miércoles, 3 de octubre de 2012

Domingo 26° del Tiempo Ordinario Ciclo B 30-09-12


El Señor nos ama a todos
      El libro de Números narra la travesía del desierto del Sinaí, después del cruce del Mar Rojo. Los profetas interpretan este periodo como el tiempo del noviazgo entre el Señor y su pueblo (Jer 2, 2). Siempre el Señor tuvo nostalgia de ese momento que no fue sólo un periodo de idilio, sino también de discusiones. El futuro se construye sobre buenos fundamentos. Se había armado un cierto batifondo entre Moisés y el Señor. Acorralado entre el continuo descontento de su pueblo y el enojo recurrente de Dios, Moisés se había sentido agotado, y perdió la calma. No se la agarró con su pueblo, sino que se la agarró con el Señor, y lo reprochó. Se dijeron palabras fuertes (Núm 11, 10-14), pero al final Dios le dio la razón a su profeta. Parecería algo extraño ¿no? Impactado, el autor del libro desliza una justificación: “Moisés era un hombre muy humilde, más humilde que cualquier hombre sobre la tierra” (Núm 12, 3). Bueno, esto era exactamente lo que no había entendido Juan, cuando se quejó con Jesús, como leemos en el evangelio de hoy. Si Pedro armaba alboroto por su presunción, Juan se sentía distinto de los demás, un elegido perteneciente a una compañía especial, la única que tenía el derecho de hablar en nombre de Jesús. La respuesta de Jesús no se hizo esperar. Una de las experiencias más lindas de la estadía en Palestina es encontrarse con hombres y mujeres maravillosamente buenos y piadosos, que pertenecen a otras religiones. El Espíritu del Señor llena la tierra, y es cierto que “Dios no hace acepción de personas” (Gál 2, 6). Todos estamos llamados a hacer el bien, más allá de los credos religiosos y políticos. 
P. Aldo Ranieri
PRIMERA LECTURA
Núm 11, 16-17a. 24-29

Lectura del libro de los Números.

      El Señor dijo a Moisés: "Reúneme a setenta de los ancianos de Israel -deberás estar seguro de que son realmente ancianos y escribas del pueblo- llévalos a la Carpa del Encuentro, y que permanezcan allí junto contigo. Yo bajaré hasta allí, te hablaré, y tomaré algo del espíritu que tú posees, para comunicárselo a ellos". Moisés salió a comunicar al pueblo las palabras del Señor. Luego reunió a setenta hombres entre los ancianos del pueblo, y los hizo poner de pie alrededor de la Carpa. Entonces el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Después tomó algo del espíritu que estaba sobre él y lo infundió a los setenta ancianos. Y apenas el espíritu se posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; pero después no volvieron a hacerlo. Dos hombres -uno llamado Eldad y el otro Medad- se habían quedado en el campamento; y como figuraban entre los inscritos, el espíritu se posó sobre ellos, a pesar de que no habían ido a la Carpa. Y también ellos se pusieron a hablar en éxtasis. Un muchacho vino corriendo y comunicó la noticia a Moisés, con estas palabras: "Eldad y Medad están profetizando en el campamento". Josué, hijo de Nun, que desde su juventud era ayudante de Moisés, intervino diciendo: "Moisés, señor mío, no se lo permitas". Pero Moisés le respondió: "¿Acaso estás celoso a causa de mí? ¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 18, 8. 10. 12-14

Los preceptos del Señor alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta,
 reconforta el alma;
 el testimonio del Señor es verdadero, 
da sabiduría al simple. 

La palabra del Señor es pura, 
permanece para siempre; 
los juicios del Señor son la verdad, 
enteramente justos. 

También a mí me instruyen: 
observarlos es muy provechoso. 
Pero ¿quién advierte sus propios errores? 
Purifícame de las faltas ocultas. 

Presérvame, además, del orgullo, 
para que no me domine: 
entonces seré irreprochable 
y me veré libre de ese gran pecado. 

SEGUNDA LECTURA
Sant 5, 1-6

Lectura de la carta de Santiago.

      Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han robado a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al Justo, sin que él les opusiera resistencia.

Palabra de Dios.

Aleluya. Tu palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad. Aleluya.

EVANGELIO
Mc 9, 38-43. 45. 47-48

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

      Juan dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros". Pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga".

Palabra del Señor.

En español, las palabras de Benedicto XVI en el ángelus del 30 septiembre 2012: El Papa alerta contra la envidia
      El Evangelio de este domingo presenta uno de los episodios de la vida de Cristo que, aún considerándolo –por así decir- pasajero- contiene un profundo significado (Cfr. Mc 9,38-41). Se trata del hecho de que una persona, que no era de los seguidores de Jesús, había expulsado demonios en su nombre.
      El apóstol Juan, joven y diligente, quisiera impedírselo, pero Jesús no se lo permite, es más, aprovecha de aquella situación para enseñar a sus discípulos que Dios puede obrar cosas buenas y hasta prodigiosas también más allá de su propio círculo y que se puede colaborar a la causa del Reino Dios en distintos modos, aún ofreciendo un simple vaso de agua a un misionero (v. 41). El apóstol San Agustín a este propósito escribe: «Como en la Católica –es decir en la Iglesia- se puede encontrar lo que no es católico, así también fuera de la Católica puede haber algo de Católico» (Agustín, sobre el bautismo de los herejes PL 43, VII, 39, 77).
      Por esto, los miembros de la Iglesia, no tienen que probar celos, sino más bien alegrarse si alguien externo a la comunidad obra el bien en el nombre de Cristo, a condición que lo haga con intención recta y con respeto. También en el interior de la Iglesia misma, puede suceder, a veces, que cueste valorizar y apreciar, en un espíritu de profunda comunión, las cosas buenas realizadas por las distintas realidades eclesiales. En cambio, todos tenemos que ser siempre capaces de apreciar y estimarnos mutuamente, alabando al Señor por la infinita ‘fantasía’ con la cual obra en la Iglesia y en el mundo.
      En la liturgia de hoy resuena también la denuncia del apóstol Santiago contra los ricos deshonestos, que ponen sus seguridades en las riquezas acumuladas a fuerza de violencia (Cfr. Sant 5,1-6). Al respecto, Cesario de Arlés afirma en su discurso: «La riqueza no puede hacer el mal a un hombre bueno, porque la dona con misericordia, así como no puede ayudar a un hombre malo, mientras la conserve con avidez o la derroche disipándola» (Sermones 35,4). Las palabras del apóstol Santiago, mientras advierten de la vana codicia de los bienes materiales, constituyen un fuerte llamamiento a usarlos en la perspectiva de la solidaridad y del bien común, obrando siempre con equidad y moralidad en todos los niveles.
      Queridos amigos, por la intercesión de María Santísima, oremos para que sepamos gozar por cada gesto e iniciativa de bien, sin envidias ni celos y usar con sabiduría los bienes terrenos en la continua búsqueda de los bienes eternos
(RV-Traducción del italiano Claudia Alberto-Eduardo Rubió)
Fuente:
Publicado con el permiso de San Pablo y Ecclesia Digital

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