viernes, 26 de octubre de 2012

Mensaje de la Reina de la Paz 25-10-12

     
      "¡Queridos hijos! Hoy los invito a orar por mis intenciones. Renueven el ayuno y la oración, porque satanás es astuto y atrae muchos corazones al pecado y a la perdición. Yo los invito, hijitos, a la santidad y a vivir en la gracia. Adoren a mi Hijo para que Él los colme con Su paz y Su amor que ustedes anhelan. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"


Hoy los invito a orar por mis intenciones. Renueven el ayuno y la oración, porque satanás es astuto y atrae muchos corazones al pecado y a la perdición. 

          Mientras en la Iglesia se suele callar y pocos hablan de satanás, del infierno, de las acciones diabólicas y cómo contrarrestarlas, nuestra Santísima Madre continuamente nos alerta acerca de la acción demoníaca y nos dice cómo combatirla.
          Se ha dicho, y con razón, que sobre satanás y los demonios se puede incurrir en dos graves errores: nunca mencionarlo y con ello contribuir a la estrategia del Enemigo -que es la de hacer creer que no existe y que tampoco existe el infierno, que todo es rémora de tiempos de ignorancia- o bien todo lo contrario, o sea atribuir al Demonio un poder omnímodo dándole así una desmedida importancia, ya que se lo convierte en una especie de segundo dios. Esto último es grave herejía, porque satanás es una criatura, ciertamente poderosa, pero jamás se lo puede comparar a Dios a quien está sometido.
          La Santísima Virgen es la potentísima enemiga del Adversario de Dios y de los hombres, el Dragón o la serpiente antigua o Diablo o satanás (Cf. Ap 12:9). Ante su presencia huye el Demonio. Ella, la que le aplasta la cabeza al Soberbio Enemigo (Cf Gn 3:15) nos recuerda, a nosotros sus hijos, cómo combatir a satanás, cómo impedirle que se aproveche de nuestras grietas y debilidades. ¿Cómo? Pues, renovando la oración y el ayuno, que significa reforzar la oración alicaída y retomar el ayuno si se lo ha dejado.
          En el episodio del joven poseído (Mc 9:17ss) -a quien los discípulos de Jesús no pudieron exorcizar del demonio que lo tenía esclavo y que hasta en ocasiones intentaba matarlo- luego de que el Señor lo había expulsado, sus discípulos le preguntan porqué ellos no lo habían logrado. El Señor les responde que a ciertos demonios no es posible expulsarlos si no es con oración y ayuno (Cf. Mc 9:29).
          A satanás se lo combate con la oración y el ayuno. Con la oración del corazón y el ayuno del corazón. Es decir poniendo el corazón en la oración y en el ayuno, puesto que ambos van dirigidos y ofrecidos a Dios.
          Es con el poder de Jesucristo acompañado del ayuno, sacrificio ofrecido al Señor, que satanás es alejado.
          Oración y ayuno van juntos. La oración ayuda a ayunar y el ayuno potencia la oración. Cuando una persona ora y ayuna con el corazón en él reina sólo Dios y no hay lugar para el Enemigo.


          Pareciera que en este mensaje la Santísima Virgen se refiriese a la acción ordinaria del Demonio, que es la tentación por la que atrae a las almas hacia el pecado que aparta de Dios y las lleva a la destrucción y perdición final. Sin embargo, también cabe su advertencia, y hoy más que nunca, para no caer víctima de las acciones extraordinarias del Demonio que tienen lugar cuando, por ejemplo, repetidas veces se cae en pecados graves; cuando la tentación es buscar poderes o satisfacer deseos espurios y se recurre a la magia de cualquier tipo; cuando se incursiona en el esoterismo y el ocultismo porque en esos casos se les está abriendo puertas de acceso a satanás cayendo así en sus garras y terminando siempre padeciendo males mayores que se manifiesta en esas acciones extraordinarias y que llegan a requerir la intervención del exorcista(1). En esos casos –que ocurren cuando los llamados suyos son desoídos o ignorados- lo primero es hacer la inmediata renuncia a tales prácticas y a satanás, el instigador, y hacerlo en el ámbito de una confesión sacramental con el propósito de emprender una vida de intensa conversión a Dios. Sólo así el exorcismo o las oraciones de liberación hechos por el sacerdote serán eficaces. La lucha puede llegar a ser ardua, el combate largo en el tiempo pero, nunca, aún quien ha cometido graves pecados y se ha visto implicado en prácticas satánicas, debe perder la esperanza porque sólo Dios es Omnipotente y puede, por ello mismo, revertir el mal en un bien mucho mayor que el imaginado.
          El Padre Emmanuel Dumont en su libro de demonología pastoral(2) escribe: “Como el demonio se opone con todas sus fuerzas a nuestra santificación, es un hecho que Dios se sirve de él de un modo particular para hacernos avanzar en las profundidades de la vida espiritual por medio de un camino de purificación, de fe y de esperanza. Es así como muchos despiertan y se vuelven fervorosos gracias a los ataques demoníacos, redescubriendo la importancia de los sacramentos y de la oración, como también de otros medios de combate espiritual (la palabra de Dios, el ayuno y la vigilia, la limosna, la devoción mariana)”.
          Puede que la persona que se ve muy afectada por acciones perturbadoras del Enemigo acuda a la Iglesia y busque un sacerdote con la sola y única idea de quitarse de encima el mal que la acosa. Como quien busca un remedio sólo para su alivio, sin más, y pretenda hacer uso meramente instrumental de un sacramental, como la oración de liberación o la de exorcismo. Puede que entienda que los sacramentos son como una medicina que se toma en tanto aqueja la enfermedad y después se discontinúa, sin darse cuenta que la raíz de todo su mal está en su alejamiento de Dios y que su problema sólo se resuelve acercándose a Él, a su amor. En esos casos, es labor del sacerdote no sólo procurarle el alivio y la liberación sino llevarla al encuentro con Cristo, el Salvador. El sacerdote deberá ayudarle a encontrar el camino de fe y de esperanza hacia Cristo victorioso, del mal por la Cruz, y a hacer experiencia del amor del Señor que la sanará y salvará. A medida que la persona recupera la esperanza pone en perspectiva y relativiza la acción del demonio, y ello por la certeza que Dios hará que el mal se vuelva un bien para ella. Por eso, la cuestión no es tanto saber de dónde vino el mal sino de poner en evidencia el camino de gracia que se le está ofreciendo. Ese camino es camino de conversión y la conversión implica oración y plena acogida a los sacramentos así como a la adoración. Se trata, en definitiva, de desplazar la mirada sobre el mal padecido volviéndola hacia Jesucristo, con la conciencia que es una prueba de la que se debe salir con una mayor fe y un mayor amor.
          El poder liberatorio, sea de las acciones ordinarias de tentación y también de discordias por malentendidos y por incitación a litigar, o bien de las extraordinarias, está –vale la pena repetirlo- en los sacramentos y en la adoración. Puesto que cuando nuestra Madre nos dice:

Yo los invito, hijitos, a la santidad y a vivir en la gracia. 


          
Lo que está diciendo es que vivamos una vida sacramental, con buenas y frecuentes confesiones(3), participación asidua de la Misa(4), a lo que se agrega la oración diaria y fundamentalmente el Rosario diario. Rezar por la mañana y por la noche. La oración debe ser la puerta que abra y cierre el día. Rezar más y mejor, con seriedad, con la paz del corazón reconciliado con Dios y con el otro (el perdón antes que nada). Decidir buscar siempre la voluntad de Dios en todo y obedecer a los Mandamientos de amor (Dt 5:1-22; Mt 5:6-7). Ayunar, como lo pide la Santísima Virgen, los miércoles y los viernes a pan y agua(5). Renunciar a las banalidades, vanidades y frivolidades. Vestirse decentemente. Cuidar de no mirar en la TV o Internet aquello que sea nocivo como escenas de erotismo, pornografía, violencia. Ayunar con el corazón, como pide nuestra Madre. Nutrirse con la meditación de la Palabra de Dios, las enseñanzas de los santos(6) y de la Iglesia.

Adoren a mi Hijo para que Él los colme con Su paz y Su amor a los que ustedes anhelan. 

          
A la oración y el ayuno, Ella agrega la adoración a su Hijo, o sea la adoración eucarística(7). La adoración nos permite ahondar el misterio, tener encuentros con el Señor más profundos, prolongados y perdurables que los que tenemos en las celebraciones eucarísticas, y así, en la medida que entramos en su intimidad Él entra en la nuestra. Porque adorar es penetrar en el misterio del amor de Dios, que es su intimidad más profunda, y dejarse penetrar por su amor.

          De esa cercanía a Dios en Jesucristo viene la paz y se recibe el amor porque en la adoración se acude a la fuente del amor y de la vida.
          Todos, aún aquellos que no son conscientes de ello, añoran la paz y el amor. La única paz verdadera es la que viene no del mundo sino de Jesucristo (Cf Jn 14:27). Todos anhelan el amor, sentirse amados y poder amar, y ese amor viene de la única fuente inagotable que es la misma fuente de agua viva: Jesucristo, el Señor. Éste es el don de Dios que está al alcance de todos. De todos los que se comuniquen con Él mediante la oración y lo adoren en espíritu y en verdad (Cf Jn 4:10s).

P. Justo Antonio Lofeudo
www.mensajerosdelareinadelapaz.org
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(1) Las acciones extraordinarias del Demonio son la obsesión diabólica (un caso típico es cuando la persona siente interiormente una voz o algo que la impulsa a cometer suicidio o a matar), la opresión o vejación diabólica (es la acción externa y física contra la persona, ésta la padecieron santos de la talla del P. Pío y del Santo Cura de Ars), la infestación diabólica (es sobre los objetos, sobre las casas) y la posesión diabólica (cuando se apodera del cuerpo de la persona, este caso requiere del exorcismo). Se puede caer víctima por haber estado la persona involucrada en el esoterismo, ocultismo, tarot, prácticas como el Reiki y otras, pero también sin participación directa alguna sino como consecuencia de otras causas. La protección es siempre vivir en la gracia de Dios, como nos exhorta nuestra Madre en este mensaje.
(2) Emmanuel Dumont, Louis Pelletier, “Demonologie pastorale et pratique de la prière de Liberation”, en Combattre le démon, histoire, thèologie, pratique. Èditions de l'Emmanuel, 2011, pag. 205
(3) Pidió que la confesión sea al menos mensual y para los consagrados semanal. Las personas divorciadas que vivan con otra pareja pueden acceder a los sacramentos si deciden vivir como hermanos.
(4) Si fuera posible diariamente y, desde luego, no faltar a la dominical o de precepto.
(5) Quien no pueda por razones médicas siempre podrá hacer algún sacrificio en la comida, privarse de algo que le guste.
(6) La Reina de la Paz en todos estos más de 30 años de apariciones en Medjugorje las únicas lecturas a que hizo referencia y recomendó fueron la Sagrada Escritura (diariamente) y la vida de los santos.
(7) No hay mejor exorcismo para un lugar que tener adoración y sobre todo perpetua, es decir incesante.


http://www.mensajerosdelareinadelapaz.org/ reinadelapaz@mensajerosdelareinadelapaz.org

Fuente: Mensajeros de la Reina de la Paz

Publicado con el permiso de Mensajeros de la Reina de la Paz

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