lunes, 4 de febrero de 2013

Yo creo en Dios: el Padre todopoderoso

El Papa en su Audiencia General de este miércoles 30 de enero habló acerca de la paternidad de Dios y de nuestra fe en Él como nuestro Padre:

Yo creo en Dios: el Padre todopoderoso

Queridos hermanos y hermanas:


En la catequesis del miércoles pasado nos detuvimos en las palabras iniciales del Credo: «Creo en Dios». Pero la profesión de fe especifica esta afirmación: Dios es el Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Así que desearía reflexionar ahora con vosotros sobre la primera, fundamental, definición de Dios que el Credo nos presenta: Él es Padre.
No es siempre fácil hablar hoy de paternidad. Sobre todo en el mundo occidental, las familias disgregadas, los compromisos de trabajo cada vez más absorbentes, las preocupaciones y a menudo el esfuerzo de hacer cuadrar el balance familiar, la invasión disuasoria de los mass mediaen el interior de la vivencia cotidiana: son algunos de los muchos factores que pueden impedir una serena y constructiva relación entre padres e hijos. La comunicación es a veces difícil, la confianza disminuye y la relación con la figura paterna puede volverse problemática; y entonces también se hace problemático imaginar a Dios como un padre, al no tener modelos adecuados de referencia. Para quien ha tenido la experiencia de un padre demasiado autoritario e inflexible, o indiferente y poco afectuoso, o incluso ausente, no es fácil pensar con serenidad en Dios como Padre y abandonarse a Él con confianza [...]


Domingo 4° del Tiempo Ordinario Ciclo C 2-2-13

Los paisanos de Nazaret

La buena fama había llegado antes que Jesús a la sinagoga de Nazaret. Sus paisanos estaban ansiosos por verificar los dones extraordinarios que se le atribuían. Habían convivido treinta años con él, muchas veces lo habían contratado como artesano para sus necesidades; todos los sábados se habían encontrado en la sinagoga y no habían notado nada especial. Desde Cafarnaúm habían llegado noticias asombrosas. Jesús se había mudado a ese pueblo, y contaban que había sanado a mucha gente de sus dolencias y había echado los demonios de muchos poseídos. El pueblo había ido a la sinagoga para escuchar a Jesús, pero, sobre todo, estaba ansioso por presenciar algunos milagros dignos de su fama. Querían ver qué haría Jesús por ellos y sus intereses particulares. Imaginaban que tenían más derechos que los de Cafarnaúm. Algunos seguramente llegaron a pensar que Jesús podría volver a instalarse en Nazaret. Eso los enorgullecería y ayudaría a mejorar la situación de todos porque sería un imán para atraer gente. Todos concordaron en que Jesús había hablado muy bien. Lo admiraban. Pero los desilusionó cuando les dijo que los grandes profetas, Elías y Eliseo, habían obrado milagros para los extranjeros y no para sus paisanos. Entendieron inmediatamente que Jesús se comportaría con ellos de la misma manera, y pasaron rápidamente de la admiración a la rabia, a la expulsión de la sinagoga y a querer despeñarlo. Jesús, sereno, dueño de la situación, porque los conocía uno a uno, se abrió paso y se marchó. Atrás quedó su pueblo, con sus paisanos arraigados de tener un profeta según sus necesidades y proyectos. El Señor también hoy puede hacer maravillas, en todas partes, en todas las personas, donde lo dejen ser el único Señor y siempre y cuando no quieran ponerlo al servicio de los intereses particulares.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA LECTURA
Jer 1, 4-5. 17-19

Lectura del libro del profeta Jeremías.

En tiempos del rey Josías, la palabra del Señor llegó a mí en estos términos: Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones. En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos. Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país. Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte.

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 70, 1-4a. 5-6ab. 15ab. 17

Mi boca, Señor, anunciará tu salvación.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame. 

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! 

Porque Tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el vientre materno fuiste mi protector. 

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas. 

SEGUNDA LECTURA
1Cor 12, 31-13, 13

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía. Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo para hacer alarde, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 4, 21-30

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Después que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, sánate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Palabra de Señor.


En español, el texto del Ángelus del Papa para el domingo 3 febrero 2013
El Evangelio de hoy – tomado del capítulo cuarto de san Lucas – es la continuación de aquel del pasado domingo. Nos encontramos aun en la sinagoga el Nazaret, el pueblo donde Jesús ha crecido y donde todos conocen a él y a su familia.
Ahora, luego de un tiempo de ausencia, Él ha regresado en una manera nueva: durante la liturgia del sábado lee una profecía de Isaías sobre el Mesías y anuncia su cumplimiento, haciendo entender que aquella palabra se refiere a Él.
Este hecho suscita el desconcierto de los nazarenos: por una parte, « Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca» (Lc 4,22); san Marcos refiere que muchos decían: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada?» (6,2). Pero por otra parte, sus paisanos lo conocen muy bien: «Es uno como nosotros – dicen –. Su reclamo no puede que ser más que presunción» (La infancia de Jesús, 11). «¿No es este el hijo de José?» (Lc 4,22), que es como preguntarse: ¿qué aspiraciones puede tener un carpintero de Nazaret?

Mensaje de María Reina de la Paz 2-2-13

       
       Queridos hijos, el amor me conduce a ustedes -el amor que también deseo enseñarles- el verdadero amor. El amor que mi Hijo les mostró cuando murió en la cruz por amor hacia ustedes. El amor que está siempre listo a perdonar y a pedir perdón. ¿Cuán grande es el amor de ustedes? Mi Corazón materno se entristece cuando busca el amor en sus corazones. No están dispuestos a someter por amor vuestra voluntad a la voluntad de Dios. No pueden ayudarme a hacer que aquellos que no han conocido el amor de Dios lo conozcan, porque no tienen el amor verdadero. Conságrenme sus corazones y yo los guiaré. Les enseñaré a perdonar, a amar al enemigo y a vivir según mi Hijo. No teman por ustedes. Mi Hijo no olvida en la aflicción a los que aman. Estaré junto a ustedes. Rezaré al Padre Celestial para que la luz de la eterna verdad y del amor los ilumine. Recen por sus pastores para que, a través de vuestro ayuno y vuestra oración, puedan guiarles en el amor. Gracias.

Comentario


         Al contemplar la cruz de Cristo, meditando su Pasión se aprende el verdadero significado del amor. Amor, no es sentirse atraído por las pasiones del momento, tratando de satisfacer los instintos, disfrutando del otro como si fuese un objeto desechable. ¡Eso no es amor! El amor es darse y procurar siempre el bien, ese bien que viene de Dios, que es seguir su perfecta voluntad. No es un apropiarse sino un respetar y darse. El verdadero amor requiere perdón. El perdón dado y perdón pedido, y primero de todo a Dios. Perdonar es purificar el corazón. Sin un corazón puro, no se puede subir a la montaña espiritual del amor.           Todos necesitamos ser perdonados por Dios, somos necesitados de su misericordia, y también tenemos que perdonar para que nada oscurezca nuestras almas, para que ningún sentimiento negativo nos aleje del Señor.
          Hay muchos que ni siquiera saben que han pecado, porque se ha perdido la noción de pecado y entonces la conciencia es ofuscada o sofocada por la contumacia en el pecado. Sin embargo, esto no quita que el pecado igualmente tenga un efecto devastador sobre la persona. Lo mismo ocurre con el perdón que no es dado: el rencor como todo sentimiento negativo corroe el alma, el odio la destruye. Al no querer perdonar, la persona se autoexcluye del perdón de Dios, porque el perdón de Dios está condicionado a nuestro perdón. Lo decimos en cada Padrenuestro: perdona nuestras pecados -"nuestras ofensas"-, es decir nuestras ofensas a Dios que son los pecados que cometemos, “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden", es decir aquellos que nos hieren de tantos modos como ridiculizándonos, ignorándonos, calumniando, cometiendo violencia.
          Por ello, debemos pedir perdón a Dios por nuestra falta de amor y de verdad. Reconozcamos el mal que anida en nuestro corazón, el mal que hemos cometido y cometemos y pidámosle perdón. Que Él nos perdone por nuestra arrogancia y orgullo que se ponen de manifiesto cuando la menor cosa nos hiere. Que nos dé su perdón por las veces que no somos instrumentos de paz sino de discordia, y por las veces que hemos endurecido el corazón y no vimos el dolor de los demás o que no hemos sido capaces de dar una palabra de consuelo, de conforto, de cercanía a quien de ello tenía necesidad. El Señor tenga misericordia de nosotros cuando permanecimos en el odio, el rencor. Que nos perdone por no haber perdonado, por las veces que no hemos sido misericordiosos. Misericordia y perdón van juntos. Ser misericordioso es la condición que el Señor requiere de nosotros para recibir su misericordia. "Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará: una medida buena, apretada y rebosante, será derramada en vuestro regazo, porque con la medida con la que medís se os medirá a vosotros" (Lc 6:36-38), y también "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia "(Mt 5:7). 

viernes, 1 de febrero de 2013

Primer viernes de mes. Ofrecimiento diario al Sagrado Corazón de Jesús.



Divino Corazón de Jesús,

por medio del Inmaculado Corazón de María

yo me ofrezco a Dios Padre

en tu santo Sacrificio del altar

con todos mis trabajos,

oraciones, sufrimientos y alegrías de este día,

en reparación por nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu reino.


Y en especial Te ruego

por las dos intenciones

confiadas este mes por el Papa

al Apostolado de la Oración.



Pueden descargar esta oración para rezarla cada día desde aquí.






Sobre la devoción de los 9 primeros viernes de mes dedicados al Sagrado Corazón leer aquí