domingo, 30 de junio de 2013

Decálogo sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en la historia de la salvación.

  
      1.  La historia de la devoción al Corazón de Jesús comienza en la tarde del Viernes Santo cuando San Juan contempla como ha quedado Cristo Crucificado (Jn. 19, 31-37). La lanza le ha abierto el Corazón. No es un sufrimiento más sobre Jesús que ha muerto. Es el símbolo más plástico de la voluntad del Padre que quiere que Jesús se nos muestre siempre “a Corazón abierto”.

2. Cuando Jesús se aparece resucitado a Tomás, no le dice que ponga sus ojos en su rostro sino que mire sus llagas; sobre todo la llaga de su costado (Jn. 20, 27-28). Ése es el punto concreto donde todo contemplativo ha de posar su mirada: en ese Costado abierto, a través del cual todos podemos intuir que su Corazón queda de par en par invitándonos a penetrar hacia una relación más profunda, más íntima, con Cristo. Tomás toca el Corazón de Cristo y su escepticismo, su duda, se convierten al instante en pleno acto de fe: “Señor mío y Dios mío”.

3. Los Santos Padres de la Iglesia han interpretado siempre el costado abierto de Jesús como “fuente de vida”. Y es de este Costado abierto, es de donde “nace” la Esposa de Cristo que es la Iglesia. Así lo expresan S. Justino y S. Ireneo entre otros. Lo mismo que de Adán dormido nace su esposa , así del costado abierto de Jesús nace esta nueva Eva.

 4.  Muchos santos, como san Bernardo, san Buenaventura, santa Teresa, etc., clavaron su mirada en ese Costado abierto y le han llamado Corazón de Cristo. Se han enamorado de la humanidad de Jesús y le han visto como la Fuente Viva… Así lo expresa, por ejemplo, san buenaventura: “Para que del Costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: “Mirarán al que atravesaron”, uno de los soldados  le hirió con una lanza y le abrió el Costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual manando de la fuente arcana del “Corazón”, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia y fuese para los que viven en Cristo como una copa llena de la fuente viva, que salta hasta la vida eterna”

5. El mensaje de Santa Margarita María de Alacoque en Paray Le Monial es clave en la devoción al Corazón de Jesús en la época moderna. Es desde este mensaje desde donde se extiende a toda la Iglesia, como culto al Sagrado Corazón y como Reparación y Consagración a Él. Las palabras que esta religiosa visitandina dice haber oído de Jesús nos transmiten un mensaje tan bello como profundo: “Este Corazón Divino es un abismo de todos los bienes en el que todos los pobres necesitan remediar sus indigencias. Es un abismo de gozo en el que hay que olvidar todas nuestras tristezas. Es un abismo de humildad contra nuestra ineptitud, es un abismo de misericordia para los desdichados y es un abismo de amor, en el que debemos sumergir toda nuestra indigencia”.

 6. En España, tienen también una enorme proyección socioreligiosa las revelaciones del Corazón de Jesús al P. Hoyos. En la Iglesia de san Ambrosio que la Compañía de Jesús tiene en Valladolid, justamente en lo que es hoy “Santuario Nacional de la Gran Promesa”, el P. Hoyos recibe del Corazón de Jesús la consoladora promesa de que “Reinaría en España y con más devoción que en otras partes del mundo”.

7. Encíclicas de los Papas, como “Annum Sacrum”, de León XIII (1899), “Mi- serentísimus Redemptor”, de Pío XI (1928), y sobre todo, la “Haurietis Aquas”, de Pío XII (1956), hablan de la verdadera devoción al Corazón de Jesús tal como la Iglesia lo ha recibido. Hablan de Consagración y Reparación al Corazón de Jesús para este mundo tan necesitado de Misericordia. Y destacan las apariciones del Corazón de Santa Margarita María de Alacoque. 

8. La encíclica más completa sobre el Corazón de Jesús es la “Haurietis Aquas” de Pío XII. Ensalza esta advocación y devoción desde el Evangelio y la historia de la Iglesia. Y aclara el paso que hemos de dar desde el Costado abierto del Señor a su Corazón:

         “Lo que aquí se afirma del Costado de Cristo, herido y abierto por el soldado, eso mismo hay que decir de su Corazón, herido sin duda, por el golpe de la lanza, ya que el soldado la enarboló con la intención de testificar de modo cierto la muerte de Jesucristo crucificado. Por eso la herida del Sacratísimo Corazón de Jesús muerto ya a esta vida mortal, ha sido a través de los siglos, una viva imagen de aquella espontánea caridad con la que Dios entregó a su Unigénito para redimir a los hombres y con la que Cristo nos amó tan ardientemente que se inmoló a sí mismo por nosotros en el Calvario como hostia cruenta: “Cristo nos amó y se entregó por nosotros en oblación y sacrificio a Dios en olor de suavidad” (Ef. 5, 2) (H. A. 44). 

9.Juan Pablo II repetidas veces de esa verdad y de esta devoción en muchas de sus encíclicas, aunque sin la mención concreta de la expresión “Corazón de Jesús”. Sobre todo, en la “Redemptor Hominis” y “Dives in misericordia”. Habla de lo esencial en esta devoción que es el Amor de cristo Redentor, que ama a todos los hombres hasta “dar la vida”. El Corazón de Jesús en el Redentor del hombre, que rico en Misericordia ama “hasta el extremo” a todas y cada una de las personas de ayer, de hoy y de siempre.

10. Finalmente, el mismo Juan pablo II, en cartas entregadas al Superior General de la Compañía de Jesús, P. Kolvenbach (5-5-86) en Paray le Monial, resume lo que ha de ser la verdadera devoción al Corazón de Jesús, tal como nos lo trasmiten el Evangelio, la Tradición de la Iglesia, los santos y el Magisterio de la Iglesia.
           “Esta devoción al Corazón de Jesús –dice el Papa- sintoniza hay más que nunca con las expectativas de nuestro tiempo… Sus elementos esenciales pertenecen, también, de forma permanente a la espiritualidad de la Iglesia a lo largo de la historia, porque, desde el comienzo, la iglesia ha dirigido su mirada hacia el Corazón de Cristo traspasado en la cruz, del que brotó sangre y agua, símbolo de los sacramentos que constituyen la Iglesia. Y en el Corazón del verbo encarnado, los Padres del Oriente y del Occidente cristianos han visto el comienzo de toda la obra de nuestra salvación, fruto del amor del Divino Redentor, cuyo Corazón traspasado es un símbolo singularmente expresivo.”.

Fuente: Orar

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