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lunes, 2 de julio de 2012

Día del Papa 29-06-12

      
      La solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo es la fiesta de la unidad de la Iglesia. Desde el siglo III se celebra esta fiesta y ambos han estado unidos en la liturgia y en las celebraciones. Hombres muy distintos con formas de ser muy distintas han sabido estar unidos y permanecer juntos persiguiendo un objetivo común: llevar por el mundo el Evangelio de Nuestro Señor, evangelizar a los hombres y comunicar la Buena Nueva de la salvación en cada rincón del planeta. Hoy también se celebra el día del Papa, el sucesor de san Pedro, el Vicario de Cristo, el hombre que carga sobre sus espaldas la responsabilidad espiritual de la Iglesia Católica. A él le debemos obediencia y respeto y por él debemos orar diariamente.

El Misterio pascual

      1. Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn, 13,1). Dios ama a su criatura, el hombre; lo ama también en su caída y no lo abandona a sí mismo. Él ama hasta el fin. LLeva su amor hasta el final, hasta el extremo: baja de su gloria divina. Se desprende de las vestiduras de su gloria divina y se viste con ropa de esclavo. Baja hasta la extrema miseria de nuestra caída. Se arrodila ante nosotros y desempeña el servicio del esclavo; lava nuestros pies sucios, para que podamos ser admitidos a la mesa de Dios, para hacernos dignos de sentarnos a su mesa, algo que por nosotros mismos no podríamos ni deberíamos hacer jamás.

      Dios no es un Dios lejano, demasiado distante y demasiado grande como para ocuparse de nuestras bagatelas. Dado que es grande, puede interesarse también en las cosas pequeñas. Dado que es grande, el alma del hombre, el hombre mismo, creado por el amor eterno, no es algo pequeño, sino que es grande y digno de su amor. La santidad de Dios no es sólo un poder incandescente, ante el cual debemos alejarnos aterrorizados; es poder de amor y, por esto, es poder purificador y sanador.

Fuente: 
  • Encuentro con la palabra (Junio 2012)
  • Los cinco minutos de Benedicto XVI


viernes, 1 de julio de 2011

Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Día del Papa. 29-06-11

        
        Pedro era natural de Betsaida, cerca del lago de Genesaret, de ahí su trabajo de pescador. De carácter franco y vehemente desde un primer momento creyó en jesús y lo amó sin reservas. Será "pescador de hombres" y luego "piedra fundamental de la Iglesia". Reconoce la Divinidad del Señor: "Tú eres el Hijo de Dios vivo". Afirma sin dudas: "Señor, Tú sabes que te amo", a pesar de lo cual lo niega en la debilidad del miedo. Con la fuerza del Espíritu recorrió incansable muchas tierras llevando el mensaje de Jesús y alentando a las nuevas comunidades. Muríó mártir por la fe en el año 67.

        El nombre original de Pablo era Saulo, que significa "deseado". Nació en Tarso, en Asia Menor, persiguió a los cristianos y los denunciaba a los israelitas. Un día tuvo una visión y oyó la voz del Señor, se hizo defensor de la Iglesia y se convirtió al cristianismo llamándose Pablo. El gran convertido camino a Damasco siente el fuego de una vida nueva que debe comunicar. Con santa impaciencia se lanza a todos los caminos, recorre ciudades, funda cristiandades, designa líderes, escribe cartas ejemplares, afronta peligros.

        Podríamos hacer un Decálogo de su Cristocentrismo: 1) Cristo es su vida. 2) Todo es el amor de Cristo.3) Conocerlo. 4) Gloriarse en su cruz. 5) Su fuerza es la gracia de Cristo. 6) Colaborar con su gracia. 7) Apoyarse en Él. 8) Estar con Él. 9) Sufrir por Cristo. 10) Nada lo separará de su amor.

        Los santos Pedro y Pablo son dos pilares fundamentales de la Iglesia desde sus orígenes. Ambos, con sus distintos modos, fueron testigos del resucitado y entregaron su vida al servicio del anuncio de la Buena Nueva. Ambos, en fin, respondieron a esta pregunta de Jesús: "¿quién dicen que soy yo? Pedro, testigo privilegiado de la resurrección, capitaneó los primeros pasos de la Iglesia de Cristo. Pablo, apasionado e intenso, recorrió los caminos del mundo anunciando la salvación y al Salvador.

        En Roma el emperador Nerón mandó crucificar a Pedro y decapitar a Pablo. Cada 29 de junio conmemoramos a nuestros santos mártires, y elevamos nuestras plegarias para que el Señor proteja constantemente a nuestro Papa Benedicto XVI.