El 8 de diciembre de 1.854, Pio IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María. Cuatro años más tarde, la Virgen confirmaba esa proclamación. El 11 de febrero de 1.858, Bernardita, una niña muy humilde, recogía leña cerca de Lourdes, una localidad en el sudoeste de Francia. Sintió un golpe de viento y vio, en medio de una nube dorada, a una señora vestida de blanco, descalza y con los dos pies cubiertos con sendas rosas doradas. En la cintura, llevaba una cinta azul. Sus manos juntas en oración sostenían un rosario. Al principio, la niña se asustó, pero luego empezó a rezar el rosario junto con la Señora. Al finalizar, la mujer aparecida retrocedió hasta una gruta y desapareció. Este hecho se repitió 18 veces hasta el 16 de julio. En uno de los encuentros, la Señora se presentó: "Yo soy la Inmaculada Concepción", le dijo. La noticia de las apariciones se divulgó muy rápido. Muchos acudían a la gruta con curiosidad y respeto, mientras otros se burlaban. En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mandó a Bernardita a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de una gruta. La niña obedeció y escarbó en el suelo. Se produjo entonces el primer brote del milagroso manantial de Lourdes. Las curaciones milagrosas siguen hasta hoy procurando salud y conversiones.
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