Los paisanos de
Nazaret
La buena fama había
llegado antes que Jesús a la sinagoga de Nazaret. Sus paisanos estaban ansiosos
por verificar los dones extraordinarios que se le atribuían. Habían convivido
treinta años con él, muchas veces lo habían contratado como artesano para sus
necesidades; todos los sábados se habían encontrado en la sinagoga y no habían
notado nada especial. Desde Cafarnaúm habían llegado noticias asombrosas. Jesús
se había mudado a ese pueblo, y contaban que había sanado a mucha gente de sus
dolencias y había echado los demonios de muchos poseídos. El pueblo había ido a
la sinagoga para escuchar a Jesús, pero, sobre todo, estaba ansioso por
presenciar algunos milagros dignos de su fama. Querían ver qué haría Jesús por
ellos y sus intereses particulares. Imaginaban que tenían más derechos que los
de Cafarnaúm. Algunos seguramente llegaron a pensar que Jesús podría volver a
instalarse en Nazaret. Eso los enorgullecería y ayudaría a mejorar la situación
de todos porque sería un imán para atraer gente. Todos concordaron en que Jesús
había hablado muy bien. Lo admiraban. Pero los desilusionó cuando les dijo que
los grandes profetas, Elías y Eliseo, habían obrado milagros para los
extranjeros y no para sus paisanos. Entendieron inmediatamente que Jesús se
comportaría con ellos de la misma manera, y pasaron rápidamente de la
admiración a la rabia, a la expulsión de la sinagoga y a querer despeñarlo.
Jesús, sereno, dueño de la situación, porque los conocía uno a uno, se abrió
paso y se marchó. Atrás quedó su pueblo, con sus paisanos arraigados de tener
un profeta según sus necesidades y proyectos. El Señor también hoy puede hacer
maravillas, en todas partes, en todas las personas, donde lo dejen ser el único
Señor y siempre y cuando no quieran ponerlo al servicio de los intereses
particulares.
P. Aderico Dolzani, ssp.
PRIMERA
LECTURA
Jer
1, 4-5. 17-19
Lectura
del libro del profeta Jeremías.
En
tiempos del rey Josías, la palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras
del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las
naciones. En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo
te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante
de ellos. Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una
muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus
jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país. Ellos combatirán contra ti, pero
no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte.
Palabra de Dios.
SALMO
Sal
70, 1-4a. 5-6ab. 15ab. 17
Mi boca, Señor, anunciará tu salvación.
Yo me refugio en
ti, Señor,
¡que nunca tenga
que avergonzarme!
Por tu justicia,
líbrame y rescátame,
inclina tu oído
hacia mí, y sálvame.
Sé para mí una roca
protectora,
tú que decidiste
venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi
Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío,
de las manos del impío!
Porque Tú, Señor,
eres mi esperanza
y mi seguridad
desde mi juventud.
En ti me apoyé
desde las entrañas de mi madre;
desde el vientre
materno fuiste mi protector.
Mi boca anunciará
incesantemente
tus actos de
justicia y salvación,
Dios mío, tú me enseñaste
desde mi juventud,
y hasta hoy he
narrado tus maravillas.
SEGUNDA
LECTURA
1Cor
12, 31-13, 13
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.
Hermanos:
Aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más
perfecto todavía. Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los
ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que
retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y
toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas,
si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para
alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo para hacer alarde, si no tengo
amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es
envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su
propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra
de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa,
todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las
profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá;
porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando
llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño,
hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando
me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un
espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo
imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra,
ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de
todas es el amor.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lc 4,
21-30
Evangelio
de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Después
que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio a favor de
él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su
boca. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?". Pero él les
respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, sánate a ti
mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió
en Cafarnaúm". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es
bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en
el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del
cielo y el hambre azotó todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue
enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había
muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de
ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los
que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera
de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba
la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos,
continuó su camino.
Palabra
de Señor.
En español, el texto del Ángelus del Papa
para el domingo 3 febrero 2013
El Evangelio de hoy – tomado del capítulo cuarto de
san Lucas – es la continuación de aquel del pasado domingo. Nos encontramos aun
en la sinagoga el Nazaret, el pueblo donde Jesús ha crecido y donde todos
conocen a él y a su familia.
Ahora,
luego de un tiempo de ausencia, Él ha regresado en una manera nueva: durante la
liturgia del sábado lee una profecía de Isaías sobre el Mesías y anuncia su
cumplimiento, haciendo entender que aquella palabra se refiere a Él.
Este hecho suscita el desconcierto de los
nazarenos: por una parte, « Todos daban testimonio a favor de él y estaban
llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca» (Lc
4,22); san Marcos refiere que muchos decían: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué
sabiduría es esa que le ha sido dada?» (6,2). Pero por otra parte, sus paisanos
lo conocen muy bien: «Es uno como nosotros – dicen –. Su reclamo no puede que
ser más que presunción» (La infancia de Jesús, 11). «¿No es este el hijo de
José?» (Lc 4,22), que es como preguntarse: ¿qué aspiraciones puede tener un
carpintero de Nazaret?