jueves, 9 de mayo de 2013

Catequesis del Papa 8-05-13

Una imagen de la Virgen de Luján acompaña al Papa Francisco



          En su audiencia general, en la Plaza de San Pedro - con la participación también de este miércoles, de más de 70 mil fieles de todo el mundo, con una gran alegría y devoción – el Papa Francisco centró su catequesis en el Espíritu Santo, fuente inagotable de la vida divina en nosotros que nos dice: «Dios te ama: ¡nos dice esto! Dios Te ama, te quiere». E invitó a amar verdaderamente a Dios y a los demás, como Jesús y a dejarnos guiar por el Espíritu Santo que nos repite sin cesar que Dios es amor, que Él nos espera siempre, que Él es el Padre y nos ama como verdadero papá. Y en este día, en que en Argentina se celebra a Nuestra Señora de Luján, cerca del Papa Francisco había una imagen de la Virgen conocida y amada con esta advocación. Antes de empezar la audiencia general el Santo Padre se detuvo un momento en oración ante ella ofreciéndole también un buqué de flores blancas.
           Antes de resumir su catequesis y de saludar en nuestro idioma, el Pontífice recordó de forma especial a la Virgen de Luján, Celestial Patrona de Argentina, en cuyas manos encomendó todas las alegrías y preocupaciones de los argentinos, pidiendo un aplauso bien fuerte para la Santísima Virgen: 

Domingo 6° del Tiempo de Pascua Ciclo C 5-05-13


La indiscutible paz es don de Dios
           Durante la Última Cena, en la intimidad, Jesús reveló a los suyos que moriría, resucitaría, que se iría y volvería; y que además estaría presente con ellos hasta el fin del mundo. En el cierre de la velada, les regaló la paz, Shalom, en hebreo, una palabra muy utilizada y conocida en su tiempo. Era el saludo cotidiano , la expresión de un buen deseo y bendición, era la esperanza del pueblo que vivía tiempos de tiranías. Esta palabra evoca también a varios personajes históricos: Gedeón, Salomón, Isaías y al libro de la Sabiduría, por varios motivos. Gedeón había levantado un altar a “Yahvé Shalom”, es decir, “Yahvé de la paz”. Salomón era el rey ideal del Antiguo Testamento, y lo llamaban “el pacífico”. Isaías había anunciado la venida de un mesías de paz. El libro de la Sabiduría añadió un contenido nuevo a la Palabra: “las almas de los justos descansan en paz”. Cuando Jesús comunicaba la paz a sus discípulos, encontraba en ellos un eco muy profundo; no como hoy, que la palabra choca con una cultura simplificadora que contrapone la paz a la guerra. En nuestro lenguaje, la paz significa una situación tranquila, ordenada, y a veces no se distingue entre una paz impuesta –fruto de tratados–, y el don de la paz interior de las personas, de las familias, de los grupos y de las comunidades. La paz como ausencia de guerra y de conflictos, es muy frágil. De hecho, se rompe fácilmente por venganza, viejos rencores, guerras y violencia. Vivimos en un mundo de exigencias, tensiones, violencia e imposiciones. En nuestro tiempo, la paz es realmente escasa, y las enfermedades del alma –estrés, neurosis, depresiones y miedos– abundan. La paz de Cristo es el fruto de su presencia en nosotros porque su gracia recompone el orden interior de nuestra persona. No nos soluciona los problemas, ni nuestros límites se borran, pero con él presente, nada nos atemoriza.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Hech 15, 1-2. 22-29

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

            Algunas personas venidas de Judea a Antioquía enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: "Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 66, 2-3. 5-6. 8

A Dios den gracias los pueblos, alaben los pueblos a Dios. O bien: Aleluya.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, 
haga brillar su rostro sobre nosotros, 
para que en la tierra se reconozca su dominio, 
y su victoria entre las naciones. 

Que todos los pueblos te den gracias. 
Que canten de alegría las naciones, 
porque gobiernas a los pueblos con justicia 
y guías a las naciones de la tierra. 

¡Que los pueblos te den gracias, Señor, 
que todos los pueblos te den gracias! 
Que Dios nos bendiga, 
y lo teman todos los confines de la tierra. 

SEGUNDA LECTURA
Apoc 21, 10-14. 22-23

Lectura del libro del Apocalipsis.

          El Ángel me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de, las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero. No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Jn 14, 23-29

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

          Durante la última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: "Me voy y volveré a ustedes". Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

Palabra del Señor.

SANTA MISA CON OCASIÓN DE LA JORNADA DE LAS COFRADÍAS
Y DE LA PIEDAD POPULAR

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza de San Pedro
VI Domingo de Pascua, 5 de mayo de 2013

          Queridos hermanos y hermanas, habéis tenido valor para venir con esta lluvia… El Señor os lo pague.
          En el camino del Año de la Fe, me alegra celebrar esta Eucaristía dedicada de manera especial a las Hermandades, una realidad tradicional en la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento. Os saludo a todos con afecto, en especial a las Hermandades que han venido de diversas partes del mundo. Gracias por vuestra presencia y vuestro testimonio.

           1. Hemos escuchado en el Evangelio un pasaje de los sermones de despedida de Jesús, que el evangelista Juan nos ha dejado en el contexto de la Última Cena. Jesús confía a los Apóstoles sus últimas recomendaciones antes de dejarles, como un testamento espiritual. El texto de hoy insiste en que la fe cristiana está toda ella centrada en la relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Quien ama al Señor Jesús, acoge en sí a Él y al Padre, y gracias al Espíritu Santo acoge en su corazón y en su propia vida el Evangelio. Aquí se indica el centro del que todo debe iniciar, y al que todo debe conducir: amar a Dios, ser discípulos de Cristo viviendo el Evangelio. Dirigiéndose a vosotros, Benedicto XVI ha usado esta palabra: «evangelicidad». Queridas Hermandades, la piedad popular, de la que sois una manifestación importante, es un tesoro que tiene la Iglesia, y que los obispos latinoamericanos han definido de manera significativa como una espiritualidad, una mística, que es un «espacio de encuentro con Jesucristo». Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable, reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia. A lo largo de los siglos, las Hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor. Caminad con decisión hacia la santidad; no os conforméis con una vida cristiana mediocre, sino que vuestra pertenencia sea un estímulo, ante todo para vosotros, para amar más a Jesucristo.

viernes, 3 de mayo de 2013

Mensaje de María Reina de la Paz 2-05-13

          
         “¡Queridos hijos!, de nuevo os invito a amar y a no juzgar. Mi Hijo, por voluntad del Padre Celestial, estuvo entre vosotros para mostraros el camino de la salvación, para salvaros y no para juzgaros. Si vosotros deseáis seguir a mi Hijo, no juzguéis, sino amad como el Padre Celestial os ama. Cuando os sintáis muy mal, cuando caigáis bajo el peso de la cruz, no os desesperéis, no juzguéis, sino recordad que sois amados y alabad al Padre Celestial por Su amor. Hijos míos, no os desviéis del camino por el que os guío, no corráis imprudentemente hacia la perdición. Que la oración y el ayuno os fortalezcan para que podáis vivir como el Padre Celestial desea, para que seáis mis apóstoles de la fe y del amor, para que vuestra vida bendiga a quienes encontráis, para que seáis uno con el Padre Celestial y mi Hijo. Hijos míos, esta es la única verdad. La verdad que lleva a vuestra conversión, y luego a la conversión de todos los que vosotros encontráis, que no han conocido a mi Hijo, de todos los que no saben qué significa amar. Hijos míos, mi Hijo os ha dado pastores, ¡cuidadlos, orad por ellos! Os doy las gracias.”

Fuente: Medjugorje

miércoles, 1 de mayo de 2013

Catequesis del Papa 1-05-13


PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 1 de mayo de 2013

Queridos hermanos y hermanas:

          Hoy, primero de mayo, fiesta de san José obrero e inicio del mes dedicado a la Virgen María, deseo reflexionar sobre dos ideas. La primera sobre el trabajo. En el evangelio, Jesús es conocido como «el hijo del carpintero». En el taller de Nazaret, comparte con san José el esfuerzo, el cansancio, los problemas de cada día, así como también la satisfacción. El trabajo forma parte del plan del amor de Dios y otorga dignidad a la persona. No dejo de pensar en las dificultades que tienen no pocos países en el ámbito laboral. Pido a todos que, en la medida de sus responsabilidades, se esfuercen por crear puestos de trabajo y dar esperanza a los trabajadores. San José, que vivió momentos difíciles y puso su confianza en Dios, que no abandona, interceda por todos los trabajadores del mundo.