continuamente en cada misa), lo que salvaría a la humanidad de esa muerte eterna puesto que, por el misterio de su Muerte y Resurrección, él ha sido capaz de vencer a la muerte y se ha constituido en esa "Puerta" por la que la humanidad entera debe pasar para vivir en la eternidad, pero debe hacerlo por los mismos medios que Él utilizó: la oración, la fe, la esperanza, la reconciliación, el amor fraterno y el amor a Dios, la mortificación de los sentidos, para alcanzar la perfección a la que Dios nos llama y finalmente, la aceptación y ofrecimiento a Cristo de nuestra propia cruz, que es todo aquello que parece que nos complica y nos hace dura la vida: enfermedades, incomprensiones, dolor, problemas familiares, etc., hasta alcanzar nuestra unión espiritual con Él, ayudados por los medios que Él mismo nos dejó y en lo que Él se halla presente verdaderamente, que son los Sacramentos (especialmente la Reconciliación y Eucaristía), pues sabemos que después de esta vida tenemos la posibilidad de vivir una vida mucho más grande duradera y perfecta, gracias a que Jesús primero la conquistó para todos, sin excepción, a través de su vida de santidad, su sacrificio y muerte redentora.


Los cristianos celebramos cada domingo este sacrificio y participamos leyendo la Palabra, escuchando la homilía del sacerdote que tiene el mandato y el deber de instruir a la comunidad que se reune en torno al misterio de Cristo y a su mesa para recibir el sacramento de la Eucaristía. En este sacramento Cristo mismo todo entero se nos da a sí mismo como alimento espiritual para el alma. Por él recibimos la gracia que nos permite vivir unidos a Él y así mismo crecer en la santidad y en la fe, hasta que nos toque ir a su encuentro, una vez que haya finalizado nuestra misión en este mundo y Dios nos llame a su presencia en la eternidad.