jueves, 26 de abril de 2012

Domingo 3° de Pascua Ciclo B 22-04-12


PRIMERA LECTURA
Hech 3, 13-15. 17-19

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

      En aquellos días, Pedro dijo al pueblo: "El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer. Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 4, 2. 4. 7. 9

Muéstranos, Señor, la luz de tu rostro. O bien: Aleluya.

Respóndeme cuando te invoco, 
Dios, mi defensor, 
tú, que en la angustia me diste un desahogo: 
ten piedad de mí y escucha mi oración. 

Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo: 
Él me escucha siempre que lo invoco. 
Hay muchos que preguntan: 
"¿Quién nos mostrará la felicidad, 
si la luz de tu rostro, Señor, 
se ha alejado de nosotros?".

Me acuesto en paz 
y en seguida me duermo, 
porque sólo tú, Señor, 
aseguras mi descanso. 

SEGUNDA LECTURA
1Jn 2, 1-5

Lectura de la primera carta de san Juan.

      Hijos míos, les he escrito estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un defensor ante el Padre: Jesucristo, el Justo. Él es la Víctima propiciatoria por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. La señal de que lo conocemos, es que cumplimos sus mandamientos. El que dice: "Yo lo conozco", y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lc 24, 35-48
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

      Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".  Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo".  Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?". Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos". Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto".

Palabra del Señor

Alocución de S. S. Benedicto XVI

      Queridos hermanos y hermanas: Hoy, tercer Domingo de Pascua, encontramos -en el Evangelio según san Lucas- a Jesús resucitado que se presenta en medio de los discípulos (cfr Lc 24,36), los cuales incrédulos y asustados, piensan que ven un fantasma (cfr Lc 24,37). 

      Escribe Romano Guardini: “El Señor ha cambiado. No vive más como antes. Su existencia… no es comprensible. Y sin embargo es corpórea, incluye… toda su vida vivida, el destino atravesado, la pasión y su muerte. Todo es realidad. Si, cambiada, pero siempre una realidad tangible” (El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de NS. Jesucristo, Milán 1949, 433). Porque la resurrección no cancela los signos de la cruficixión, Jesús muestra a los apóstoles las manos y los pies. Y para convencerlos, les pide incluso algo de comer. Así los discípulos “le ofrecen una porción de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de ellos” (Lc 24,42-43). San Gregorio Magno comenta que “el pescado asado en el fuego tiene el significado de la pasión de Jesús Mediador entre Dios y los hombres. Él, en efecto, se dignó esconderse en las aguas del género humano, aceptó de ser sometido al lazo de nuestra muerte y fue como puesto al fuego por los dolores que sufrió en el tiempo de la pasión” (Hom. en Evang. XXIV, 5: CCL 141, Turnhout 1999, 201).

      Gracias a estos signos muy reales, los discípulos superan la duda inicial y se abren al don de la fe; y esta fe les permite comprender lo que se ha escrito sobre Cristo “en la ley de Moisés en los Profetas y en los Salmos”(Lc 24,44). Leemos, en efecto, que Jesús “les abrió la mente para comprender las escrituras y les dijo: “Así esta escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.  Ustedes son testigos de todo esto.” (Lc 24,45-48). El Salvador nos asegura su presencia real entre nosotros, por medio de la Palabra y de la Eucaristía. Así como los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús al partir el pan (cfr Lc 24,35), así también nosotros encontramos al Señor en la Celebración eucarística. A este propósito explica Santo Tomás de Aquino, que “es necesario reconocer según la fe católica, que todo el Cristo esta presente en este sacramento…. Porque jamás la divinidad ha dejado el cuerpo que asumió” (S.Th. III, q. 76, a. 1).

      Queridos amigos, en el tiempo pascual la Iglesia, a menudo, administra la Primera Comunión a los niños. Exhorto, por tanto, a los párrocos, a los padres de familia y a los catequistas que preparen bien esta fiesta de la fe, con gran fervor pero también con sobriedad. “este día permanece justamente impreso en la memoria como el primer momento en el que… se percibe la importancia del encuentro personal con Jesús” (Esort. ap. postsin. Sacramentum caritatis, 19).

     Que la Madre de Dios nos ayude a escuchar con atención la Palabra del Señor y a participar dignamente en la mesa del Sacrificio Eucarístico, para convertirnos en testimonios de la nueva humanidad.” 

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