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lunes, 5 de agosto de 2013

Solemnidad de San Pedro y San Pablo 29-06-13

LECTURA
Hech 12, 1-11

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

             El rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de "los panes ázimos". Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él. La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión. De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: "¡Levántate rápido!". Entonces las cadenas se le cayeron de las manos. El Ángel le dijo: "Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias", y Pedro lo hizo. Después le dijo: "Cúbrete con el manto y sígueme". Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión. Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él. Pedro, volviendo en sí, dijo: "Ahora sé que realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío".

Palabra de Dios.

Comentario
El Espíritu Santo vive en la Iglesia. Es espíritu de vida y de libertad. Las cadenas se caen y las puertas se abren cuando dejamos que sea el Espíritu el que nos conduzca. Una iglesia viva y dinámica no puede morir, porque el Espíritu la lanza siempre hacia adelante.

SALMO
Sal 33, 2-9

El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor en todo tiempo, 
su alabanza estará siempre en mis labios. 
Mi alma se gloría en el Señor: 
que lo oigan los humildes y se alegren. 

Glorifiquen conmigo al Señor, 
alabemos su Nombre todos juntos. 
Busqué al Señor: Él me respondió 
y me libró de todos mis temores. 

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, 
y sus rostros no se avergonzarán. 
Este pobre hombre invocó al Señor: 
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. 

El Ángel del Señor acampa 
en torno de sus fieles, y los libra. 
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! 
¡Felices los que en él se refugian! 

SEGUNDA LECTURA
2Tim 4, 6-8. 17-18

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo.

           Querido hijo: Ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación. El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios.

Comentario
Nosotros también, como los apóstoles, esperamos con amor la manifestación de Jesucristo. Como los apóstoles, miramos hacia ese día con esperanza y caminamos en la fe que nos sostiene.

EVANGELIO
Mt 16, 13-19

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

             Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

Palabra del Señor.

Comentario

"Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: 'Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas'. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25, 31-46). Solo el que sirve con amor sabe custodiar" (Papa Francisco, homilía de la asunción de su pontificado, 19/3/13).

SANTA MISA E IMPOSICIÓN DEL PALIO
A LOS NUEVOS METROPOLITANOS
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana
Sábado
 29 de junio de 2013

  Señores cardenales,
Su Eminencia, el Metropolita Ioannis,
venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:

            Celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo. Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia.

             Saludo cordialmente y con gratitud a la delegación del Patriarcado de Constantinopla, guiada por el Metropolita Ioannis. Agradezco al Patriarca ecuménico Bartolomé I por este Nuevo gesto de fraternidad. Saludo a los señores embajadores y a las autoridades civiles. Un gracias especial al Thomanerchor, el coro de la Thomaskirche, de Lipsia, la iglesia de Bach, que anima la liturgia y que constituye una ulterior presencia ecuménica.
Tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?

sábado, 30 de junio de 2012

Santos Pedro y Pablo 29-06-12

      

       Jesús pregunta: "Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?". En realidad esta es la misma pregunta que vuelve a dirigir el Señor a cada uno de nosotros, para que revisemos qué lugar está ocupando él en este momento de nuestras vidas. Pedro toma la iniciativa, y es lo que Jesús estaba esperando. Y Pedro, iluminado por el Padre Celestial, responde con una clara confesión de fe: "Tú eres el  Mesías, el Hijo de Dios vivo".
     
      Jesús elogia a Pedro por haberse dejado iluminar de esa manera y le hace notar que su respuesta no viene de su inteligencia humana o de sus luces naturales. Su respuesta viene de Dios que lo ha iluminado. Pero al mismo tiempo, el Señor anuncia el lugar particular que ocupará Pedro  en su Iglesia para mantenerla en la verdadera fe. De ahí que Jesús le diga en otro momento: "Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, por tu parte, confirma a tus hermanos. " (Lc. 22,32).
     
      Pablo, por otra parte, ha sido el gran evangelizador de la Iglesia primitiva; incansable e infatigable viajero, fundador de comunidades en el mundo pagano. Gracias a él, la Iglesia no quedó encerrada en las comunidades de Jerusalén, sino que pudo abrirse al mundo. 
Pedro y Pablo juntos nos recuerdan el llamado a comunicar a los hermanos la fe que hemos recibido, sabiendo que el mundo necesita de ese anuncio. Creemos que la fe puede hacer nacer un mundo nuevo. De hecho, Pedro y Pablo, con su misión, ayudaron a cambiar la sociedad pagana de aquella época.
     
      Ellos nos enseñan a alimentar una esperanza comunitaria, porque no esperamos sólo para nosotros, sino para el mundo y la historia donde estamos insertos. En realidad esta es la dinámica propia del amor, por el cual se hace particularmente presente en la historia el dinamismo del Espíritu Santo, que nos arroja a lo insospechado. Estamos llamados a vivir el gozo de cooperar con la novedad del Espíritu. Pero hay que dejar la cómoda orilla y arrojarse "mar adentro" (Lc 5, 1-11), venciendo los miedos (Mc 4, 35-41) con la mirada puesta en Cristo (Mt. 14, 22-33). Es el gozo de decir a los demás que "hemos encontrado al Mesias." (Jn. 1, 41-45).
Cuando dejamos que el Espíritu Santo -que brota del corazón del Resucitado- nos impulse en esta tarea, seguramente experimentamos las maravillas que él puede hacer en los corazones, y nos admiramos viendo lo que puede lograr su gracia.
     
       Eso es lo que vivió intensamente san Pablo, que predicaba el Evangelio "no sólo con palabras, sino también con poder y con el Espíritu Santo, con plena persuasión" (1 Tes. 1, 5). También san Pedro hablaba de este precioso Evangelio predicado "en el Espíritu Santo" (1Ped 1, 12).
     
      Es el mismo gozo de los discípulos de Emaus que sintieron "arder su corazón" junto a cristo y por eso salieron a comunicarlo a los demás: " ¡Es verdad, el Señor ha resucitado!" (Lc 24, 34).

Oración: 

      Señor, derrama sobre nosotros la esperanza activa, la confianza de que el mundo puede ser mejor si en él penetran tu luz, tu verdad, tu amor, tu vida. Danos la certeza de que comunicando tu Evangelio podremos cambiar el mundo, y derrama tu espíritu para que podamos hacerlo.

Fuente: El Evangelio de cada día

Película El libro de los Hechos

viernes, 1 de julio de 2011

Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Día del Papa. 29-06-11

        
        Pedro era natural de Betsaida, cerca del lago de Genesaret, de ahí su trabajo de pescador. De carácter franco y vehemente desde un primer momento creyó en jesús y lo amó sin reservas. Será "pescador de hombres" y luego "piedra fundamental de la Iglesia". Reconoce la Divinidad del Señor: "Tú eres el Hijo de Dios vivo". Afirma sin dudas: "Señor, Tú sabes que te amo", a pesar de lo cual lo niega en la debilidad del miedo. Con la fuerza del Espíritu recorrió incansable muchas tierras llevando el mensaje de Jesús y alentando a las nuevas comunidades. Muríó mártir por la fe en el año 67.

        El nombre original de Pablo era Saulo, que significa "deseado". Nació en Tarso, en Asia Menor, persiguió a los cristianos y los denunciaba a los israelitas. Un día tuvo una visión y oyó la voz del Señor, se hizo defensor de la Iglesia y se convirtió al cristianismo llamándose Pablo. El gran convertido camino a Damasco siente el fuego de una vida nueva que debe comunicar. Con santa impaciencia se lanza a todos los caminos, recorre ciudades, funda cristiandades, designa líderes, escribe cartas ejemplares, afronta peligros.

        Podríamos hacer un Decálogo de su Cristocentrismo: 1) Cristo es su vida. 2) Todo es el amor de Cristo.3) Conocerlo. 4) Gloriarse en su cruz. 5) Su fuerza es la gracia de Cristo. 6) Colaborar con su gracia. 7) Apoyarse en Él. 8) Estar con Él. 9) Sufrir por Cristo. 10) Nada lo separará de su amor.

        Los santos Pedro y Pablo son dos pilares fundamentales de la Iglesia desde sus orígenes. Ambos, con sus distintos modos, fueron testigos del resucitado y entregaron su vida al servicio del anuncio de la Buena Nueva. Ambos, en fin, respondieron a esta pregunta de Jesús: "¿quién dicen que soy yo? Pedro, testigo privilegiado de la resurrección, capitaneó los primeros pasos de la Iglesia de Cristo. Pablo, apasionado e intenso, recorrió los caminos del mundo anunciando la salvación y al Salvador.

        En Roma el emperador Nerón mandó crucificar a Pedro y decapitar a Pablo. Cada 29 de junio conmemoramos a nuestros santos mártires, y elevamos nuestras plegarias para que el Señor proteja constantemente a nuestro Papa Benedicto XVI.