jueves, 9 de agosto de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 7.


COMO HUIR DE LA VANA ESPERANZA
Y DEL ORGULLO
  
1.   Insensato es aquel que pone su esperanza en los hombres o en las demás criaturas.
    No te avergüences de estar sometido a otros por amor a Jesuscristo o parecer pobre en este mundo. No confíes en tus fuerzas; mas pon tu esperanza en Dios. Haz todo lo que puedas y Dios ayudará a tu buena voluntad. No confíes en tu saber ni en la astucia de cualquier otro hombre, sino en la gracia de Dios que asiste a los humildes y abate a los soberbios.

domingo, 5 de agosto de 2012

Domingo 18° del Tiempo Ordinario Ciclo B 5-08-12



La sinagoga de piedras blancas

       Los padres franciscanos custodian Tierra Santa desde el 1219. Finalizado los tiempos de las cruzadas, san Francisco se presentó al Sultán y éste que había vencido a los cristianos, permitió a Francisco y sus frailes quedarse en Palestina; así fue como en las orillas al noroeste del lago de Tiberíades alrededor del 1976, en el lugar de la antigua Cafarnaúm, el p. Corbo y otros arqueólogos franciscanos pusieron al descubierto las ruinas de una majestuosa sinagoga de piedras blancas. Las casuchas que la rodeaban eran muy pobres, hechas con piedras del lugar, pequeñas y negras. ¿Cómo se explicaba entonces la presencia de tal maravilla de sinagoga? Los arqueólogos franciscanos descubrieron que la sinagoga de piedras grandes y trabajadas estaba construida sobre los cimientos de una sinagoga más antigua, de piedras pequeñas y negras, como las de las casuchas de los pescadores que la rodeaban. La habían destruido para construir la nueva sinagoga. El emperador romano Flavio Juliano, pasado al paganismo y por eso apodado “el apóstata”, había hecho levantar la nueva sinagoga, alrededor del 350 dC., a fin de eliminar la antigua sinagoga, meta ya, según parece, de numerosas peregrinaciones cristianas. Esos cimientos de piedras negras son testigos de que más de trescientos años después de la muerte de Jesús, los cristianos seguían venerando ese lugar, porque allí Jesús había tenido el discurso que hoy escuchamos (6, 59). Es el discurso del Pan de Vida, y es tan grande su importancia que marcó un antes y un después entre los discípulos.


P. Aldo  Ranieri


PRIMERA LECTURA

Éx 16, 2-4. 12-15


Lectura del libro del Éxodo.


      En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. "Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea". Entonces el Señor dijo a Moisés: "Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: 'A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios'". Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. Cuando ésta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: "¿Qué es esto?". Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: "Éste es el pan que el Señor les ha dado como alimento".


Palabra de Dios.


SALMO

Sal 77, 3-4bc. 23-25. 54


El Señor les dio como alimento un trigo celestial.


Lo que hemos oído y aprendido, 
lo que nos contaron nuestros padres, 
lo narraremos a la próxima generación: 
son las glorias del Señor y su poder. 


Mandó a las nubes en lo alto 
y abrió las compuertas del cielo: 
hizo llover sobre ellos el maná, 
les dio como alimento un trigo celestial. 


Todos comieron un pan de ángeles, 
les dio comida hasta saciarlos. 
Los llevó hasta su Tierra santa, 
hasta la Montaña que adquirió con su mano. 


SEGUNDA LECTURA

Ef 4, 17. 20-24


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.


      Hermanos: Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos, que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos. Pero no es eso lo que ustedes aprendieron de Cristo, si es que de veras oyeron predicar de él y fueron enseñados según la verdad que reside en Jesús. De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.


Palabra de Dios.


EVANGELIO

Jn 6, 24-35


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.


      Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?". Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello". Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?". Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en Aquel que él ha enviado". Y volvieron a preguntarle: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: 'Les dio de comer el pan bajado del cielo'". Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".


Palabra del Señor.


En español, la alocución del Papa Benedicto XVI previa al Ángelus del domingo 5 de agosto de 2012: El don de Jesucristo es Él mismo en totalidad

      En la liturgia de la Palabra de este domingo continúa la lectura del capítulo 6° del Evangelio de Juan. Estamos en la sinagoga de Cafarnaún en donde Jesús tiene su conocido discurso tras la multiplicación de los panes. La gente había buscado de hacerlo rey, pero Jesús se había retirado, antes sobre el monte y luego a Cafarnaún.

      No viéndolo, se había puesto a buscarlo, había salido sobre los barcos para alcanzarlo al otro lado de la orilla del lago y finalmente lo había encontrado. Pero Jesús sabía bien cuál era el motivo de tanto entusiasmo en seguirlo y lo dice claramente: “les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse” (v.26). Jesús quiere ayudar a la gente a ir más allá de la satisfacción inmediata de las propias necesidades materiales, aún si son importantes. Quiere abrir a un horizonte de la existencia que no es simplemente aquel de las preocupaciones cotidianas del comer, del vestir, de la carrera. Jesús habla de una comida que no perece, que es importante buscar y acoger. Él afirma: “Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre” (v. 27).


viernes, 3 de agosto de 2012

La Imitación de Cristo. Libro 1. Capítulo 6. Cuando un hombre alcanza...


2. Cuando un hombre alcanza lo que desea, inmediatamente le remuerde la conciencia porque ha secundado su pasión que nada le ayuda en conseguir la paz que buscaba, ya que la verdadera serenidad del corazón se consigue oponiéndose a las tentaciones, no secundándolas.

Por eso, la paz no se encuentra en el alma del hombre carnal, ni tampoco en la del hombre entregado a las cosas exteriores, sino en el corazón del fervoroso y del espiritual.

Mensaje de la Reina de la Paz 2-08-12

      
      “Queridos hijos, estoy con ustedes y no me rindo. Deseo darles a conocer a mi Hijo. Deseo a mis hijos Conmigo en la vida eterna. Deseo que experimenten la alegría de la paz y que obtengan la salvación eterna. Oro para que superen las debilidades humanas. Oro a Mi Hijo, para que les conceda corazones puros. Queridos hijos míos, solo los corazones puros saben cómo llevar la cruz y saben cómo sacrificarse por todos los pecadores que han ofendido al Padre Celestial y que también hoy lo ofenden, porque no lo han conocido. Oro para que conozcan la luz de la verdadera fe que viene solo de los corazones puros. De este modo, todos aquellos que les están cerca experimentaran el amor de Mi Hijo. Oren por aquellos que Mi Hijo ha elegido, para que les guíen por el camino de la salvación. Que su boca este cerrada a todo juicio sobre ellos. Les agradezco.”

Fuente: Rosas para la Gospa

Comentario

“…no me rindo” 

          
La Santísima Virgen no se rinde, no se da por vencida. Es como si dijera, no me rindo pese a que no me escuchan; a que leen mis mensajes pero no cambian; a que algunos y no pocos, en mi Iglesia me ignoran y se cuestionan cómo puede ser que hable tanto, que venga por tanto tiempo. Estas tres palabras, “no me rindo”, encierran ya el futuro triunfo de nuestra Madre celestial. 

“Deseo a mis hijos conmigo en la vida eterna… que obtengan (alcancen) la salvación eterna” 

          
Porque nos ama como nos ama nos quiere con Ella. 
          En tiempos en que salvación es un término que se usa sólo para esta vida y que el alma es sustituida por el cuerpo, tanto que la preocupación principal es la salud (1) y el gimnasio se ha convertido en el lugar de culto masivo; cuando no se habla de justicia de Dios y, por tanto, de infierno porque se llega a decir que está vacío y que todos se salvan, la Madre de Dios manifiesta que su preocupación es la salvación de todos y especialmente de esos hijos suyos que van hacia la condenación, y por eso viene a recordarnos que lo que cuenta es la eternidad. 
          Su deseo, el que alcancemos la salvación por y en su Hijo Jesucristo, único Salvador de los hombres, es la razón de su venida. 

“Deseo darles a conocer a mi Hijo… que experimenten la alegría de la paz”
 
          
Jesucristo es quien nos salva de la muerte eterna y ya desde aquí nos da su paz que es plenitud y da alegría a nuestra vida. 

“Oro para que superen las debilidades humanas. Oro a Mi Hijo, para que les conceda corazones puros… Oro para que conozcan la luz de la verdadera fe que viene sólo de los corazones puros” 

          
Y Ella reza y reza. Ora para darnos fuerzas y así superar nuestras debilidades y miserias que nos tienen atados y nos hacen incapaces de avanzar, esas también que nos hacen caer una y otra vez. Esas debilidades y grietas de las que se vale el Enemigo para ahondándolas hundirnos y esclavizarnos. 
          Ella, nuestra Madre, nos fortalece y realza. Satanás busca constantemente destruirnos, llevarnos al conflicto, al odio, al resentimiento y la tristeza, y a la total oscuridad y desesperación. Es el Padre de la mentira que primero hace creer que no existe ni el pecado, ni él, ni el infierno y, Acusador, pone en las mentes que la Iglesia es la represora y oscurantista ya que no deja hacer lo que cada uno quiera, la que cercena la libertad del hombre. Que no se puede decir a la gente lo que tiene que hacer, que hay católicos adultos que no deben hacer lo que les diga el Magisterio de la Iglesia… Luego cuando consigue su objetivo de muerte y hace un deshecho humano de la persona, le dice que ya no tiene salvación, que su vida es un total fracaso y que lo mejor es acabar cuanto antes matándose. 
          La Santísima Virgen nos trae la paz y la alegría, la felicidad ya en esta tierra porque nos lleva a su Hijo que cambia nuestras vidas. Para su Hijo, a quien no importa cuánto y por cuánto tiempo un alma haya caído en lo más profundo del mal, ninguna vida está perdida y, a quien lo busca sinceramente, le da la salvación, lo purifica, le devuelve la dignidad perdida y cambia su tristeza y llanto en canto de júbilo. 
          Jesucristo purifica nuestros corazones y nos vuelve capaces de encontrarnos con Él en cada oración. De la oscuridad pasamos a la luz de la verdad de la fe, de la verdad del amor y de la vida. 
          ¡Cuántas veces en estos más de treinta años la Reina de la Paz nos ha invitado a la oración y al ayuno! Son ya incontables. Y en todas, si se mira bien, el énfasis va más allá de la práctica de la oración y el ayuno, va directamente al corazón. Oración y ayuno son medios pero lo que nuestra Madre quiere, lo que Dios busca de nosotros, es el corazón. El corazón es lo más profundo e íntimo de la persona. A ese corazón nuestro, con tantas oscuridades, con tantas dobleces, con tantas cobardías y negaciones, sólo lo puede hacer puro el Señor. 
          El Santo Cura de Ars recordaba que en la unión con Dios, que es la verdadera oración, el corazón puro experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente rodeado de una luz admirable. Se produce la intimidad con Dios y por ella viene una felicidad inefable.