jueves, 8 de marzo de 2012

Domingo 2° de Cuaresma Ciclo B 4-03-12


PRIMERA LECTURA
Gn 22, 1-2. 9-13. 15-18

Lectura del libro del Génesis.

Dios puso a prueba a Abraham. "¡Abraham!", le dijo. Él respondió: "Aquí estoy". Entonces Dios le siguió diciendo: "Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré". Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: "¡Abraham, Abraham!". "Aquí estoy", respondió él. Y el Ángel le dijo: "No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único". Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: "Juro por mí mismo ?oráculo del Señor?: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz".

Palabra de Dios.

SALMO
Sal 115, 10. 15-19

Caminaré en presencia del Señor.

Tenía confianza, incluso cuando dije: "¡Qué grande es mi desgracia!". ¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! R.
Yo, Señor, soy tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. R.
Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo, en los atrios de la Casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. R.

SEGUNDA LECTURA
Rom 8, 31-34

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? "Dios es el que justifica. ¿Quién se atreverá a condenarlos?". ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Mc 9, 2-10

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: "Éste es mi Hijo muy querido, escúchenlo". De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría "resucitar de entre los muertos".
 
Palabra del Señor.

Alocución de S.S. Benedicto XVI. Angelus 4-3-12

      Jesús es luz interior capaz de protegerlos de las tinieblas interiores” dijo el Papa, el domingo del Evangelio de la Transfiguración del Señor, en su reflexión previa a la oración mariana del Ángelus, que rezó desde la ventana de su estudio con la multitud de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

       Después de invitarnos a seguir a Jesús en el desierto –expresó Benedicto, el itinerario cuaresmal nos propone subir con él “al monte de la oración”, para contemplar en su rostro humano la luz de Dios. Este misterio no se puede separar del camino que recorre Jesús, que “para alcanzar la resurrección, debe pasar a través de la pasión y de la muerte en Cruz”. Por eso lleva consigo a tres de los suyos para hacerles ver su gloria divina, esplendor de la Verdad y del Amor. “Jesús quiere que esta luz ilumine sus corazones cuando atraviesen la oscuridad total de su pasión y muerte; cuando el escándalo de la cruz sea para ellos insoportable” expresó el Obispo de Roma. “Después de este suceso, él será para ellos la luz interior, capaz de protegerlos de los asaltos de las tinieblas".

       “Todos tenemos necesidad de luz interior para superar las pruebas de la vida -dijo- Subamos con Jesús al monte de la oración, y contemplando su rostro lleno de amor y de verdad, dejémonos colmar interiormente de su luz”

 Fuente: 
 

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