viernes, 22 de febrero de 2013

Interioridad

      
  Los hombres tenemos la tendencia 
de poner el acento en las prácticas externas, 
en lo superficial.
       Dios nos pide todo lo contrario.
Que mis gestos, que mis sacrificios, procedan
del corazón y expresen verdadero amor.

Pensemos:

       En nuestro ayuno, en nuestra limosna, en nuestra oración: ¿actuamos "para llamar la atención" de los demás?

Nos decía el Santo Padre en el 2009 en su Mensaje de Cuaresma:

       «Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis etarctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.»


Danos, Señor,
un corazón nuevo
para poder compartir
con mis hermanos
todo lo que nos has regalado.

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