miércoles, 25 de abril de 2012

Domingo de Pascua Ciclo B 08-04-12


PRIMERA LECTURA
Hech 10, 34. 37-43

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

      Pedro, tomando la palabra, dijo: "Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección. Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre?

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

Éste es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
O bien: Aleluya, Aleluya, Aleluya.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡Es eterno su amor! 

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor. 

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. 

SEGUNDA LECTURA
Col 3, 1-4

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

      Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Por que ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios.   Cuando se manifieste Cristo, que es la vida de ustedes, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

Palabra de Dios.

Secuencia

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.
La muerte y la vida
se enfrentaron en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.
Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.
He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario
y las vestiduras.
Ha resucitado Cristo,
mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.
Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

EVANGELIO
Jn 20, 1-9

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto?�. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.


Palabra del Señor.



Reflexión



El sepulcro mostró que él resucito
      Entró algo desconfiado Pedro en la casa del oficial romano, ya que la llamada de ese pagano no le convencía. Después quedó asombrado. Ahora habla calmo, firme y seguro. Había empezado a comprender que Jesús no pertenecía sólo al pueblo judío, sino a toda la humanidad, entonces anuncia a los paganos la Buena Nueva de la Paz, como lo hará Pablo más tarde (Ef 2, 14), pero con la autoridad del testigo: “nosotros, que hemos comido y bebido con él”, expresión común en el Primer Testa- mento para indicar la familiaridad que nace de la vida compartida y que autoriza a ser testigo digno de fe (Éx 24, 11). Jesús se había manifestado resucitado sólo a sus discípulos. Lo vieron, fue una experiencia sólida, de carne y hueso, pero también trascendente, difícil de entender. Jesús era el mismo, pero su cuerpo y su presencia eran diferentes; era él, pero no era la vida de antes la que ahora percibían en él. En el pasaje del evangelio, Juan insiste en un contraste: su ventaja sobre Pedro. “Corrió por delante más rápido, llegó primero vio y creyó”, parece insinuar que Pedro entró primero sí, pero no entendió lo que vio. Juan respeta la primacía de Pedro, pero se abre inmediatamente a la comprensión del misterio. Era el “discípulo amado”. El sudario, signo de la corrupción con que la muerte desfigura el rostro del ser humano, estaba plegado y separado, es decir dominado y eliminado. Para Lázaro no fue así, cuando salió del sepulcro (11, 44), todavía le tapaba la cara. Desconcierta la frase que sigue: “Todavía no habían entendido”, porque acaba de decir que “creyó”, acción que seguiría a un comprender. Juan creyó por lo que vio, pero era el testimonio de las Escrituras lo que todavía les faltaba comprender.
P. Aldo Ranieri
Fuente: San Pablo

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