domingo, 12 de abril de 2015

Domingo 2º de Pascua o de la Divina Misericordia. Ciclo B 12-04-15

Antífona de entrada          1Ped 2, 2

Como niños recién nacidos, deseen la leche pura de la Palabra, que los hará crecer para la salvación. Aleluya.

O bien:         Esd 2, 36-37

Celebren con alegría su victoria dando gracias a Dios, que los llamó a su reino celestial. Aleluya.

Oración colecta 
    
Dios de eterna misericordia, que en la celebración anual de las fiestas pascuales reavivas la fe del Pueblo santo, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia para comprender, verdaderamente, la inestimable grandeza del bautismo que nos purificó, del Espíritu que nos regeneró y de la sangre que nos redimió. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Hech 4, 32-35
Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.
Palabra de Dios.

Comentario

Nos encontramos ante una hermosa propuesta: Romper los egoísmos, salir de nuestras individualidades y mirar las necesidades de los hermanos. Se trata de todo un proyecto de vida para la Iglesia, que no es una suma de individualidades, sino la familia de Dios.

Salmo 117, 2-4. 16-18. 22-24
R. ¡Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor!

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡Es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
¡Es eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡Es eterno su amor! 

“La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas”.
No, no moriré:
Viviré para publicar lo que hizo el Señor.
El Señor me castigó duramente,
pero no me entregó a la muerte. 

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
 Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
Alegrémonos y regocijémonos en él. 

2ª Lectura    1Jn 5, 1-6
Lectura de la primera carta de san Juan.

Queridos hermanos: El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad.
Palabra de Dios.

Comentario

Hay como una secuencia lógica en este mensaje, una relación profunda entre el amor a Dios y los hermanos, viviendo una vida coherente y cumpliendo la ley de Dios. No podemos separar ninguno de estos términos sin atentar precisamente contra nuestra misma fe.

Aleluya        Jn 20, 29
Aleluya. “Ahora crees, Tomás, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Jn 20, 19-31
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”. Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.

Comentario

“Cuando queremos evidencias, cuando queremos sentir las verdades de la fe, estamos imitando la incredulidad de Tomás. Y Cristo le dice a Tomás: ‘porque has visto, has creído. Bienaventurados los que sin ver, creen’. Ustedes y yo, queridos hermanos, vivimos de una fe porque creemos sin haber visto. Y muchos dicen que esto es una estupidez, pero yo les digo: No hay sabiduría más grande que esta que Cristo predica este domingo: La FE. ¡Esta es la victoria que vence al mundo! Dice la segunda carta de san Juan, hoy: ‘¡La victoria que vence al mundo, es creer que Jesucristo es Dios!’” (Mons. O. Romero, 22/4/1979).

Oración sobre las ofrendas   
     
Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos (junto con los recién bautizados), y haz que, renovados por la confesión de tu nombre y por el bautismo, lleguemos a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Jn 20, 27

Acerca tu mano, y reconoce el lugar de los clavos: en adelante no seas incrédulo, sino fiel. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, concédenos que los frutos del sacramento pascual que hemos recibido, permanezcan siempre en nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuente: San Pablo

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