domingo, 10 de junio de 2012

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


      Esta fiesta fue instituida por el Papa Urbano IV en el año 1264 "con el fin de tributarle a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, amor y gratitud". En cada uno de los tres ciclos litúrgicos se destaca algún aspecto de este sacramento. Las Lecturas de este año giran alrededor de la simbología que tenía la sangre en el mundo antiguo y su uso en diversos tipos de sacrificios.

LECTURA
Éx 24, 3-8

Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días: Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: "Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor". Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: "Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho". Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: "Ésta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 115, 12-13. 15-18

Alzaré la copa de la salvación e invocaré el Nombre del Señor.
0 bien: Aleluya.

¿Con qué pagaré al Señor 
todo el bien que me hizo? 
Alzaré la copa de la salvación 
e invocaré el Nombre del Señor.

¡Qué penosa es para el Señor 
la muerte de sus amigos! 
Yo, Señor, soy tu servidor, 
tu servidor, lo mismo que mi madre: 
por eso rompiste mis cadenas. 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, 
e invocaré el Nombre del Señor. 
Cumpliré mis votos al Señor, 
en presencia de todo su pueblo. 

SEGUNDA LECTURA
Heb 9, 11-15

Lectura de la carta a los Hebreos.

      Hermanos: Cristo, a diferencia de los sacerdotes del culto antiguo, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. Él, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado-, entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna. Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente! Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Mc 14, 12-16. 22-26

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

El primer día de la fiesta de los panes ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?". Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?". Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario". Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen, esto es mi Cuerpo". Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: "Ésta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".

Palabra del Señor.

El Angelus de S. S. Benedicto XVI, 10-6-12 (Corpus Christi)

       Hoy, en Italia y en muchos otros Países, se celebra el Corpus Domini, o sea la fiesta solemne del Cuerpo y Sangre del Señor, la Eucaristía. Es una tradición siempre viva, en este día, realizar solemnes procesiones con el Santísimo Sacramento, por las calles y plazas.
       En Roma esta procesión se ha ya llevado a cabo a nivel diocesano el pasado jueves, día preciso de esta conmemoración, que cada año renueva en los cristianos el gozo y la gratitud por la presencia eucarística de Jesús en medio de nosotros.
      La fiesta del Corpus Domini es un gran acto de culto público de la Eucaristía, Sacramento en el cual el Señor permanece presente también más allá del tiempo de la celebración, para estar siempre con nosotros, a lo largo del transcurrir de las horas y de los días. Ya san Justino, que nos ha dejado uno de los testimonios más antiguos sobre la liturgia eucarística, afirma que, después de la distribución de la comunión a los presentes, el pan consagrado venía llevado por los diáconos también a los ausentes (cfr Apología, 1, 65).
       Por ello en las iglesias el lugar más sagrado es justamente aquel en el que se custodia la Eucaristía. Con este motivo no puedo dejar de pensar con conmoción en las numerosas iglesias que han sido gravemente dañadas por el reciente terremoto en Emilia Romagna, en el hecho que también el Cuerpo eucarístico de Cristo, en el tabernáculo, ha permanecido en algunos casos bajo los escombros.

       Con afecto rezo por las comunidades, que con sus sacerdotes deben reunirse para la Santa Misa al abierto o en grandes carpas; les agradezco por su testimonio y por cuanto están haciendo a favor de la entera población. Es una situación que hace resaltar una vez más la importancia de estar unidos en el nombre del Señor, y la fuerza que proviene del Pan eucarístico, llamado también «pan de los peregrinos». Del compartir este Pan nace y se renueva la capacidad de compartir también la vida y los bienes, de cargar con los pesos de los otros, de ser hospitalarios y acogedores.

      La solemnidad del Cuerpo y Sangre del Señor nos vuelve a proponer también el valor de la adoración eucarística. El Siervo de Dios Pablo VI recordaba que la Iglesia católica profesa el culto de la Eucaristía cito «no sólo durante la Misa, sino también fuera de su celebración, conservando con la máxima diligencia las hostias consagradas, presentándolas a la solemne veneración de los fieles cristianos, llevándolas en procesión con gozo de la multitud cristiana» (Enc. Mysterium fidei, 57). La oración de adoración se puede cumplir ya sea personalmente, permaneciendo en recogimiento ante el tabernáculo, o de forma comunitaria, también con salmos y cantos, pero siempre privilegiando el silencio, para escuchar interiormente al Señor vivo y presente en el Sacramento.
       La Virgen María es maestra también de esta oración, porque nadie mejor que ella ha sabido contemplar a Jesús con una mirada de fe y acoger en el corazón las intimas resonancias de su presencia humana y divina. Que por su intercesión se difunda y crezca en cada comunidad eclesial una autentica y profunda fe en el Misterio eucarístico.
Fuente: 
(Publicado con el permiso de San Pablo y Ecclesia Digital)

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