Bienvenidos a este
lugar elegido por la Santísima Virgen. Acabamos de escuchar en el Evangelio uno
de los elogios más hermosos que el mismo Jesús hizo de su madre: “Ella es mi
madre porque escuchó la Palabra y cumplió en su vida la voluntad de Dios. Y mis
discípulos son aquellos que siguen el mismo camino”.
¿Cómo podríamos nosotros, queridos bautizados, conocer la voluntad de Dios en nuestra vida? Tal vez sea este conocimiento uno de los más importantes que debiéramos descubrir cada uno de nosotros para poderlo llevar a la práctica.
¿Cómo podemos llevar a la práctica la voluntad de Dios si no la conocemos? ¿Y el conocimiento dónde lo obtenemos?
Cómo podemos alcanzar este conocimiento sino es a partir del mismo Dios que nos habla, nos dice quién es y nos explica qué es lo que El quiere de nosotros; para qué nos creó y cuáles son los pasos que debemos dar para poder aplicar en nuestra vida esta enseñanza, que una vez que la descubrimos despierta en nosotros esta adhesión a este maestro inefable que es el mismo Dios en su sabiduría, en su amor, en su palabra.
Y así nos habló de múltiples maneras pero mandó a su Hijo –su Palabra– para que se hiciera carne. Y eligió a María, una mujer que le diera la posibilidad al Hijo de Dios de tomar nuestra condición humana. María escuchó este anuncio del Ángel y aunque tenía algunas dudas referidas a este anuncio, termina diciendo “Que se haga en mí tu voluntad. Que se cumpla en mí tu Palabra”, haciendo un acto de profunda disponibilidad no sólo a lo que le proponía Dios sino sobre todo, a la persona de Dios. Una respuesta fiel y de adhesión honda a Dios que la había elegido para encomendarle una misión.
¿Cómo podríamos nosotros, queridos bautizados, conocer la voluntad de Dios en nuestra vida? Tal vez sea este conocimiento uno de los más importantes que debiéramos descubrir cada uno de nosotros para poderlo llevar a la práctica.
¿Cómo podemos llevar a la práctica la voluntad de Dios si no la conocemos? ¿Y el conocimiento dónde lo obtenemos?
Cómo podemos alcanzar este conocimiento sino es a partir del mismo Dios que nos habla, nos dice quién es y nos explica qué es lo que El quiere de nosotros; para qué nos creó y cuáles son los pasos que debemos dar para poder aplicar en nuestra vida esta enseñanza, que una vez que la descubrimos despierta en nosotros esta adhesión a este maestro inefable que es el mismo Dios en su sabiduría, en su amor, en su palabra.
Y así nos habló de múltiples maneras pero mandó a su Hijo –su Palabra– para que se hiciera carne. Y eligió a María, una mujer que le diera la posibilidad al Hijo de Dios de tomar nuestra condición humana. María escuchó este anuncio del Ángel y aunque tenía algunas dudas referidas a este anuncio, termina diciendo “Que se haga en mí tu voluntad. Que se cumpla en mí tu Palabra”, haciendo un acto de profunda disponibilidad no sólo a lo que le proponía Dios sino sobre todo, a la persona de Dios. Una respuesta fiel y de adhesión honda a Dios que la había elegido para encomendarle una misión.
