sábado, 9 de junio de 2012

La Iglesia vive de la Eucaristía (Ecclesia de Eucharistia) Carta Encíclica de Juan Pablo II.



Pueden bajar el texto de la encíclica desde aquí.


CARTA ENCÍCLICA ECCLESIA DE EUCHARISTIA
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II
A LOS OBISPOS, A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS.
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS.
SOBRE LA EUCARISTÍA EN SU RELACIÓN CON LA IGLESIA

INTRODUCCIÓN

1. La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.

Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es « fuente y cima de toda la vida cristiana ».(1) « La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo ».(2) Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor.

2. Durante el Gran Jubileo del año 2000, tuve ocasión de celebrar la Eucaristía en el Cenáculo de Jerusalén, donde, según la tradición, fue realizada la primera vez por Cristo mismo. El Cenáculo es el lugar de la institución de este Santísimo Sacramento. Allí Cristo tomó en sus manos el pan, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: « Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros » (cf. Mt 26, 26; Lc 22, 19; 1 Co 11, 24). Después tomó en sus manos el cáliz del vino y les dijo: « Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados » (cf. Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25). Estoy agradecido al Señor Jesús que me permitió repetir en aquel mismo lugar, obedeciendo su mandato « haced esto en conmemoración mía » (Lc 22, 19), las palabras pronunciadas por Él hace dos mil años.

Los Apóstoles que participaron en la Última Cena, ¿comprendieron el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizás no. Aquellas palabras se habrían aclarado plenamente sólo al final del Triduum sacrum, es decir, el lapso que va de la tarde del jueves hasta la mañana del domingo. En esos días se enmarca el mysterium paschale; en ellos se inscribe también elmysterium eucharisticum.

lunes, 4 de junio de 2012

Solemnidad de la Santísima Trinidad Ciclo B 3-06-12

      "Los hombres usamos la palabra misterio para expresar realidades profundas de nuestra vida o de la naturaleza que no podemos explicar con nuestra inteligencia ni expresar con el lenguaje ordinario. El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio de la via íntima y feliz del Dios uno, vivo y santo. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas que, desde siempre y para siempre, en la unidad del mismo Ser, viven en una perfectísima comunión de vida y amor" (Catecismo de la Conferencia Episcopal Española).
Bendita sea la Santísima Trinidad: Dios Padre, el Hijo unigénito de Dios y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia con nosotros.

PRIMERA LECTURA
Deut 4, 32-34. 39-40

Lectura del libro del Deuteronomio.

      Moisés habló al pueblo diciendo: Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante. ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego, como la oíste tú, y pudo sobrevivir? ¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ti en Egipto, ante tus mismos ojos? Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios ?allá arriba, en el cielo, y aquí abajo, en la tierra? y no hay otro. Observa los preceptos y los mandamientos que hoy te prescribo. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, y vivirás mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 32, 4-6. 9. 18-20. 22

¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

La palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. 

La palabra del Señor hizo el cielo,
y el aliento de su boca,
los ejércitos celestiales;
porque él lo dijo, y el mundo existió,
él dio una orden, y todo subsiste. 

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte y
sustentarlos en el tiempo de indigencia. 

Nuestra alma espera en el Señor:
Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti. 

SEGUNDA LECTURA
Rom 8, 14-17

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

      Hermanos: Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios "iAbbá!", es decir, "iPadre!". El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él.

Palabra de Dios.

Aleluya. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene. Aleluya.

EVANGELIO
Mt 28, 16-20

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

      Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo".

Palabra del Señor.


Homilía de Benedicto XVI en la misa de clausura del EMF

      Queridos hermanos y hermanas:


      Es un gran momento de alegría y comunión el que vivimos esta mañana, con la celebración del sacrificio eucarístico. Una gran asamblea, reunida con el Sucesor de Pedro, formada por fieles de muchas naciones. Es una imagen expresiva de la Iglesia, una y universal, fundada por Cristo y fruto de aquella misión que, como hemos escuchado en el evangelio, Jesús confió a sus apóstoles: Ir y hacer discípulos a todos los pueblos, «bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 18-19). 

     Saludo con afecto y reconocimiento al Cardenal Angelo Scola, Arzobispo de Milán, y al Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, artífices principales de este VII Encuentro Mundial de las Familias, así como a sus colaboradores, a los obispos auxiliares de Milán y a los demás obispos. Saludo con alegría a todas las autoridades presentes. Mi abrazo cordial va dirigido sobre todo a vosotras, queridas familias. Gracias por vuestra participación.

      En la segunda lectura, el apóstol Pablo nos ha recordado que en el bautismo hemos recibido el Espíritu Santo, que nos une a Cristo como hermanos y como hijos nos relaciona con el Padre, de tal manera que podemos gritar: «¡Abba, Padre!» (cf. Rm 8, 15.17). En aquel momento se nos dio un germen de vida nueva, divina, que hay que desarrollar hasta su cumplimiento definitivo en la gloria celestial; hemos sido hechos miembros de la Iglesia, la familia de Dios, «sacrarium Trinitatis», según la define san Ambrosio, pueblo que, como dice el Concilio Vaticano II, aparece «unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Const. Lumen gentium, 4). La solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, que celebramos hoy, nos invita a contemplar ese misterio, pero nos impulsa también al compromiso de vivir la comunión con Dios y entre nosotros según el modelo de la Trinidad. Estamos llamados a acoger y transmitir de modo concorde las verdades de la fe; a vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo gozos y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorando los diferentes carismas bajo la guía de los pastores. En una palabra, se nos ha confiado la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más una familia, capaces de reflejar la belleza de la Trinidad y de evangelizar no sólo con la palabra. Más bien diría por «irradiación», con la fuerza del amor vivido.

sábado, 2 de junio de 2012

Sagrado Corazón de Jesús (Canción)


Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús,
en Vos confío,
Sagrado Corazón,
yo confío en Vos. (Bis)

En Vos confío, en Vos confío
en vos confío... (Bis)


Acto de confianza. Mes del Sagrado Corazón de Jesús


ACTO DE CONFIANZA


Corazón de Jesús, Dios y Hombre verdadero,
refugio de los pecadores
y esperanza de los que en ti confían.
Una vez más hemos oído tu invitación:
"Vengan a mi los que están cansados
y agobiados que yo los aliviaré" (Mt. 11,28),
y estamos a tus pies, como María de Betania.
Confiamos en que sigues diciéndonos,
como al paralítico: "Ánimo, hijo, 
tus pecados te son perdonados" (Mt. 9, 2);
como a la mujer enferma:
"Ánimo, hija, tu fe  te ha salvado" (Mt. 9, 22);
y como a tus discípulos atemorizados:
"¡Calma! ¡No teman! ¡Soy yo!" (Mt. 14, 27).
Es por eso que dejamos de temer, 
nos animamos y ponemos en ti nuestra confianza.
Muéstranos el amor de tu Corazón abierto,
para que nos revistamos de tus sentimientos
y aprendamos de ti que eres manso y humilde.
Enséñanos a ser misericordiosos,
ya que el Padre lo es con nosotros,
y a perdonar, como deseamos ser perdonados.
Que el misterio insondable de tu Encarnación,
celebrado en la devoción a tu Sagrado Corazón,
se nos haga más comprensible
para que gocemos al contemplar el gran amor de Dios
y amemos a todos los hombres por amor de los cuales
te hiciste Hombre y moriste en una cruz.