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domingo, 17 de marzo de 2013

Domingo 5° de Cuaresma Ciclo C 17-03-13

Contra quién apuntamos el dedo 


              Hoy escuchamos el relato de la pasión del Señor. También lo escucharemos el Viernes Santo. Y seguramente algo sentiremos en nuestro interior: compasión por los sufrimientos de Jesús y María, indignación por las falsas acusaciones y la injusticia de los tribunales, lástima porque vemos que alrededor de Jesús hay quienes siguen el ritmo de sus pequeñas cosas como si nada… Así escuchamos y vivimos la Pasión como la mujeres de Jerusalén: se acercan a Jesús para expresar su dolor por la situación de él… y lo que ven a su alrededor. Participan en el drama que se desarrolla en la ciudad y hacen su parte dignamente. El Señor les responde con un cariñoso reproche: “No lloren por mí, lloren más bien por ustedes y por sus hijos”. Otras son las lágrimas de Pedro, que explota en llanto después de recibir una penetrante mirada del Señor. No llora por Jesús ni por las injusticias que ve que se están cometiendo. No siente indignación ninguna. Pedro llora por sí mismo, por su actitud, por haberlo negado tres veces, por el quiebre culpable de su relación con Jesús. Llora por sus culpas y no por las del prójimo ni por la situación que lo conmueve. Podemos imaginar que, con la mirada, Jesús y Pedro se dijeron muchas cosas que ni las palabras pueden expresar. Y las lágrimas de Pedro son la repuesta. Jesús fue al Calvario por personas como Pedro. Junto con él, podemos poner al que la tradición llama Dimas, el buen ladrón. También él lloró por sí mismo, mientras su compañero, condenado como él, sostenía que todos estaban equivocados menos él; y pedía y exigía una liberación milagrosa e inmediata. Hoy comenzamos la Semana Santa. Podemos vivirla como espectadores sensibilizados, hasta podemos participar de las diversas misas y funciones… Pero dejemos que el Señor nos mire, y miremos nuestro interior. Si descubrimos que tenemos razones para llorar… estaremos en el buen camino de encontrarnos con él.
P. Aderico Dolzani, ssp.
LECTURA
Is 43, 16-21

Así habla el Señor: el que abrió un camino a través del mar y un sendero entre las aguas impetuosas; el que hizo salir carros de guerra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos; ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron, se consumieron como una mecha. No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. Me glorificarán las fieras salvajes, los chacales y los avestruces; porque haré brotar agua en el desierto y ríos en la estepa, para dar de beber a mi Pueblo, mi elegido, el pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 125, 1-6

¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones. 

Hasta los mismos paganos decían:
"¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!".
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! 

¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones. 

El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas. 

SEGUNDA LECTURA
Flp 3, 8-14

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

Hermanos: Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia ?la que procede de la Ley? sino con aquélla que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe. Así podré conocerlo a él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a él en la muerte, a fin de llegar, si es posible, a la resurrección de entre los muertos. Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Jn 8, 1-11

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?". Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: "Aquél de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?". Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno ?le dijo Jesús?. Vete, no peques más en adelante".

Palabra del Señor.


Primer Ángelus de Francisco: Dios no se cansa nunca de perdonar. 17-03-13

    El Papa Francisco rezó su primer Ángelus, ante una multitud que abarrotaba la Plaza de San Pedro que quería recibir y escuchar al Papa, les habló, tomando el evangelio del día (Jesús y la adúltera), de la misericordia divina. “El rostro de Dios –dijo a los presentes– es el de un padre que no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”. 

              El Pontífice utilizó papeles pero también improvisó y habló al mundo del perdón y la misericordia. 

lunes, 11 de marzo de 2013

Domingo 4° de Cuaresma Ciclo C 10-03-13


Difícil que los buenos se conviertan
Jesús se explayó en su explicación sobre cómo es el perdón de Dios, mientras se dirigía a los que se creían buenos: fariseos y escribas. Si vemos las cosas desde la mirada de Jesús, notaremos que no se dirige a los pecadores, porque esos ya están con él. Ellos ya saben que tienen que convertirse. El problema lo tienen los buenos... El que se cree bueno se siente seguro y que no necesita de Dios, al menos para su vida espiritual. Reza más por sus necesidades materiales, trabajo, familia o salud, que para alabar a Dios y recordar a los hermanos. Hasta puede recordarse de las necesidades del mundo, hambre y paz, pero en modo teórico y genérico. No puede notar que hay cerca de sí a personas de carne y hueso a las cuales, después de rezar, tiene que cuidar o dedicarse. Pero los buenos también se convierten. Pablo era un buen fariseo, que se tenía por justo, correcto, temeroso de Dios, un hombre ejemplar. Incluso se sentía en el derecho y el deber de corregir a los que se profesaban cristianos... Y, en cierto momento, su vida, dio un vuelco al toparse con Jesús. Lo que queda claro de la parábola del Hijo pródigo - como se la conoce, y que más bien debería ser recordada como la del Padre bueno- es que todos necesitamos cambiar... Tanto el buen hijo que se quedó en casa con su padre, como el que se dio a la buena vida. Porque frente al amor de Dios, nuestro corazón es pobre y chico. A la experiencia del mal cometido, le sigue el deseo de regresar a la paz y el perdón, de querer encontrarnos con Dios, que nos espera sin recriminaciones y sin rechazos, siempre con los brazos abiertos. Pero pasar del dolor y del sufrimiento al arrepentimiento no es fácil. Porque significa reconocer que nos equivocamos y necesitamos pedir perdón. Malos y presuntos buenos por igual. El evangelio nos recuerda, muchas veces, pero nunca como en esta parábola, que el perdón de Dios, y el perdón entre nosotros, es siempre gratis, pero no barato. Porque gratis significa inmerecido, aunque valioso; barato es de poco valor.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Jos 4, 19; 5, 10-12

Lectura del libro de Josué.

Después de atravesar el Jordán, los israelitas entraron en la tierra prometida el día diez del primer mes, y acamparon en Guilgal. El catorce de ese mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó. Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país ?pan sin levadura y granos tostados? ese mismo día. El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 33, 2-7

¡Gusten y vean que bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, 
su alabanza estará siempre en mis labios. 
Mi alma se gloría en el Señor: 
que lo oigan los humildes y se alegren. 

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos. 
Busqué al Señor: Él me respondió 
y me libró de todos mis temores. 

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, 
y sus rostros no se avergonzarán. 
Este pobre hombre invocó al Señor: 
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. 

SEGUNDA LECTURA
2Cor 5, 17-21

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A Aquél que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 15, 1-3. 11-32

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida inmoral. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!'. Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. Él le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

Palabra del Señor.

BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo 14 de marzo de 2010


Queridos hermanos y hermanas:

          En este cuarto domingo de Cuaresma se proclama el Evangelio del padre y de los dos hijos, más conocido como parábola del "hijo pródigo" (Lc15,11-32). Este pasaje de san Lucas constituye una cima de la espiritualidad y de la literatura de todos los tiempos. En efecto, ¿qué serían nuestra cultura, el arte, y más en general nuestra civilización, sin esta revelación de un Dios Padre lleno de misericordia? No deja nunca de conmovernos, y cada vez que la escuchamos o la leemos tiene la capacidad de sugerirnos significados siempre nuevos. Este texto evangélico tiene, sobre todo, el poder de hablarnos de Dios, de darnos a conocer su rostro, mejor aún, su corazón. Desde que Jesús nos habló del Padre misericordioso, las cosas ya no son como antes; ahora conocemos a Dios: es nuestro Padre, que por amor nos ha creado libres y dotados de conciencia, que sufre si nos perdemos y que hace fiesta si regresamos. Por esto, la relación con él se construye a través de una historia, como le sucede a todo hijo con sus padres: al inicio depende de ellos; después reivindica su propia autonomía; y por último —si se da un desarrollo positivo— llega a una relación madura, basada en el agradecimiento y en el amor auténtico.

          En estas etapas podemos ver también momentos del camino del hombre en la relación con Dios. Puede haber una fase que es como la infancia: una religión impulsada por la necesidad, por la dependencia. A medida que el hombre crece y se emancipa, quiere liberarse de esta sumisión y llegar a ser libre, adulto, capaz de regularse por sí mismo y de hacer sus propias opciones de manera autónoma, pensando incluso que puede prescindir de Dios. Esta fase es muy delicada: puede llevar al ateísmo, pero con frecuencia esto esconde también la exigencia de descubrir el auténtico rostro de Dios. Por suerte para nosotros, Dios siempre es fiel y, aunque nos alejemos y nos perdamos, no deja de seguirnos con su amor, perdonando nuestros errores y hablando interiormente a nuestra conciencia para volvernos a atraer hacia sí. En la parábola los dos hijos se comportan de manera opuesta: el menor se va y cae cada vez más bajo, mientras que el mayor se queda en casa, pero también él tiene una relación inmadura con el Padre; de hecho, cuando regresa su hermano, el mayor no se muestra feliz como el Padre; más aún, se irrita y no quiere volver a entrar en la casa. Los dos hijos representan dos modos inmaduros de relacionarse con Dios: la rebelión y una obediencia infantil. Ambas formas se superan a través de la experiencia de la misericordia.  Sólo experimentando el perdón, reconociendo que somos amados con un amor gratuito, mayor que nuestra miseria, pero también que nuestra justicia, entramos por fin en una relación verdaderamente filial y libre con Dios.

          Queridos amigos, meditemos esta parábola. Identifiquémonos con los dos hijos y, sobre todo, contemplemos el corazón del Padre. Arrojémonos en sus brazos y dejémonos regenerar por su amor misericordioso. Que nos ayude en esto la Virgen María, Mater misericordiae.


Fuente:

domingo, 3 de marzo de 2013

Domingo 3° de Cuaresma Ciclo C 3-03-13


La palabra es para convertirnos, no para informarnos 

Algunas personas le contaron a Jesús un hecho de la crónica cruel de su época: Pilato asesinó a unos fieles y mezcló su sangre con la de las víctimas de los sacrificios. Y ante la pregunta, Jesús responde: “No sufrieron esto por malos, como tampoco los que murieron aplastados por la torre de Siloé”. Como nos ocurre a nosotros a veces, ellos buscan en la Palabra una información. Jesús les contesta que esos galileos, si no daban frutos, no eran más culpables que ellos. Jesús habló entonces de los presentes: “Si ustedes no cambian, terminarán de la misma manera”. Y continuó con la parábola de la higuera estéril, para enseñarnos que es necesario dar frutos. Lo que puede servirnos para echar una mirada a nuestros fracasos. Nadie está exento de experiencias frustrantes en la vida. Proyectos de trabajo en los que invertimos tiempo e ilusiones, y que se desmoronaron. Relaciones afectivas del plano familiar o de amistad se desvanecieron en silencio y decepciones. Proyectos de estudio interrumpidos por otras necesidades, o la imposibilidad de completarlos. Y si miramos en nuestro corazón de cristianos, de creyentes, también podemos experimentar la falta de frutos espirituales. Cada vez que nos acercamos al confesionario o pedimos perdón, estamos aceptando una experiencia de esterilidad. En esos momentos, hay quienes piensan que todo está perdido. La depresión serpentea en nuestra sociedad más de lo que aparenta. Otras veces, nos proponemos cambiar la próxima vez, algún día, más adelante, en el futuro... Y la vida continúa estéril. Jesús nos enseña que siempre hay otra oportunidad para el que se anima a cambiar. La este- rilidad, la frustración, el pecado, los errores y la depresión nunca son razones para conformarnos con lo que somos. El Señor es quien trabaja su higuera, la riega, la cuida, la abona... y ésta vive, crece, da fruto y se reproduce sin darse cuenta de lo que recibe. Jesús quiere que nos convirtamos ahora.

P. Aderico Dolzani, ssp.

PRIMERA LECTURA
Éx 3, 1-8a. 10. 13-15

Lectura del libro del Éxodo.

Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: "Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?". Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: "¡Moisés, Moisés!". "Aquí estoy", respondió él. Entonces Dios le dijo: "No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa". Luego siguió diciendo: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. El Señor dijo: "Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel. Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas". Moisés dijo a Dios: "Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?". Dios dijo a Moisés: "Yo soy el que soy". Luego añadió: "Tú hablarás así a los israelitas: 'Yo soy' me envió a ustedes". Y continuó diciendo a Moisés: "Tu hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre, y así será invocado en todos los tiempos futuros".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 102, 1-4. 6-8. 11

El Señor es bondadoso y compasivo.

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios. 

Él perdona todas tus culpas
y sana todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura. 

El Señor hace obras de justicia
y otorga el derecho a los oprimidos;
él mostró sus caminos a Moisés
y sus proezas al pueblo de Israel. 

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen. 

SEGUNDA LECTURA
1Cor 10, 1-6. 10-12

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: No deben ignorar que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; y para todos, la marcha bajo la nube y el paso del mar, fue un bautismo que los unió a Moisés. También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo. A pesar de esto, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 13, 1-9

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

En cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él les respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera". Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?'. Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'".

Palabra del Señor.


Dado que nos encontramos en un período de transición en la Iglesia, en espera de la elección del nuevo Papa, durante el período en que la Santa Sede continue en situación de Sede Vacante, continuaré transcribiendo aquí las homilías que su Santidad Benedicto XVI ofreciera para el tiempo de Cuaresma, Ciclo C pero del año 2010. 
Como ustedes saben, los ciclos litúrgicos son tres: A, B y C y cada tres años en la misa del Domingo vuelven a leerse las lecturas que corresponden a cada ciclo, en este caso las que corresponden al tiempo de Cuaresma. 
Es un modo, además, de seguir caminando durante este tiempo itinerante hacia a la Pascua, acompañados por las palabras del Santo Padre, aunque ya no sea esta su función. Sus palabras siempre nos acompañarán, dado que estas se encuentran en el archivo de la página web de la Santa Sede y a disposición de quien quiera leerlas y meditarlas.
Recemos cada día, para que el Espíritu Santo descienda abundantemente durante el tiempo en que se celebre el Cónclave de Cardenales que tendrán la responsabilidad de elegir al nuevo Papa, para que este sea luz para la Iglesia y un hombre que irradie santidad, con un corazón configurado al mismo Corazón de Cristo, verdadera cabeza de la Iglesia y Aquel en quien depositamos toda nuestra confianza y esperanza mientras peregrinamos a la casa del Padre.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Domingo 7 de marzo de 2010

Queridos hermanos y hermanas:

          "Convertíos, dice el Señor, porque está cerca el reino de los cielos" hemos proclamado antes del Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma, que nos presenta el tema fundamental de este "tiempo fuerte" del año litúrgico: la invitación a la conversión de nuestra vida y a realizar obras de penitencia dignas. Jesús, como hemos escuchado, evoca dos episodios de sucesos: una represión brutal de la policía romana dentro del templo (cf. Lc 13, 1) y la tragedia de dieciocho muertos al derrumbarse la torre de Siloé (v. 4). La gente interpreta estos hechos como un castigo divino por los pecados de sus víctimas, y, considerándose justa, cree estar a salvo de esa clase de incidentes, pensando que no tiene nada que convertir en su vida. Pero Jesús denuncia esta actitud como una ilusión: "¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo" (vv. 2-3). E invita a reflexionar sobre esos acontecimientos, para un compromiso mayor en el camino de conversión, porque es precisamente el hecho de cerrarse al Señor, de no recorrer el camino de la conversión de uno mismo, que lleva a la muerte, la del alma. En Cuaresma, Dios nos invita a cada uno de nosotros a dar un cambio de rumbo a nuestra existencia, pensando y viviendo según el Evangelio, corrigiendo algunas cosas en nuestro modo de rezar, de actuar, de trabajar y en las relaciones con los demás. Jesús nos llama a ello no con una severidad sin motivo, sino precisamente porque está preocupado por nuestro bien, por nuestra felicidad, por nuestra salvación. Por nuestra parte, debemos responder con un esfuerzo interior sincero, pidiéndole que nos haga entender en qué puntos en particular debemos convertirnos.

lunes, 25 de febrero de 2013

Domingo 2° de Cuarema Ciclo C 24-2-13

Transfigurarse es cambiar interiormente

          Mientras rezaba, el rostro de Jesús cambió de aspecto. Los apóstoles descubrieron otro Señor, el de la gloria y el triunfo. Su fe se vio robustecida, el testimonio de la voz afianzó su confianza de que el Mesías estaba con ellos. Hay un antes y un después de la transfiguración en la vida de los cuatro apóstoles elegidos por Jesús. Se dio en ellos un gran cambio interior, fruto de haber contemplado al Señor. Creo que todos hemos hecho la experiencia, al menos una vez, de sentirnos llamados a un cambio interior profundo en nuestra vida. Quizás, en un momento de oración, en ocasión de una fiesta, al inicio de una nueva etapa de la vida, en el momento de recibir un sacramento como la primera comunión o el matrimonio, o en el nacimiento de un hijo. Fue el momento en que hemos sido llamados a transfigurarnos; a no tener miedo de cambiar, y dejar que Dios nos transforme; a no dormirnos en lo que somos, para salir de nuestra carpa, segura pero angosta, y subirnos a lo desconocido. Pero no es un cambio imposible, un salto en el vacío, sino real y muy anclado en lo que somos. Si Cristo no transforma nuestro trabajo diario, la fatiga cotidiana puede volverse un martirio. Si el amor de una pareja no es transfigurado en una donación total y definitiva, puede caer en la rutina de la cual se quiere escapar con las recetas de las revistas faranduleras. Si la amistad no es transfigurada por la lealtad en los momentos de crisis, termina siendo una relación de conveniencia. Si la actividad política no es transfigurada por una búsqueda de la justicia y del bien común, termina por convertirse en un corrupto juego de intereses. Si los bienes económicos no son transfigurados por la solidaridad y la generosidad, terminan en la vanidad y la ostentación. Cuando nos exponemos a la luz de Cristo, cuando escuchamos su palabra, cuando comenzamos a caminar como él quiere, todo cambia, y también para nosotros hay un antes y un después de nuestra transfiguración personal. 

P. Aderico Dolzani, ssp.

PRIMERA LECTURA
Gn 15, 5-12. 17-18

Lectura del libro del Génesis.

          Dios dijo a Abrám: "Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas". Y añadió: "Así será tu descendencia". Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. Entonces el Señor le dijo: "Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra". "Señor, respondió Abrám, ¿cómo sabré que la voy a poseer?". El Señor le respondió: "Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma". Él trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám las espantó. Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: "Yo he dado esta tierra a tu descendencia".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 26, 1. 7-9. 13-14

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? 
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
"Busquen mi rostro". 

Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
Tú, que eres mi ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador. 

Yo creo que contemplaré
la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. 

SEGUNDA LECTURA
Flp 3, 17?4, 1

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

          Hermanos: Sigan mi ejemplo y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio. Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 9, 28b-36

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

          Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Él no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: "Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo". Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

Palabra del Señor.

El texto íntegro del último Angelus de Benedicto XVI (24-2-2013)

          A las 12 horas del domingo 24 de marzo, Benedicto XVI ha rezado su último Angelus dominical como Papa. Este es el texto, relativo al  evangelio de la Transfiguración del Señor, de la alocución previa a la oración mariana:
          En el segundo domingo de Cuaresma la Liturgia nos presenta siempre el Evangelio de la Transfiguración del Señor. El evangelista Lucas resalta de modo particular el hecho de que Jesús se transfiguró mientras oraba: la suya es una experiencia profunda de relación con el Padre durante una especie de retiro espiritual que Jesús vive en un monte alto en compañía de Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos siempre presentes en los momentos de la manifestación divina del Maestro (Lc 5, 10; 8, 51; 9, 28).
          El Señor, que poco antes había preanunciado su muerte y resurrección (9, 22), ofrece a los discípulos un anticipo de su gloria. Y también en la Transfiguración, como en el bautismo, resuena la voz del Padre celestial: “Éste es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo” (9, 35).

domingo, 17 de febrero de 2013

Domingo 1° de Cuaresma Ciclo C 17-2-13


La palabra es la fuerza
       A cada persona le llegan las tentaciones según su medida. Santo o pecador, hombre o mujer, cura o laico, rico o pobre, sabio o ignorante, viejo o joven, las tentaciones siempre llegan más a tiempo que el calendario y más a medida que la camisa. Jesús, al encarnarse, aceptó nuestra condición humana. Por eso, no fue la excepción y tuvo las tentaciones conforme su medida de Mesías, Salvador e Hijo de Dios. El diablo quiso hacerlo confiar en los milagros fáciles (convertir las piedras en pan), que es confiar mucho en Dios con el solo fin de ahorrarse el trabajo de buscar el propio sustento con esfuerzo. Jesús venció con la fuerza de la Palabra. Entonces el tentador cambió de piel pero no de maña. Se presentó con un triunfo divino: tirarse del pináculo del templo y ser salvado por Dios que no puede dejar morir a su Hijo: un espectáculo de falsa religiosidad Jesús volvió a vencer con la fuerza de la Palabra. Y finalmente probó con la tentación de las tentaciones: el poder. Le mostró el mundo rendido a los pies de Jesús: la ambición personal enmascarada de religión. Jesús volvió a vencer con la fuerza de la Palabra. No somos Jesús, pero de sus tentaciones no está exento ningún cristiano, ni nosotros, ni nuestras comunidades parroquiales, colegios o familias. Y cuanta más autoridad tengamos, más fuertes serán las tentaciones –claro que siempre a nuestra medida y debilidades–, pero lo suficientemente fuertes como para hacernos tambalear. Siempre hay momentos en que por nuestra mente pasan ideas mágicas, milagreras, triunfalistas o de alianzas con cuanto poder se nos acerque. La tentación es siempre la ocasión para poner las cosas fuera de lugar: nosotros en lugar de Dios, la magia en lugar de la fe, el placer en lugar del sacrifico, mi provecho en lugar del derecho del prójimo… Parece que la tentación siempre trae aparejado el desorden… El contacto cotidiano, o al menos frecuente, con la Palabra de Dios, pone todas las cosas en su lugar. Pone en orden la vida personal y comunitaria, ni más arriba ni más abajo, sino donde deben estar.
P. Aderico Dolzani, ssp.
 PRIMERA LECTURA
Deut 26, 1-2. 4-10

Lectura del libro del Deuteronomio.

       Moisés habló al pueblo diciendo: Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, cuando tomes posesión de ella y te establezcas allí, recogerás las primicias de todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor, tu Dios, las pondrás en una canasta, y las llevarás al lugar elegido por el Señor, tu Dios, para constituirlo morada de su Nombre. El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios: "Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. Él vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. Él nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste". Tú depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 90, 1-2. 10-15

En el peligro, Señor, estás conmigo.

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor:
"Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío". 

No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos. 

Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes. 

"Él se entregó a mí, por eso, yo lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré".

SEGUNDA LECTURA
Rom 10, 5-13

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

       Hermanos: Moisés escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: "El hombre que la practique, vivirá por ella". En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: "No digas en tu corazón: ¿quién subirá al cielo?", esto es, para hacer descender a Cristo. O bien: "¿quién descenderá al Abismo?", esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos. Pero ¿qué es lo que dice acerca de la justicia de la fe? "La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón", es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: "El que cree en él, no quedará confundido". Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que "todo el que invoque el nombre del Señor se salvará".

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 4, 1-13

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

       Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: "Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan". Pero Jesús le respondió: "Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan". Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: "Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá". Pero Jesús le respondió: "Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto". Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra". Pero Jesús le respondió: "Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios". Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

Palabra del Señor.


Angelus de S. S. Benedicto XVI para el I Domingo de Cuaresma (17-2-2013)
Queridos hermanos y hermanas: el miércoles pasado, con el tradicional Rito de las Cenizas, hemos entrado en la Cuaresma, tiempo de conversión y de penitencia en preparación a la Pascua. La Iglesia, que es madre y maestra, llama a todos sus miembros a renovarse en el espíritu, a re-orientarse decididamente hacia Dios, renegando el orgullo y el egoísmo para vivir en el amor.
En este Año de la fe, la Cuaresma es un tiempo favorable para redescubrir la fe en Dios como criterio-base de nuestra vida y de la vida de la Iglesia. Esto implica siempre una lucha, un combate espiritual, porque el espíritu del mal, naturalmente, se opone a nuestra santificación, y trata de hacernos desviar del camino de Dios.
Por esta razón, en el primer domingo de Cuaresma se proclama cada año el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto.